el ultimo dandy de nuestra literatura



Episodio Monográfico Sobre  y Con El Poeta 
José María Álvarez
NEGRO SOBRE BLANCO, De Fernando Sánchez-Dragó.
Salón De Baile Del Casino De Murcia. Año 2003


NEGRO SOBRE BLANCO se traslada esta noche a Murcia, donde José María Álvarez organiza un imponente festival poético que lleva el nombre, explícito donde los haya, de ARDENTISIMA. Decenas de poetas locales, regionales, nacionales e internacionales llegan en estos días aquí, procedentes de todos los puntos del globo, leen en público sus poemas, exponen sus preceptivas, las defienden, hablan, discuten, se acaloran, se tranquilizan, coinciden, discrepan, se enfadan, hacen las paces, y regresan después a sus cubiles, más ricos en saber y en vida —mis respetos a Kavafis— de lo que lo eran en el momento de su llegada.

Este episodio primaveral de NEGRO SOBRE BLANCO va a estar íntegramente dedicado a la vida y sobre todo a la obra del organizador de tamaña algarada poética, y poeta él mismo de largo alcance y de hondo aliento. Me refiero a José María Álvarez, a este caballero del Sur, a este fugitivo del ejército secesionista de Jeb Stuart que plantó cara a los yanquis, a este superviviente y representante postrero de una Edad de Oro de la Literatura, de un estilo vital y de una condición humana que pasó a la historia y ya nunca —sospecho— regresará a ella, sic transit.

-José María, buenas noches

-Hola Fernando, buenas noches

-Antes de adentrarnos en la espesura de estos dos libros que enseguida mencionaré con más detalle [MUSEO DE CERA y AL OTRO LADO DEL ESPEJO], unas palabras, pocas, sobre la nueva edición de ARDENTISIMA. ¿Cuántas van ya?

-Ésta es la décima, y, bueno, va creciendo, porque empezó en Murcia, Murcia ciudad, y luego se han ido incorporando otras localidades, y ahora realmente es una semana en la que la Región entera está en una palpitación poética. Lo que has dicho yo creo que es lo que se ha pretendido siempre: que sea ese centro internacional de poetas de todos los lados, en donde, como dices, se pelean, discuten, hablan, leen, y se van mucho más ricos todos, y nos dejan muchísimo.

-¿Hay algunas novedades en la edición de este año respecto a las anteriores? ¿o todo lo que no es tradición es plagio?

-Hay más localidades que han entrado, más Centros de Enseñanza por la mañana, que van los poetas y hablan con los chicos. Y hay muchos poetas que no habían venido; el de Arabia Saudi es nuevo, aunque siempre hubo, igual que de Egipto, de Siria; y de todos lados, o de EE.UU. o de Inglaterra, pero por ejemplo Ron Butlin no había estado nunca. Vuelve John Giorno, de EE.UU., María Kodama, bueno, hay un sinfín.

-¿Seguirá, tiene garantizada la continuidad? ¿tenemos nosotros garantizada la posibilidad de venir en la Primavera a Murcia?. Esta  maravillosa Primavera murciana...

-La poesía nunca tiene garantizada una continuidad pero yo creo que después de diez años, y que realmente la gente va, porque tú ayer mismo viste, el local estaba lleno, y son lecturas nocturnas en bares, y están llenos. Yo creo que sí.

-Incluso algunas son en lenguas extranjeras y a pesar de eso la gente lo sigue.

-Claro. Yo creo que sí. Debe continuar, pero bueno, nunca se sabe.

-Bueno, toda tu obra literaria, pasemos ya a ella, José María, gira alrededor de este libro muy voluminoso, MUSEO DE CERA, el que yo tengo en la mano en este momento, y me cuesta sostenerlo en la mano por su peso.

-Sí, hay que venderlo con un carrito.

-Ha sido publicado por Abelardo, en la editorial Renacimiento, y ordena, reordena, clasifica toda tu obra poética...

