La Vida está en la Sangre



Más de una vez lo he dicho y no me importa repetirlo una vez más. En Navarra, en poesía, hemos tenido –hemos sufrido- un vacío histórico. No hay nombres relevantes en la materia, no hay referentes claros (ni obscuros), estamos solos, con todo el camino por delante, todo el trabajo aún por hacer. Porque la poesía es un trabajo, por supuesto. Que no nos quepa nunca la menor duda de ello. Un trabajo muy duro. 

La generación de poetas navarros actuales, me refiero a los que estamos escribiendo y publicando en estos últimos diez o, a lo sumo, quince años, estamos llamados a llenar ese hueco, a ocupar ese vacío. Por derecho propio. Por necesidad. O ahora o  nunca.

Sí, ya lo he dicho más de una vez. Lo dije hasta en una entrevista en el Diario de Navarra -que encima y para más inri salió en domingo-, y no gustó. Sé que no gustó nada. Pero, quién se ha creído éste que es... -pensó más de uno. 
El caso es que alguien tenía que decirlo. A cuento de ello, tiempo después, tras un acto de presentación de un libro de un poeta amigo, alguien se me acercó y me dijo  –a la cara, como a mí me gusta que me digan las cosas-, me reprochó:

-Sí, vamos, que la poesía sois tú y tus amigos, ¿no?

Bueno, estaba en su derecho de pensarlo así. Yo le respondí, inmediatamente, que me dijera, si sabía, que me diera algún nombre de algún poeta que mereciera la pena en Navarra, anterior a los últimos diez años del siglo XX. Y calló, claro. Tuvo que callarse. Porque la historia de la poesía navarra ha sido y es un erial, un desierto yermo, una tierra baldía.

Afortunadamente en la actualidad y desde hace ya unos cuantos de años eso ha cambiado para bien. No creo equivocarme mucho si digo que estamos asistiendo a una edad de oro de la poesía navarra. Sí, ya sé que es muy difícil reconocer que alguien de tu ciudad, de tu tierra, encima contemporáneo a ti, es bueno, tiene talento, tiene mucha calidad literaria: eso supone ipso facto reconocer implícitamente que lo de uno es peor, claro. Que la poesía de uno es menor. Y eso no lo va a reconocer nunca nadie.

Pero bueno, el Tiempo es implacable, amigos. El Tiempo dirá quién vale y quién no, quién era poeta de verdad y quién hacía el más absoluto ridículo.

A la cabeza de esa generación dorada de la poesía navarra actual hay un nombre muy claro, nítido. Un nombre de un poeta subido a la palestra por mérito propio de su buen hacer poético desde hace ya unos años. Un hombre, un poeta navarro, tocado por la varita mágica del talento, por un lado, y entregado, noche y día, a la labor y al oficio como un verdadero orfebre de los versos, por el otro. Es Javier Asiáin.

He tenido el honor en estos días de ser la primera persona que tomaba entre sus manos y leía a fondo su nuevo libro, su último poemario, UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS.

Javier Asiáin en cada nuevo libro que publica nos va dejando, poco a poco, al fino trazo de sus versos, ver su verdad, otearla, nos la va “revelando”; cada nuevo poemario suyo es un dejar ver una cara pulida más del Diamante que esconde. Ese diamante que esconde, a veces con tintes visionarios, su Destino como poeta. Su alto destino.

UCI, una nueva vuelta de tuerca más y a empezar de cero otra vez. Que esto es Poesía, que ha de ser así. Que sí. Que no hay que marear la perdiz, sino asaltarla por el cuello y estrujárselo sin piedad, como hace Javier en los versos tan arriesgados y sangrientos de este nuevo libro. Como acostumbra a hacer Javier con sus versos. Lenguas de Fuego.

Ahí viene ese maravilloso principio. Arrebatadora claúsula de deseo y de amor. Pura poesía emocionante y lujuriosa:

Cómo cuaja la carne y se aviene
cuando me besas
convocando el mundo en tu cintura exhausta
despertando la rebelión de tus manos detenidas 
como aves encinta
(…)
Igual que una hembra recién nacida
desatando instintos
Desatando instintos


Versos muy bien dichos, con un decir sabio, muy alto y muy hondo, en el sentido más primitivo de la palabra:


Me has colmado mujer
me has colmado igual que a un Dios hambriento
(…)
Cómo cuaja la carne mujer mientras revela
así               tan sin palabras
las secretas galerías en donde nace
el Monte extenuado de Venus
Lasciva selva primigenia


Continúa la alta temperatura poética, sigue arriba. Terraza invencible a la sed del Poeta:


Como los enfermos del corazón
dependo de tus latidos
para aferrarme al mundo
(…)
Necesito de tu músculo
para seguir viviendo

Esta poesía de la sangre y las vísceras. Esplendorosa. Vestíbulo del alma a cielo abierto:

