Regreso a Alba Longa (selección personal)




(frontispicio)


frágiles almas humanas,
permiso os pido para apagar todas las luces;

dejadme acunar el ritmo de los versos.


*

 
(quien siembra en los oídos el rumor)

Agrada decir lo que se siente
 y sentir lo que se dice. 
-Plinio-
 
ocultos palacios de hechura eterna
bellas huríes y placeres divinos,
como un inquietante extranjero
en tu propia tierra te encuentras

avisados de tu llegada están
y en las manos lanzas de doble filo
que la Muerte a caballo asalta,
encendiendo hogueras en las calles
para purificar el aire            


al más lejano confín del mundo
arrostraría una expedición


ah, funesta huida

tu corazón me espera
en Alba Longa



(el despertar del engaño)

Piérdese el alma que no tiene meta establecida;
pues estar en todo es no estar en nada.
-Michel Eyquem de Montaigne-

fortuna primigenia, exhaustas están
tus arcas, codicia y pereza empañan
el brillo, la acción de imponderables,
sus ansias; codiciosos e ignorantes en ti buscan
remedio común y pronto
para todos sus males

ah, las pavorosas dimensiones de su ignorancia,
—es menester ya no hacerla nuestra—

y ese dios aterrador sin el cual
mucho mejor se viviría
¿es que acaso hay razón para temerle
durante tanto tiempo?
sin la esperanza de obtener recompensa

feliz el hombre que se ve a sí mismo,
aquel que ha comprendido, juicioso,
que no es un mal su pérdida


 *


(los lugares de la obscuridad y el silencio)


absorto de día en negros pensamientos,
de noche insólitos sueños
me turban, frases ambiguas pronuncio
que mis magos no son capaces de interpretar

veo el viento híspido,
arrastra nuestra flota a la costa adriática

pierdo el yelmo de colmillos
brillantes de jabalí que uso en combate

con los sentidos idos
obra el veneno

mi cuerpo es enterrado por un lado
y mi corazón por otro          

la partida está ganada


no hay ya nada que fingir


 *


(el óctuple sendero)

Vencida la rebeldía de su juventud
quedaba aún la suprema rebeldía del arte,
y la poesía era el medio mágico de transformar
los hombres en dioses.
-de algún libro muy antiguo-

con fortuna cambiante asechanzas
le estaban destinadas
y con la mente limpia como la de un niño
los libros eran dulce droga,

le hacían olvidar la vida,
prender en el alma, recibir
los halagos;

si las gentes lo execraban
la vieja inquietud hacía latir más fuerte
su corazón

que nadie se adelantase a levantar el botín,
hermoso como un dios pagano,
con íntimo regusto la mirada
encendida por la llama de la victoria,

la suerte decidida,

al sol de fuego vino a parar su hueste
en Alba Longa



(vuelve con el escudo
o sobre el escudo)


nada de lo conocido presagiaba
ni crédito diera
a lo que veían sus ojos

la venida inaplazable de la vejez,
su visión vedada a los habitantes  

para qué arrogarse entonces condición
divina, y quién le impondría sus manos
para devolverle el hálito vital

cómo esquivar a la parca, sin ofrecer
paga ni gloria, sin negociar prebendas;

vuelve de Alba Longa victorioso
o muerto, que tu vida sea
río del olvido,
palimpsesto en que se pueda
borrar lo escrito
para volver a escribir la esencia
de la desmesura


*


(la vitalidad contenida)

Vivir sólo el instante,
contemplar la luna,
cantar, beber, divertirse
y dejarse llevar
-Asai Ryoi-

tanto oro deseo
como con mis manos
pueda tomar

entregado a la aventura
a mis enemigos desarmo

tengo todos los vicios, menos
el de la hipocresía
y un inmenso amor a la vida
siento;
emborrachándome así
lo satisfago

lo demás,
la Poesía del momento


*


(tú devis esser mia)


las palabras que pronuncias en este paraje
en que moran las sirenas,
oh mi bella Aspasia, no son cosa baladí;
las minas de oro de Nubia
como bienes de fortuna por ellas
te entregaría

que fuera yo quien descubriese
tu corazón como ingente botín
por ver así la manera de saciar
mis apetitos

allí abajo, los olivares
inmensos hasta el mar, esta noche mi vista
los confunde como nunca, y debería en mi partida
ingerir certero veneno que perturbare
la mente y mi muerte alargase,
para no volver jamás a ti

