Mujeres de Cartago II


Hela aquí una nueva y flamante entrega de mis queridas, amadas, MUJERES DE CÁRTAGO, las únicas que acaso saben mantener en tensión el alma de este lector inoxidable, infatigable. Su palabra poética es para mí una forma de despertar, una forma de resurrección a la poesía femenina. Esa emoción sincera que despiertan y que conduce a la conmoción de aquél que se halla gozando una noche de sus versos. Porque me gusta la poesía escrita por mujer valiente, porque sería capaz de amar a una mujer así, de entregarme a ella en la madrugada...


LA BACANTE

   Allí, escondida en las habitaciones.
Ah, conozco sus gestos antiguos
la belleza de los muebles
el perfume que flota en su sofá
y su ira
que despedaza algunas porcelanas.
Husmea las flores encarnadas
las estruja nerviosamente
-esa belleza la provoca-
las rasga las lanza lejos
caen los doseles sobre el lecho
se pasea febril por las habitaciones
está desnuda y nada la sacia
abre cajones sin sentido
enciende el fuego en la chimenea
regaña a las criadas
y al fin temible, con el hocico temblando,
se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo.


*

DIÁSPORA


Con la túnica larga
que le compraste a un marroquí en Rabat
y ese aire dulce e impaciente
que arrastras por la plaza
las sandalias sobre el polvo
el pelo largo
bajo la túnica nada
si se puede llamar nada a tu cuerpo
quemado por los soles de Rabat
más la pasión que despertaste en un negro en las calles de Cadaqués
que no son calles
sino caminos de piedra
y olímpica te sentaste en el bar hippie
rodeada de tus amigos de túnicas y pelos largos
a beber oporto y fumar hashis
ah que melena te llovía sobre los hombros esa tarde en Cadaqués
con aquellas ropas que desafiaban las normas
pero eran otras normas
las normas de la diferenciación
de acuerdo
cambiemos un burgués por otro
ah qué túnica arrastrabas sobre las piedras
peregrinación como aquella
solamente Jesucristo la emprendiera
Nada tenía que hacer en Cadaqués más que mirarte a los ojos
mientras tú viajabas en hashis en camellos casi blancos de largas pestañas
que acariciaban como los ojos de una doncella
sé que te gustaban las mujeres
casi tanto como los negros
casi tanto como los indios
casi tanto como te gustaban las canciones de Bárbara
yo no tenía nada que hacer en Cadaqués
más que seguirte la pista
como un perro entrenado
buscarte
calles empinadas
casas blancas
el sol del Mediterráneo
viejo sol
cálido sol
ah no me mires así
te perdí en Rabat
te busqué en lancha
pequeño Cadaqués
las niñas pálidas que fuman hashis y pasean en camellos de largas pestañas
en el maldito bar de hippies
no me dejaron entrar
juré que no tenía cuenta bancaria
es cierto
¿Cómo explicarles el azar?
No tengo auto
no tengo televisor
no tengo acciones ni crédito bancario
por casualidad
el viento me trajo a Cadaqués
estoy buscando a la niña de la túnica larga
la que se pasea por las calles
como Jesucristo
y va dejando atrás
negros borrachos
amigos muertos
y un roce de sandalias
Tus amigos
no me dejaron entrar en la boîte 
el agua había caído toda la tarde
me preocupé por tu pelo
tu cabello mojado
hay que ser cuidadoso
me desvelo por ti
el campanario dio otro cuarto
¿estaría escondida en el confesionario?
Ah Bárbara
no me mortifiques
deja a esa niña en paz
quiero verla caminar por Cadaqués
y tener un estremecimiento de címbalo
vibrar en el aire
como el agudo de un vaso
Ah Mediterráneo
suelta esa niña
déjala bogar en mi memoria
su fascinación de túnica pálida
el silencio que envuelve su paseo por las plazas
la fricción de sus sandalias
suavemente sobre el polvo
convienen más a mi memoria
que a tu historial de aguas
En Cadaqués un pájaro negro se paseaba
tan negro como un cuervo
tan gris como el reflejo del Mediterráneo en las ventanas
aquella tarde que llovía en Cadaqués
y con paso ligero pero digno
con velocidad y nobleza
-sin dejar caer los tules ni los chales-
como reinas que huyen majestuosamente
las lanchas volvían de sus citas
el amarradero de la playa
Y mientras te buscaba
observé que el famoso altar de la iglesia
era un poco recargado
un problema de formas excesivamente hinchadas
un embarazo eterno
algo difícil de largar
Demasiado oro para mí
mientras sólo dos viejas comulgaban 
y una pareja de hippies observaba la ceremonia
con delectación no exenta de ironía
-una cultura de rituales-
y maldito sea
¿es que no se te había ocurrido refugiarte en la iglesia
en el altar mayor recargado de oro y púrpura
esa tarde que llovía en Cadaqués,
protegiéndote de la tramontana?
De modo que salí
justo a tiempo para escuchar que desde un lugar
salía una música
salía una música
que te juro no era Bárbara cantando Á peine
una música y un cantor que venían de lejos
de un país que tú no conocías y era mi país
el país abandonado en diáspora
el país ocupado por el ejército nacional
una música y un cantor que yo había escuchado en mi infancia
que no fue una dorada infancia en Cadaqués con paseos en bote
-Marcel Proust-
y pesca submarina
y Bárbara ya no perseguía a la niña de túnica larga
y tuve frío por primera vez en Cadaqués
y cuando alguien me habló en francés
le contesté hijo de puta
y cuando vi a dos hippies abrazados les grité hijos de puta
y cuando una holandesa me preguntó algo mostrándome un mapita en su delicada mano
le dije hija de puta
y ya no estabas en Cadaqués,
lo juro,
todas las túnicas eran túnicas sucias
y nadie usaba sandalias
y me son indiferentes todas las mujeres
todas las tierras
todos los mares,
Mediterráneo, poca cosa,
Cadaqués, piedra sobre piedra,
tú,
nada más que una niña viciosa.