-No reordena, no, porque este es un libro que yo he tardado, hasta que ya dije se acabó, noté, porque eso es algo que no lo razonas, es algo que sientes, que el libro ya estaba acabado, cerrado, hace dos años y algo. He estado treinta y nueve años con el libro, desde que siendo muy joven tuve la idea del libro que yo quería hacer y su título y la distribución. El libro no es una reunión de poemas, ni una sucesión cronológica de libros ahí reunidos; el libro es una estructura en sí mismo, una arquitectura y un laberinto.

-¿Pero de verdad José María es una edición definitiva?

-Sí, sí, sí.

-Porque tú ya habías anunciado con anterioridad algunas otras ediciones definitivas.

-No. El libro iba creciendo desde la primera edición; ésta es la séptima, pero la primera realmente completa. No. Y no, porque el hombre que escribió eso no es ya el que ahora está escribiendo. Ahora yo estoy en otra historia.

 Álvarez es el ultimo dandy de nuestra literatura, y la recopilación de su obra poética en este monstruoso volumen, Museo de cera, no hace más que confirmarlo. Desde sus inicios en los setenta, cuando es antologado como novísimo, gamberro y revolucionario, hasta su discurso actual, culturalista y elegíaco, este libro recoge toda su producción. Y realmente vale la pena. Ecos de tantos escritores: Shakespeare, Borges, Kavafis, Stevenson.... que no sólo se deja ver en el estilo de Álvarez, sino que pasan a ser el objeto de la poesía. El Arte, la Literatura como destino, la Belleza como ideal último, el placer, el recuerdo y la memoria quemada son los principales temas que maneja magistralmente el poeta. Museo de cera es todo un universo literario en el que desfilan de la mano pinturas, poetas, músicos, mujeres fatales, alcohol, atardeceres, palacios y diosas. Un imprescindible de nuestro tiempo.


-Bueno, ¿por qué el título? Te lo pregunto porque es un título ambiguo, como siempre deben serlo los títulos de los libros de poesía, ¿y por qué su mantenimiento treinta y tantos años después?

-Sí, porque desde el primer momento tuve claro el título. ¿Por qué? Tampoco es un proceso racional, no lo busqué, vino, de pronto pensé: yo quiero que este libro se llame MUSEO DE CERA, y luego no me he equivocado mucho. Porque el libro es un museo, y espero que tenga la luz y el ambiente de los museos de cera.

-Pero en un museo de cera todas las personas representadas están muertas por lo general, no siempre...

-Estamos muertos ya, estamos ya muertos. ¿Tú crees que esto que es el mundo en el cual estamos viviendo, más allá de unos cuantos, existe, está vivo?

-El mundo está muerto, pero quedan catorce o quince personas en él que no están muertas.

-Ésas son las que interesan.

-¿Todos tus libros posteriores a la primera edición de MUSEO DE CERA, TOSIGO ARDENTO, LA EDAD DE ORO, LA LÁGRIMA DE AHAB, etc..., todos ellos son subsumidos en este libro, en este nirvana que nos alucina a todos?

-No, lo que pasa es que, por ejemplo, sale una primera edición, que me parece que fue la de Gaya Ciencia; entonces mientras no se agota esa y no sale otra, no vas a hacer que la gente o los que te están leyendo y siguen, esperen al nuevo libro, y muchas veces obligarles a que se compren la segunda o la tercera porque hay veinte poemas más o treinta. Entonces cada etapa de esas se cerraba en un librito, con su propio título y que también era en sí mismo una unidad, pero que son libritos que no tienen más que una edición, y a la siguiente de MUSEO, se incluyen, y no cronológicamente, sino en sus diversos capítulos.

-Sin embargo al final viene un extenso índice en el cual tú sí das la cronología de cada poema, a pesar de que luego se haya cambiado el orden....

-Sí, porque eso es una manía que he tenido siempre. No, el orden ha estado siempre, pero he tenido esa manía desde siempre de fechar.

-Tengo aquí una crítica de MUSEO DE CERA, de esta edición de MUSEO DE CERA, la de Renacimiento, firmada por José Luis García Martín, asturiano, y publicada en el Suplemento literario de El Mundo. Tú no lees nunca Suplementos Literarios, no lees nunca críticas. ¿No conoces esta crítica?