la que fue educada en las exigencias
más exquisitas apacigua mis instintos a esta hora
en que ya es fuego tras de mí la alegría
que este vino de Creta, viciado
sin yo saberlo, me proporciona

que misteriosos y secretos acordes, melancólicas
tonadas nos inviten a la danza, Amor,
y a todos los excesos;
que a cualquier otro menester      
hubiera querido compensarla,
pues son un cerco asfixiante sus caricias
y es como si el dios penetrara conmigo en Ella
        
y sea cual sea el momento en que se decide
la suerte del vencido, que nada lo turbe
aunque temerario fuera aventurarse a ello

pues llega la hora voluptuosa,
perfumes se queman en el aire
y tú debes de ser mía

en algún lugar está escrito



(con el pensamiento puesto por encima
de la fortuna y del mundo)


no acudiese el viajero perdido
por alguna constelación infausta
desterrado de la vida a honrar
la verdad revelada; si es que ésta yaciera
por bien de su alma, varada en la acuidad
del bosque y la ciénaga

¿desde qué alto belvedere poder disfrutar a la sazón
de la vista de la ciudad antigua?
¿y con qué razón compartir su pasada grandeza?
cuando no se conduce como un rey
sino hecho prisionero y encerrado,
cargado de cadenas

pues es durante una obscura noche cuando sigue
la dirección del sonido hasta Alba Longa,
aguas arriba del río cuando busca
consuelo a su derrota

y qué desesperado implora en coronar de flores
la tumba de Aquiles, o en un acceso de furor
haber sido cantado por Homero desea

que es ese y no otro el estímulo
de sus actos, y no ha de proceder encerrarle
en razón de su demencia; pues jura
no conservar otros tesoros
que los que entrega al vencedor
en prueba de confianza

y así y con golosa avidez,
pacificar su espíritu,
a fe, no sentirse ya atado a la tierra
por las cosas de este mundo


*


(viaje al mundo de las sombras)

Después de la muerte, el cuerpo se disuelve
 y no queda de nosotros
más que un recuerdo en quienes nos conocieron
Sun-Yat-Sen

por sus prédicas y arrogancia
se engrandeció sobremanera

avistando los límites del mundo
y las fronteras del dolor, se sentía
muy próximo a Dioniso; y hasta una noche,
sediento, un esclavo diera a cambio
de una copa de vino

¿acaso los hombres no nacen
virtuosos? se preguntaba
...y por ello idea ninguna tienen
de lo que sucede tras la muerte

ay de aquél sobre el que recaiga
la damnatio memoriae, borrándose
de los monumentos su nombre
y destruyéndose sus retratos, así sea rebajado
de inmediato al grado de impío

que la mala ventura o la retirada
del mundo se empocen en él,
y que aún diga entonces si quiere
que concedido le ha sido de pleno
el poder de la invisibilidad   


 *


(nosce te ipsum)


juro renegar de mi linaje,
olvidar a mi padre y a mi madre,           
no volver jamás a habitar
las lejanas tierras del norte

que en este extraño viaje discordias
intestinas nos concedan reposo,
y si tempestad alguna se abatiera
sobre nuestros navíos, sea conjuro efectivo
el golpear de las armas contra nuestros escudos

que antiguos dioses asistan
a aquél que alcance primero a divisar
el cielo penetrado de Alba Longa,
purificando su cuerpo otorguen
altos honores a su memoria



(quien escuchó en silencio
la velada amenaza)


desviarme hacia la ribera
más obscura, al seguir un atajo
recóndito, imbricado
a mi retorno

como un amante experto recorre el cuerpo
de su amada, luego de tornar propicias
las fuerzas y dejar bellos versos escritos
sobre antiguos amores en estelas de piedra
pergaminos y sedas

en etapas nocturnas a la luz
de las antorchas, entre largos silencios
elegir morir
vadeando un río
y que nerviosas miradas de soslayo
no me detengan

o en pos del mar y a través de tormentas
de nieve, cruzando valles y llanuras,      
cuando el eco de mi gesta haya
derrotado al olvido