CRISTINA PERI ROSSI, 
(Montevideo 1941)



*** 
 De VIVIR

El banquete que os propongo es para el día de mi muerte
y responde al amor que yo siento y deseo:
pido que se me coma,
que mi ser en no ser no se mude
sino en puro alimento;
comunión canibal suplico,
génesis en el otro.

Nadie quiere comerme,
enferma estoy de amor.


 *

NOTA II
sobre unos versos que nacieron 
espontáneos

A veces el poema es el objeto o don
y con más evidencia
pone de manifiesto ese propósito:
dar luz a una palabra
sin quitarle su magia
o ser depositario
de una visión o de un sentir
que toma cuerpo
en sílabas contadas.

*
De EROS

Estuve con un joven
y supe al fin lo que era
el violento arrebato, la agilidad vibrátil,
cavidades melosas en la carnosa pulpa
suavemente entreabierta
hasta el linde dehiscente,
el perfecto engranaje,
la densidad precisa de jugos derramados,
la inclinación debida,
la posición exacta,
y la sabiduría del mutismo,
la belleza de un glande.

CLARA JANÉS 
(Barcelona, 1940)


*

EL ÁTICO
 «Triste est omne post coitum, præter mulierum gallumque».
GALENO DE PÉRGAMO (131 d.c. – 201 d.c.)

Bajo la inclinada ternura de esta caverna en el cielo de Gran Vía,
donde te doy mi cuerpo envuelto en las muchas tierras que nunca pisé.
Tan silencioso y tan exánime tu rostro; quedo, vencido..,
arrebujado entre horas nacientes, tras las que tres veces me negarás,
yo busco aún los despojos de aquella furia cálida e inextinguible
que antaño no reparaba en las vilezas del mundo.

Porque múltiple y lenta es la forma de la muerte lúbrica,
quisiera antes, borrar por un instante la condena a serte infiel,
desterrar este ansia imparable de Fedra nueva, obscena,
que mece arrayán en los ocultos pliegues de su hambrienta piel.