-No. Y casi no leo prensa. No me interesa mucho.

-Bueno, hay que leerla como un género de ficción.

-Pero es que es mala prosa, incluso como ficción.

-Te voy a decir algunas de las cosas que José Luis García Martín dice en esta crítica, y tú las comentas. Dice que “MUSEO DE CERA fue en sus comienzos una de las obras más características de la estética novísima, uno de cuyos rasgos, el culturalismo exhibicionista y externo, sólo muy tangencialmente relacionado con la verdadera cultura, llegaba hasta extremos casi caricaturescos”.

-Es probable que en la estética novísima se diera en ciertos casos esto, puede ser, en el caso mío yo no estoy muy de acuerdo. Cuando hablan del culturalismo, yo no lo creo. Lo que sí soy es culto, que es distinto. Cuando yo hablo de Homero o cuando hablo de Virgilio, o de Las meninas de Velázquez, o de lo que quieras, no estoy haciendo una referencia cultural aislada, estoy hablando de algo que está en mi carne, algo sin lo cual no puedo vivir. Me da exactamente igual; o sea, uno no puede vivir sin pegarle un polvo a una tía que esté bien, no puede vivir sin mirar Las meninas, y no puede vivir sin leer a Virgilio, o a Omar Khayyam, o a quien quieras. Desde ese punto, la Cultura, la gran Cultura, pero encarnada, ahí sí me reconozco. Ahora cuando hablan del culturalismo como si fuese, no sé, un decorado, no.


-José Luis García Martín dice de ti que eres un insaciable coleccionista de toda la belleza del mundo, y yo creo que ese es un juicio bastante afortunado.

-Sí, en eso estoy muy de acuerdo con él.

-Sin embargo José Luis te reprocha la reordenación en MUSEO DE CERA. Tú has negado que exista.

-Es que no hay una reordenación.

-En concreto dice: “una reordenación poco afortunada puesto que destruye la unidad de cada libro y distribuye los poemas según una vaga relación temática y sin tener en cuenta la cronología”.

-No, son los poemas de cada libro que van luego colocados en el capítulo que les correspondería en Museo; entonces no hay una reordenación. Eso son pequeños libros que han ido saliendo y, ya te digo, de una sola edición.

-Es curioso, José María,  porque en esta crítica García Martín te reprocha dos poemas que eran justamente dos de los poemas que, entre los muchísimos que hay en este libro, yo había escogido para leer aquí, porque son de los que más me gustan. En fin, cada persona tiene su gusto. Y uno de esos poemas, brevísimo,  dice:

De todas las palabras
Que una mujer ha dicho a un hombre
Las más hermosas siguen siendo
Déjame ser tu puta.

-Sí, sí, claro. Déjame ser tu puta.

-García Martín dice que eso es una exhibición de una concepción de la virilidad algo arcaica.

-No, no. Bueno, sí, arcaica ya en casi todos nosotros, pero... Quiero decir: primero que me parece, de verdad, de las cosas más hermosas, si no la más hermosa, que una mujer le ha dicho nunca a un hombre, pero podría ser también al revés: déjame ser tu puto. También valdría.

-El otro poema que no le gusta a García Martín y que a mí me gusta muchísimo, tanto que me voy a permitir, si tú me lo consientes, leerlo aquí, es un poema que se titula bella, deslumbrante como la cúpula de la madrasa de tchahar bag de ispahan, y sobre el poema García Martín dice que aquí hay como una ingenua tentación narrativa autobiográfica muy característica de cierta poesía de los 80’. El poema dice así:

Venía yo de comprar libros
en la Cuesta de Moyano, y
sentada junto a la verja del Botánico
la vi. Tenía unos libros y cuadernos
en el regazo y chupaba
ensimismada
un bolígrafo. Me detuve
a contemplar el milagro dulcísimo
de su belleza, la frescura
de sus piernas, la inefable
gracia
de su pelo, que ella echaba continuamente
hacia atrás con su mano, el brillo ardiente
de sus ojos perdidos. De
pronto,
sonrió; seguramente
recordaba algo agradable.
Me dije: eres la misma
chiquilla, es la misma emoción
que hace ya muchos siglos
impresionó a un romano. Es la dicha
de la juventud, que se repite
en cada cuerpo. Ah, te he visto
ya
una mañana, en un museo de Nápoles, el
mismo instante, el mismo gesto, la
misma
gracia inefable
de quienes todavía
no han sido heridos.