 *

 
(inquietante oráculo: 
huye al fin del mundo)


era peligroso nombrar por su verdadero
nombre las cosas sacras, delito de lesa
majestad el porvenir predecir

la fuerzas del día y de la noche,
el muérdago de la inmortalidad 
gozar de sus favores

quizá no fuera premonición sino obscura
certidumbre, precariedad esencial
de la vida, lamento de quienes tenían asignado
un hado bien distinto

no amainaron por ello envidias ni críticas
y caso de que decidiese renunciar al mundo,
aquella parte de nosotros mismos
que somos incapaces de reconocer
de inmediato se rebelaría

sí, se rebelaría

ah, enfermedad incurable, destruye la belleza
y la fuerza del cuerpo, acaba con los placeres
sensuales y termina por borrar también
todos nuestros recuerdos

aparta, maléfica Morgana, lasciva
y oscura hechicera, mírame a los ojos y dime
que no fue sólo una venganza;
cuando a la estación de las lluvias
en una barca mágica fuera llevado
a la isla de Avalon

ah, río de los juramentos
inquebrantables, voz de bronce,   
veneno negro

nada se parece más a la eternidad
que el sexto día de la luna
en la noche clara de Alba Longa


*


(vinieron, asaltaron, quemaron,
mataron, saquearon y marcharon)


este teatro de sombras en que se asientan
muertes y nacimientos, nuestras iniquidades
dispuestas dentro de hornacinas, en que los placeres
son efímeros y la vida frágil 

se hace preciso conjurar su canto, desmentir tantos
malos presagios, adivinar el peligro,      
el estigma de lo impuro,
los ecos hipnóticos de su palabra           

un león herido, ese soy yo,
oh marinos de la Argo, una mala bestia
que come carne de serpiente y tiene
la edad de las Pirámides

vivir añoro a la manera dulce
y cómoda, hacer versos
y enamorarme

que mi nave encalle en los dominios
de Alba Longa,
como si una Fortuna cómplice fuese
quien me guiara



(ideal de bonneteté)


armar una galera para combatir,
invulnerable al fuego; con ella la marcha
emprender hacia poniente y que la historia sea
favorable a tus designios

hierro y bronce para armas
y en un arrebato de ira, del cuello
de tu caballo colgar la cabeza
del enemigo derrotado

o morir en combate expiando
las culpas propias

a la mujer más bella del Asia
una estatua de oro en el templo
de Venus erigirías, a su cuerpo desnudo cubierto
de joyas de oro brindarle placeres
y gloria

y ya fuera de tu serrallo,
en el regocijo de los banquetes, cuando
tu espíritu estuviese más claro, en voz alta
leer a Homero, y que esta lectura sea
placer superior para ti
y quienes te acompañen


*


(con el solo argumento del amor más puro)


sentado bajo la sombra
de esta higuera, el que así ha venido
con ofrendas de jade no ha venido
a presentar batalla, ni estatuas suyas ornaban
pedimento alguno

no se había arredrado un ápice
ante la costosa y temible
travesía, franquear el desfiladero
hasta Alba Longa

que ujieres de corte tuvieran
el encargo de su custodia
y porque fuera tenido en la mayor estima
el amor por Ella entró en su cuerpo

fuera como fuese
así se han descrito los hechos



(una sociabilidad refinada)


sabe ser, cuando se quiere,
perfecto cortesano

la ciencia de los libros o la ciencia
de la vida, qué más da,
oh llaga del mundo,
inmenso escenario

has de ser como aquél que desterrado
por amor, plañéndose de su soledad,
se pierde entre la gente
que bebe y baila

y que brille por siempre en ti el espíritu
de la vieja alegría


 *


(la pared del Parnaso)

Aquí me encuentro en esta edad que sabes,
no soy ni joven ni viejo.
-Mario Luzi-.

ríos que arrastran oro
pese a la incuria del tiempo;
donde a los cadáveres se les entierra
con una perla en la boca

y sólo poder llegar a tu casa
con tiempo para morir en ella

oh, acallar en el corazón del viajero
los sentimientos más hondos,
volver el semblante y saberse
entre ubicuas miradas,
y ante su pertinacia y disputa
un sendero abrir en la maleza
donde todo es veladura

que agüeros y nigromantes lo adivinaran
pues hasta el corazón más frío
tendría compasión

dejar que el tiempo trajese el olvido,
vencer fronteras y baluartes,
alanceando al enemigo, donde
más allá de su reciura, hubiere paz

al amanecer
ver ondear tus pendones
a las puertas de Alba Longa

  Lo que os he contado
no es siquiera la mitad
de lo que yo he visto
 
-Marco Polo, últimas palabras-
 
 
 
 

REGRESO A ALBA LONGA
Alfredo Rodríguez
ed. Vitrubio, Madrid 2008
 

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