Penetrando hasta lo hondo
del sentir más firme

Quemazón que asola el ansia
y la sacude
  
(…)
espero tu dolor
como una herencia

El trozo de carne viva y palpitante de la poesía de Javier Asiáin, como en una experiencia mística:

Lento el fluir de este plasma sinuoso
que segrega las miserias de ser hombre
(…)
Lento
muy lento
el fluir aciago que detiene su médano en tus cauces


Sigue la poesía sanguínea, sanguinolenta, que lo pone todo perdido. Como un extraño pedazo de carne animal. Inequívoco presagio:

Todo poema vierte a la sangre
lo que la sangre al poema


Poesía excesiva, poesía feliz del Exceso, en la que yo me hallo y que con cálida emoción comparto. Es con la que más disfruto como lector y me enaltezco:

Amar hasta el extremo
es desprenderse


La originalidad temática más insolente, el tono casi violento, la sacudida otra vez de la poesía de Javier Asiáin, poesía sin paliativos. Como un amante airado.

En el poema que lleva por título LAS VERDADES DE J. GIL DE BIEDMA, Javier hace suyo y le da la vuelta, en una variación sorprendente, al famoso poema de Gil de Biedma, NO VOLVERÉ A SER JOVEN, llevándolo a su terreno, a su límite exacto: ese territorio del amor traspasado, la poesía al límite, en el borde de la palabra, en su último resquicio interminable.

Poesía arrebatadora la de este libro, sí señor, agotadora, que le va mellando a uno en su lectura atónita, le va mermando las fuerzas y la vista, con altas dosis impunes de pasión, de emoción y sensualidad. Poesía antropofágica, casi. Un poco más allá, al otro lado, está ya la vesania, la locura de amar. El territorio prohibido. La desmesura en la emoción poética que nos deja exhaustos.

Poesía para un amor sin medida. Relicario de oro. Poesía sangrienta en que nos llega a decir el poeta:

La vida está en la sangre

La poesía transcendida, y su alto Destino. El límite de la experiencia artística, de la pura experiencia creadora. Y su Verdad. La verdad de Javier Asiáin. Traspasado el Sueño, por el Canto de este poeta navarro:


…la tentación de emborronarlo todo
…el ansia animal de dejarlo escrito


No un amor lírico, sino un Amor Épico. Distinto. Un viaje espiritual en busca de su amada:


y esperar la hora del naufragio
y la victoria
como un corazón invadido



Versos de Altura. Implacables y devastadores, como el olvido:


Tumor del tiempo enlutando la sangre

Mas cuando tu brillo traspasa
sobre tanto destierro
el cielo que fue turbio
deviene en resplandor
como si nunca más fuese


Poesía del amor épico, no lirico, otra vez. El declive lento, pero irremisible, del Amor y sus gloriosos días:


y sentirse bajo el asedio
como ejército inmune
hacia la muerte


El amor llevado al límite, in extremis, de la Vida. Sólo al Poeta le está otorgado ese Amor, condescendido, sólo él podrá disfrutarlo. Al resto parece estarnos vedado.

Un amor que tiene, en paradoja, como fiel aliado al Tiempo, contra todo pronóstico de debilidad humana. Porque sólo el Poeta tiene la fortaleza suficiente para resistir ese cruel embate del Tiempo y salir en ello victorioso.


El tiempo
ha vertido ya en mi alma
un fluido inexpugnable
y no he hallado en el asedio
antídoto mejor que la ternura:
gotero abierto entre tus manos
hacia una sonda inagotable


Un amor hiperbólico y flagrante que raya la locura. Amor o Muerte. Esa es la consigna. El envés de la moneda de Javier Asiáin.


Cuando el mundo acabe
yo aún procuraré de ti
lo que en mí no habrá muerto



UCI es un libro del Amor antiguo, como un libro de Horas único, paralelo a la vida del Poeta, de donde bebe como las danaides:

Entra para siempre
hasta su cámara ciega


Un amor extraño y desconocido en el que

La utopía reside
en la ausencia del dolor


La metapoesía puesta al servicio del que escribe y ama. Sólo él Sabe. Conoce. Nadie más que él está en lo cierto. Porque, como poeta, tiene la llave de oro del conocimiento. Así, es este amor que siente y padece Javier Asiáin

…química de la química

En el que al fin,

No hay mayor autoestima que quererte…

Y esos versos magníficos, lumínicos, diabólicamente maravillosos, brillantes topacios, en una borrachera del Exceso. Condena del amor:


No los quiero
Para qué si sin ti nada valen
Te los dono en vida
Ojos
      cerebro
                    pulmones
                                     corazón
Todo a un tiempo




Refinamiento, la mirada de despego de sí mismo. La espiritualidad en su Ars Poetica particular. Metapoesía estimulante y plácida del amor mundano:


Regreso al fin a los poemas
para reparar en la memoria
la oquedad de tu abandono
  

JAVIER ASIÁIN
UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS
Premio Creación Literaria 2009
Gobierno de Navarra, 2010

Javier Asiáin, Pamplona 1970

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