-¿Por qué no le gusta, crees tú, a José Luis García Martín este hermosísimo poema?

-No lo sé, bueno, como se suele decir “hay gustos pa’ to...” A mí no me desagrada y mira que yo soy muy crítico con mis poemas, no me suelen gustar salvo alguno raro que creo que no me he equivocado mucho, pero ese poema sí, sí me gusta.

-Añade García Martín al término de su crítica, “la historia de la cultura para José María Álvarez es su propia historia”.

-Sí, es mi vida. Es decir, yo no concibo vivir sin que exista, por ejemplo, esta sala de baile que parece siciliana [se refiere al Salón de Baile del Casino de Murcia donde se está realizando la entrevista].


-Esa vida, José María, además de en todos estos libros que en estos momentos están sobre la mesa, está también colgada, posada en las paredes, en las mesas, en los muebles del chalet en el que vives.

-Puede ser, porque, bueno, a lo largo de los años —y ya son muchos— vas guardando cosas, no sé, recuerdos, o cosas que te han tocado el corazón y que se acumulan, —quizá habría que quemarlo todo—; pero, no sé, de una manera rara lo vas, ahí, guardando.

-Allí, en tu chalet, en tu despacho, hay una bandera del ejército de Secesión de los EE.UU. de la Confederación.

-La bandera de combate. Esa me la regaló Jimmy Carter, el tonto de Carter, cuando era gobernador, antes de ser presidente, porque yo había hecho unos trabajos, un ensayo y unas cosas sobre el Sur americano, sobre la guerra de los Estados y todo esto. Y bueno, estaba en contacto con el Museo de Raleigh y con otros. Y entonces un día recibo una carta de él, que dice, es usted como un bastión del Sur fuera de aquí, queremos tener una atención —cosa muy rara en los americanos, que no suelen tener atenciones—, si quiere usted algo. Pues quiero una bandera de combate de la Confederación. Y a las pocas semanas recibo un paquete con la bandera de combate y es la que está allí puesta. Me recuerda la Libertad.

-Ya que hablabas de combates, en ese chalet hay también una fotografía de Onetti batiéndose a duelo a pistola, contigo. ¿Ganaste tú evidentemente, que estás aquí? Onetti ya no está aquí.

-Ah, sí, bueno, esto fue a finales del año 75...

-...cuando vino a España Onetti, huyendo...

-...cuando Onetti salió por fin de aquel medio manicomio donde lo habían encerrado, se vino aquí, y se vino a vivir conmigo, y estuvo cinco meses viviendo allí, en Villa Gracia. Y bueno, jugábamos al poker, que era muy buen jugador Onetti,

-...como todos los hombres de pocas palabras, suelen jugar muy bien al poker.

-...y una noche que estábamos los dos con una borrachera tremenda, que había allí unas pistolas, empezamos a hacer un juego y alguien hizo una fotografía. Lo quise mucho. Era un hombre increíble.

-En ese mismo despacho hay lo que tú llamas fotos sagradas, personas sagradas.

-Ah sí, las que tengo un poco puestas para que me recuerden que vivir fue digno.

-Están allí, entre otros, Orson Welles y Borges, de los cuales tú has dicho —lo dices en este otro libro, AL OTRO LADO DEL ESPEJO— que son las dos personas que más has respetado en el mundo.

-Sí, sí, sí, sin duda. Y de quienes he querido aprender. Pero hay más.

-También está Kavafis, también está Lampedusa.

-Sí, claro Lampedusa, y Nabokov y muchos , Eliot... Pero, en concreto, Borges y Orson Welles para mí siguen aún siendo algo muy sagrado. Y Hayek...

-Yo le he puesto el título, a este programa, de: “Opiniones contundentes”...

-De Nabokov, sí, no es mal título.

