Todo al Día


Anoche andaba yo a las tantas terminando casi HOTEL UNIVERSO, el último Diario publicado (que, si no me equivoco, hace el número 11) por ese fórmula 1 de la Literatura española que es don José Luis García Martín

Él me decía el otro día que está "asombrado" conmigo, pero yo estoy más asombrado con él. No me quedan palabras para definir su vida y su obra. Toda una vida entregada a leer y a escribir. Una vida que no ha tenido otro sentido. Lo suyo podría decirse que ha sido y es (porque me parece que aún le queda mucha cuerda) un esfuerzo sobrehumano, titánico, faraónico... Y esta vez no estoy exagerando ni siendo excesivo, como se me suele achacar livianamente por mis amigos y por aquellos que ya dejaron de serlo...

Tocando todos los géneros y siendo brillante en todo, con una prosa maestra, envidiable, y una poesía serena y elegante, José Luis García Martín, el hombre odiado por tanto poetilla resentido y olvidado, el hombre con la peor prensa quizá de este país expuesta al público por tanto crítico al que hizo sombra con su buen hacer y su ingenio desorbitado, a mí me conquistó. Vaya que si me conquistó... Su inteligencia me abruma, me empequeñece su altura de vuelo. Me dan vértigo los recodos de su inteligencia.

A pesar de que podría decir, sin temor alguno a equivocarme, que su poesía y la mía no tienen nada que ver -hasta diría que son contrapuestas-, a pesar de que muchas veces sus gustos literarios y los míos son o podrían ser irreconciliables, a mí me conquistó. No sé, será que siempre he sido un amante de las causas perdidas.  O será que me acerqué a su obra con ojos limpios, con buena fe, sin esperar ni pretender nada a cambio, ningún favor rastrero... 

Sea como fuere, su obra y su persona, su forma de vivir la vida y la poesía, de encarar la mella y el paso del Tiempo, me han conquistado, y esto para mí, como yo suelo decir, no ha hecho más que empezar...

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José Luis García Martín, Nueva York, abril 2010

Hay escritores menores, pero no hay géneros menores: un buen diario vale más que cien novelas mediocres.

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Para ser poeta se necesitan pocos requisitos;: ni siquiera hace falta saber escribir. Por eso hay tantos.

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Todos tenemos la obligación de ser felices. Pero eso es más difícil de lo que parece. Hace falta valentía e inteligencia para atreverse a ser feliz.

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...los diarios que a mí me interesan (...) son literatura y no el honrado testimonio de un hijo de vecino.

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No basta con tener cosas que contar, hay que saber escribir.

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...un gusto demasiado amplio, (...) es lo más próximo a la falta de gusto.

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...el secreto de aburrir es contarlo todo. (...) la sugerencia es siempre más eficaz que la explicitud total; hay que dejar algo para la imaginación del lector.

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Las apariencias engañan: las calvas y corbatas con mucha frecuencia van a su aire; la vistosia anarquía de vaqueros rotos, pendientes y colorines con frecuencia esconde un alma uniformada.

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Lo mejor de cumplir años es que aprende uno a resistir la obligación de divertirse y la necesidad de probarlo todo...

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Por muy poco que uno escriba, para los amigos siempre escribe demasiado. "¡Otro libro! -me dicen con cierto enfado cuando se enteran de que he publicado algo- ¡Es que no paras!" La verdad es que soy el más profesional de los escritores no profesionales.

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La sensación de que el mundo es una fiesta a la que nunca seré invitado.

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A los poetas sólo los leen los poetas, se dice. Lo dudo. Para eso tendrían antes que aprender a leer.

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 Todas las historias que de verdad nos conmueven cuentan nuestra propia historia.

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Los poetas no se salvan por estar en esta o en aquella antología, sino al revés: son los poetas los que salvan a las antologías.

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Los dos problemas del escritor: no tener ideas o tener demasiadas.

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...no se debe volver a las lecturas que nos hicieron felices alguna vez, sobre todo si eso ocurrió hace más de treinta años.

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...le suele ocurrir a quienes hablan muchas lenguas: luego no saben escribir en ninguna.

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Hay también un arte del halago. (...) Quien sabe halagar, contiene los elogios. Cuando le llegan a los labios, los retiene, y se nota que los retiene. Halaga con sus acciones, no con sus palabras.

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El azar distribuye los papeles. A unos les toca ser protagonistas, a otros actores de reparto. Pero no hay que confundir ser protagonista con ser un gran actor, ni desempeñar un papel secundario con ser un actor de segunda.

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...los malos escritores (...) siempre son los que más gustan de disfrazarse de escritores.

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Se presenta en el Club de Prensa una antología de poetas (...). LLeno a rebosar, según esa regla que nunca falla: la cantidad de público es inversamente proporcional a la calidad del libro.

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No hay nada que resulte más humillante que tener que hacer de agente publicitario de mí mismo.

