el síndrome de Ulises



Siempre es gratificante descubrir un nuevo poeta. Alguien que nos alcanza a emocionar aún, cuando los bárbaros en el asedio ya están tomando nuestras murallas.  Alguien que, de repente, cuando uno ya lo cree todo perdido, aparece en una vieja (o flamante) Antología, inesperadamente, y cambia o "salva" tu vida para siempre, o aparece si no en una Revista literaria de ésas que se publican por doquier y que nadie lee (creo que sólo la leen los que publican en ella, y aun de entre éstos además cada uno lee únicamente sus propios versos, en fin...).

Pero lo que uno nunca se imaginaría, ni por lo más remoto del mundo, es que iba a descubrir a un buen poeta (y además navarro) en una Revista de información sindical. Sí, habéis oído bien, amigos, en una Revista publicada para gloria y propaganda de un sindicato, y que yo suelo recibir religiosamente en el buzón de casa cada cierto tiempo. 

Pues bien, en la única página que acostumbro a leer de esa publicación (la página cultural, que dirige por cierto mi amigo Martín Zabalza) apareció un buen día un poeta local al que yo no conocía y que me deslumbró: Inaxio Goldaracena. Si poeta es una persona dotada de una fuerte esencia, estamos ante el caso, sin duda. Pues cuánto de gracia valerosa en sus versos...

La conexión con Inaxio fue inmediata. Estas cosas suceden así. Y no deja de ser extraño que yo conecte al instante con un poeta navarro. Me atrevería a decir que salvo en un par o tres de ocasiones muy concretas, nunca me había ocurrido. Como dice un amigo, por aquí hay mucha "fabada de putxero" (demasiada) y pocos, muy pocos Kilates.

Pero Inaxio Goldaracena sabe muy bien de lo que habla cuando escribe poesía. Sabe describir su alma de poeta con sobria intensidad. La obsidiana del río Pasión está en sus versos. Aunque sólo le he leído un par de poemas, a este hombre ya le veo venir. Por todos los dioses que es así, que le veo venir. A veces basta simplemente con eso, una pequeña muestra, uno o dos poemas, nada más -no hace falta leerse un libro entero-, para ver claro por dónde van a ir los tiros, para conectar en los espacios sacros de la Poesía,  para saber de inmediato que hablamos el mismo idioma. Un idioma universal.

***



Idioma universal.


Hablas una lengua extranjera
              que no conozco
              que no ubico su acento
              ni le hallo equivalencia
un parloteo incomprensible
que se desprende de tus párpados
       como el polvo de los molinos
       o los segundos en otoño
mientras me observas por igual
sin ver en mí al compadre
sino sólo a la persona
que traduce tus lágrimas
por dos tímidas exclamaciones

Siempre en silencio
disparando enigmas contra el gentío
                          en alborotado ademán
conmoviendo tu verbo
el pulso sincero de quien te mira
               del que te abre la puerta
y funde el gesto en sus huesos
             al descifrar tu mensaje

Y escucho esa mudez por tu boca
alcanzar significado fuera de la enciclopedia
en el extremo último del diccionario
donde la fonética no halla lectura
ni el léxico sustancia su esencia
donde la semántica queda
                                               huérfana de relieve

Sin embargo
   en tu amargura se identifica mi tacto
   sin conjunciones ni adverbios 
y por tu piel se infiltra la mía
   trasfiriendo su dolor con el roce
y las palabras lloran sílabas
   que arrastran tus labios por una caricia
y el síndrome de Ulises se averigua
   en tu atlas de anatomía
porque el idioma universal de los gestos
   es tan sencillo
                             como humano.


 ***
 

Sobre despedidas. 
 El recuerdo será la llama
que todavía ayer mordía los ojos apagados.
CÉSAR PAVESSE
Cómo recuerdo tu cara
en mi espejo
a través de la noche
                                    velada

los mismos años
idénticos inviernos

alegoría de luz
hecha tiniebla

cómo se sonrojaba
el cristal sedoso
con la leve
flexión de tus párpados

victoriosos
en la batalla de los silencios

y cómo la luz cromada
de tu cerrar de ojos
escribió
en mis sábanas
su última misiva.

 Inaxio Goldaracena
                                           
Inaxio Godaracena (Pamplona 1975), paseando sus versos por Sicilia

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