Ensayo de una Despedida

 
Es Francisco Brines, sin duda, uno de los últimos grandes maestros vivos de la poesía mediterránea y europea.

Yo tuve el placer de conocerle en persona hace unos años en San Pedro del Pinatar, una preciosa localidad del Mediterráneo más auténtico. Hablamos durante largo rato de poesía, yo acababa de terminar de leer -por insistencia de mi maestro Álvarez- su poesía completa editada por Tusquets, ENSAYO DE UNA DESPEDIDA, que me había "golpeado", me había dejado totalmente k.o, y aproveché para preguntarle y comentarle varias cosas, entre ellas cómo me había encantado particularmente la dedicatoria del libro: "A mis padres, vivir fue amar" (tanto me gustó que hasta se la he robado para mi próximo libro, que sale en breve, en fin, como bien dice Álvarez, las cosas están ahí para cogerlas...). El caso es que a él le gustó esa observación mía y me estuvo hablando largo y tendido de la vida de sus padres, emocionado, de cómo se amaron profundamente durante toda la vida, de cómo él nunca les oyó discutir, nunca hubo ninguna palabra más alta que otra, cómo todo había sido siempre entre ellos amor, unidad y armonía. Yo le escuchaba muy atento, en aquella mañana soleada y primaveral, paseando por el puerto y luego por las salinas de San Pedro; sabía que aquella conversación iba a ser quizá la última, era, por ello, algo "histórico" para mí, algo para saborear luego en el recuerdo.

Francisco Brines es ya un poeta clásico -y aún vivo- entre nosotros. Cómo no amar esa elegancia suya, antigua, esa altura de vuelo de su poesía, no igualada. Una poesía elegíaca en la que el yo lírico, el sujeto protagonista que habla en los poemas, siempre parece estar despidiéndose.
Sí, es cierto; no sé por qué parece en todos sus poemarios cómo si esos versos fueran a ser lo último que él escribiera, lo último con lo que nos obsequiara, como si el poeta estuviera despidiéndose siempre de nosotros en cada página escrita. 

Su magisterio es insalvable, inmarcesible. Siempre con el anciano Mar Mediterráneo como telón de fondo, y esa sempiterna casa, entre los campos de olivos y cerca del mar, en la que un hombre vive solo, en una casa vacía, y espera la muerte. Un hombre que ha vivido toda la vida pensando que ésta iba a ser eterna, hasta que se da cuenta de que todo era un engaño.

Recojo aquí algunos de esos versos y momentos que a mí más me sobrecogieron en su día, que yo más he amado:




                                        ...sabe
  que una mirada allí es como un beso.

*

tu don deja en su vientre...

*

   El destino del hombre es ese grano diminuto de arena
que el viento arrastra ciego

*

   El hombre es esto:
alguien que, sin amor a un niño,
lo eleva a los altares
para crear la fe;
y luego, arrodillado, gime.
El hombre es esta carne marchita y negra,
una débil razón 
y un sentimiento frágil.
Si existe Dios asumirá el fracaso.


*

que sólo la verdad
me habitaría siempre

*

Su recuerdo no lo salva el amor;
lejanos, sin dolor, se salvan sólo
porque la vida que nos resta es breve

*

Es en la vida todo
transcurrir natural hacia la muerte

*

                        ...En el reposo de la tierra
yace, mojada por la lluvia,
la belleza del mundo

*

   Es ley fatal del mundo
que toda vida acabe en podredumbre


*

      ...Cercanos, se han abierto tus ojos,
y en ellos he sabido, trastornado,
que la felicidad existe.

*

   Al hombre, algunas veces, le duele esa sombra
que desconoce, y que está dentro de él. Sabe
entonces cuán ruin sustentador es el cuerpo.
     Ama esa carne y su sombra, porque es eso a 
lo que llama vida. Y ama también el soplo que
habrá de deshacerle para siempre, porque no
existe otro destino.

*

Hay momentos del hombre en que le duele
amar, pensar, mirar, sentirse vivo,
y se sabe en la tierra por azar
sólo, inútilmente en ella.