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...yo sólo siento que no he perdido del todo el tiempo el día en que he escrito un poema.

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...este diario. No sé yo qué gracia tendría si no pusiera un poco en ridículo a los amigos que pasan por sus páginas. En cualquier caso, espero que sólo se enfaden los necios. Y de eso creo que no hay entre mis amigos.

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Es difícil reconocer talento literario a un escritor que no nos lo reconoce a nosotros.
(...) Lo más difícil: ser conocido, leído, admirado, y conseguir que no manche nuestro curriculum ningún premio.
Una vez conocí a un escritor que compró el libro de un amigo (pero luego se lo reprochó durante toda la vida).
La falsa modestia es risible, pero la modestia auténtica es ofensiva.

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...es más fácil discrepar de lo que otros dicen que hablar con inteligencia de los poemas que nos interesan.

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...siempre me ha sorprendido el crédito que algunos, aunque sea para denostarme, dan a mis opiniones de lector. Si no están de acuerdo, basta con no tenerlas en cuenta. 
(...) ¿Por qué tendrán que ver tan poco con la literatura quienes habitualmente se ocupan de la literatura?

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...detesto las novelas en general, y las novelas de los amigos, que uno no tiene más remedio que leer y elogiar por compromiso, en particular.

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Para que un  libro salga adelante en el mercado lo importante no es que sea un buen libro, sino que cuente con una buena promoción.
(...) Editar un libro es algo más que imprimir un libro. De los libros de las grandes editoriales se hablan más no porque sean mejores libros -que a veces lo son-, sino porque son mejores editoriales. El buen libro, para llegar de verdad a los lectores, necesita del buen editor.

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El buen poema es el que no nos suena a nuevo en la primera lectura, pero sí en cada nueva relectura. 
(...) nos habla siempre de algo que conocemos demasiado bien como si no hubiéramos oído hablar de ello en la vida.

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Resulta curiosa mi relación con la poesía. Cada vez estoy menos seguro de lo que hago y cada vez estoy más seguro de que esa es mi ocupación principal. Cuando no escribo poemas (...) es como si no hiciera nada, como si me dedicara a perder el tiempo...

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La verdad es que la modestia, falsa o no, siempre resulta muy desagradable: obliga a quien te escucha al elogio reiterado. Es más cortés la vanidad, desde luego.

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Hay poetas que hoy nos hablan en una lengua muerta, pero cuando ellos escribían era una lengua viva.
(...) Yo ya he aprendido a no quejarme. Basta un lector para no haber escrito en vano.

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Parece que a las pequeñas y malas librerías de barrio que todos hemos padecido (...) les aterra perder el público cautivo de los libros de texto. Quieren seguir obligando a los padres de los alumnos a subvencionar su ineptitud.

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La admiración es el lubricante que impide que salten chispas del contacto entre escritores, esos ególatras que sólo se soportan cuando se necesitan. Hay algunos que saben disimular su falta de admiración. Yo no.

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Como suele ocurrir con los escritores menores, el personaje resulta más sugestivo que la obra.

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Quien habla en el poema, aunque el poema sea autobiográfico, no se confunde con la persona real, cierto. Es sólo un retrato hablado de esa persona.

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Hasta el siglo XX (hasta muy entrado el siglo XX en algunos países) se aprovechó sólo el talento del hombre, dejando reducida a la mujer a  tareas menores. Es como si la humanidad hubiera decidido caminar únicamente con un pie; ahora ya, en los países civilizados, camina con los dos. Eso hemos salido ganando. No abunda tanto el talento como para poder dejar a un lado el de media humanidad.
(...) en la antologías (...) uno incluye a los poetas que cree mejores, sin importarle sin son hombres o mujeres.

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¡Qué aburridos son los escritores cuando nos explican por qué han escrito lo que han escrito!

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¿Para qué sirve presentar un libro? Para molestar a los amigos.

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(...) Como escritor ha escogido el peor camino, el de los premios. Le han llevado a donde llevan siempre a quien no toma las adecuadas precauciones: fuera de la literatura.

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La novela. La pesadilla de la novela. ¡Habría que hacer algo para acabar con ella!
(...) lo peor (...) la tentación más grave: escribir novelas. Habría que crear un sistema de subvenciones y becas para evitarlo.

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La poesía, al menos la mía y la de los poetas que a mí más me interesan, habla de cosas de las que preferiría no hablar.

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Una frase del periódico, unos versos ajenos que vagamente recordaba, unas palabras oídas al azar eran el hilo casual que me llevaba, distraídamente, a veces pensando en otra cosa, al ovillo del poema.
Al final, siempre la misma sensación de extrañeza. De congoja, también.
(...) Soy de esos poetas que no saben lo que dicen hasta después de haberlo dicho.

TODO AL DÍA
José Luis García Martín
Llibros del Pexe, Gijón 1997

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