Y si el insólito gallo -que juro: habita las azoteas de Madrid-,
no golpea las pausas de tu sueño y marcho penitente, desarmada;
acúsame en tus poemas de haberte deseado vivamente,
de rozar la demencia entre el goce y el desatino.
Distíngueme en tus versos como la Dafne inversa y rebelde,
que teniendo a donde huir, siguió cantando su vida,
para que tú tuvieras laureles con los que cubrirte.
O admite, si crees que así se resarce la verdad,
que más que amantes atronando nocturnidad y alevosía,
hemos sido esos insospechados desconocidos,
merodeando, el uno por la pléyade sagrada del éxito,
y la otra, por la agria gangrena de un amor en ruinas.


*

EL PÓQUER Y TÚ

“Ese plano transparente entre el caos y tus ojos…”
 Mario Romero

Te vi  entrar en aquel garito de paredes húmedas
traspasando la noche con jadeo de fugitivo,
con esos ojos tuyos, achinados por el torbellino de la tiniebla.
Y te seguí hasta la oscura abundancia de whiskys sin tregua,
como sólo lo saben hacer las hetairas de barra improvisada,
zafada por pinturas de guerra, émula y febril.

Me miraste de soslayo, a través de las rotas vidrieras,
precipitándote hacia el indicio de nuestra corta distancia.
Y diluiste la avidez con un primer trago largo,
mientras yo me acercaba, tentándote suave como el peligro.

 “I have nothing” en la voz de la Simone arropaba agonías,
que en otro lugar jamás hubiésemos confesado.
 Y me invitaste a renegar del mercadeo del placer,
confundiendo mi deseo con negocio y tus ganas con vicio,
para ir a refugiarnos a la fácil guarida del Averno.

 El reservado potenció nuestros olores hasta el dolor
e hizo que masticásemos cada hora de la madrugada.
 Exhausta juré por Psique y Eros no revelar
que la mujer excesiva de eternos goces no te era ajena,
y esculpí sobre tu cuerpo, sin dejar sitio a las sombras,
 todos  los instintos proscritos del espacio y el tiempo.

Desprendiste la trágica alegría líquida de tu cincel
sobre mis lubricidades incandescentes, plenas de besos,
 por la feroz argucia de una hembra saciada, muerta en vida,
que ante ti se mostraba como una Eva sabedora de su engaño.

Cubriste mi esbeltez sorprendida, con la perspicacia que detentas.
 Y tras un intervalo interminable en que volví a recordarte,
en medio de gemidos panteísticos y pupilas plenas de agua,
regresaste para dejar sobre mi vientre el tributo postergado:
 póquer de damas y escalera de color en juego rápido.
Tendida sobre la calidez cómplice del caos de tus ojos
supe que la próxima vez, no lograríamos silenciar los paroxismos

*



GENUFLEXIÓN

"Si, al final,
has de ser a despecho de tu carne radiante
y de todo el deseo con que te he coronado
espléndido despojo que posea la muerte…"
Josefa Parra
Reniega amante de la razón,
de la ética y el infinito como patria,
de la condena a ser libre.

Nos absorben,
están ya ahí, se presienten,
los vacíos insensatos, elípticos,
con los que el deseo derrumba las creencias.
Se olvidan las promesas, las rutas, las esferas del pasado.
                                                           Todo se estremece.

Penetra en la cimbra que altiva te brindo,
en esta efusión imprevista
con la que tu conciencia nombra al engaño.
Deslízate por las desvaídas neblinas
que atentas se insinúan entre escalinatas.
Atisba −aun con la medida del miedo−,
la ofrenda acuñada en lujuria, repujada en rubor,
que ciega todas las noches que nos debemos.
Sacrifica, devoto, la mansedumbre del perdido,
la desolada vocación del repudiado por su fe.
Transita por las sulfurosas parábolas del Tártaro,
por entre las fragosas candelas de lo inevitable,
sintiendo como la humedad de tu cielo roto me bendice.
Profana el juramento imposible del amor eterno
y genuflexo, ante el altar libídine, conviérteme en diosa.

FÁTIMA FRUTOS, 
(San Sebastián, 1972)
Fátima Frutos, encadenada a la Poesía

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