*

Nadie es testigo de esta sorda lucha
del hombre con el miedo

*

ALOCUCIÓN PAGANA

   ¿Es que, acaso, estimáis que por creer
en la inmortalidad,
os tendrá que ser dada?
Es obra de la fe, del egoísmo
o la desolación.
Y si existe, no importa no haber creído en ella:
respuestas ignorantes son todas las humanas
si a la muerte interroga.

   Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a los dioses,
o grandes monumentos funerarios,
las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega.
O aceptad el vacío que vendrá,
en donde ni siquiera soplará un viento estéril.
Lo que habrá de venir será de todos,
pues no hay merecimiento en el nacer
y nada justifica nuestra muerte.

*

hay demasiada vida para una despedida


*

la vida pudo ser.
Por ello la amo tanto.

*

   silencio con comprensión, porque nosotros antes
habremos comprendido y aceptado la noche ya sin fin y sin
   estrellas

*

La paz está conmigo, no sucede
sino el sueño más libre de la dicha:
amo el vivir, y el mundo incomprensible.


*

...anda libre el deseo en pos de su inminencia.
*

...el amor no pagues con monedas,
no mendigues aquello que mereces

*

   Borrada juventud, perdida vida, ¿en qué cueva de sombras
      arrojar las palabras?


*

   Vivamos lo que la vida miente
(...)
No hay pasado en la vida.

*

Aquí, en este lugar, supo mi infancia
que era eterna la vida...

*

Y que nunca supieras quién soy yo,
que no me adivinaras,
porque no conocieras, al saberlo,
la extrañeza y misterio del vivir.

*

y esto que tanto humilla
y que con la edad habrás de conocer


*

que no queme la vida para siempre

*

   Este sabor que tanto me ha negado
quiero dejarlo aquí, que tú lo lleves
(...) hasta tu boca,
y así sepas conmigo qué es la vida.

*

Si no existe la muerte, ya no hay causa
que haga nacer el sueño de la vida.


*

   Y a tu destierro iré, y no sabré encontrarte.

*

y borraré conmigo también la vida tuya.

*

el amado y vacío sabor de la existencia.
*

   Cuando la edad es ya desventurada
y es un pétalo el día,
y apenas quedan rosas,
no es posible que el mundo pueda ser recobrado.

*

          ...en este día,
que no es un día más, sino la vida toda

*

y en los espejos busco, y araño, y no lo encuentro
a ese que fui, y se murió de mí, y es ya mi inexistencia


*

¿en qué lugar más negro despertar?

*

Me queda un tiempo breve
desde el que amar aún lo que no he comprendido

*

Ese Dios fantasmal que crea y desconoce, y que camina
con su bastón de ciego


*

LA PIEDAD DEL TIEMPO

   ¿En qué oscuro rincón del tiempo que ya ha muerto
viven aún,
ardiendo aquellos muslos?
                                                Le dan luz todavía
a estos ojos tan viejos y engañados,
que ahora vuelven a ser el milogro que fueron:
deseo de una carne, y la alegría
de lo que no se niega.

   La vida es el naufragio de una obstinada imagen
que ya nunca sabremos si existió,
pues sólo pertenece a un lugar extinguido.


*

   Percibo que la vida es más ajena
de lo que nunca pude sospechar.

*

DE LAS TINIEBLAS

   Los días que habitamos la aspereza del alma,
esta indigna acedía que invade nuestra carne,
aún más indigna que la vejez que viene,
¿qué estamos redimiendo de nuestra propia vida,
que oscura culpa de Quien nos hizo así?

   Que vuelva pronto la luz de la mañana
o el sueño de esa luz.

*

   Mi madre me miraba, muy fija, desde el barco,
en el viaje aquel de todos a la niebla.


ENSAYO DE UNA DESPEDIDA
POESÍA COMPLETA (1960-1997)
Francisco Brines
Tusquets ed., Barcelona 1997

Francisco Brines (Oliva, Valencia 1932)

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