-...y luego te iré sacando algunas de las opiniones contundentes que tú esgrimes en este libro, AL OTRO LADO DEL ESPEJO. Pero dime antes lo que significa un curioso escudo alemán que tienes también en ese despacho de tu chalet.

-Ah, ése no está en el despacho, ése está en la entrada a la casa desde el jardín. Eso es un escudo del siglo XV que encontré en un anticuario, es muy bonito y está allí puesto, pero lo que me gusta mucho es la inscripción que tiene abajo, y que dice, en alemán “si no te gusta esto, chúpame el culo”, que es, de alguna manera, parte de mi filosofía.

-Otro de tus héroes sagrados es, me parece, Popper. Y esta edición de MUSEO DE CERA lleva en una de sus primeras páginas una enigmática cita de Popper...

-Sí, la cita que abre, que le da sentido...

-Esa cita dice: “Se acepta casi de forma universal que una obra de arte es la expresión de la personalidad o de las emociones del artista. Esta creencia ha rebajado y casi destruido el arte.”

-Sí, estoy absolutamente convencido y por eso, entre otras cosas, te decía que estábamos ya muertos. Porque se confunde lo que el artista vive y lo que el artista debe sacar —y además tú de eso sabes...—, no las emociones, las que llaman las personales; sí las personales, pero aquellas que vienen directamente de un territorio que no es la vida, sino el Arte. Quiero decir: todo, la experiencia personal etc., todo mezclado y mixturado en ese territorio que es al que apelas y del que arañas para extraer luego lo que haces, lo que escribes o lo que pintas o la música que compones. Y cuando se apela directamente a la vida, y esto ahora mismo se está haciendo mucho en todos los lados, a la reproducción de una emoción... mal camino.


-Bueno, esto nos lleva en derechura a las siempre difíciles y peliagudas relaciones entre la vida, la propia vida, y la obra, la propia obra. ¿La vida y la obra, José María, son anverso y reverso o mundos distintos y más o menos estancos? Te lo digo porque yo creo que las dos actitudes son legítimas y se corresponden un poco, la una con un modelo dionisiaco y la otra con un modelo más apolíneo, y a lo mejor es también cuestión de edad, somos más dionisiacos cuando somos jóvenes y luego tendemos a ser más apolíneos. El modelo Pessoa-Kavafis, que es un modelo más de personas en las cuales no coincide su vida con su obra, son cosas bastante diferentes, o el modelo Casanova, que tú tanto aprecias, o el modelo Rimbaud, donde vida y obra se fusionan...

-Sí, pero yo creo que da exactamente igual un modelo u otro, porque en última instancia todos, todos somos dos. Dos. Y además dos que no tienen nada que ver, aunque uno sirve al otro, uno es el que vive y otro es el que crea. Y como Borges ya dijo, y en esto llevaba mucha razón, —como en casi todo lo que dijo, o todo, mucha razón— uno se deja vivir, decía: “yo me dejo vivir para que el otro teja su obra”.

-Esto lo estás diciendo, José María, porque tú eres de signo géminis...

-Puede ser. No, pero dos, en este sentido, somos todos.

-Ya que has citado a Borges, hay esa frase típica y tópica de Borges, que ahora todo el mundo cita, que es la de que él estaba más orgulloso de los libros que había leído que de los libros que había escrito.

-Y yo también...

-Eso te iba a preguntar, porque, claro,  este libro [MUSEO DE CERA] está lleno de presencias, está lleno de evocaciones, está lleno de estampas, está lleno de nombres propios que tú asumes, ellos y sus obras, como si fueran tus propias obras, tus propias referencias...

-Claro, es una forma de decir: Culturalmente no somos nada “sueltos”, digamos individualmente, no somos nada. La obra tuya, mía, la de aquél, la del otro, tiene sentido en un mundo que es el mundo cultural, el mundo de la creación. Ahí estamos juntos todos; y yo soy un pedazo más, y todos esos muertos insignes están mucho más vivos que los vivos.

-Incluso al final del libro hay varias páginas, donde se dice: “ A...” y después hay cientos de nombres propios por los que brindas.

-Sí, ahí van pintores, van piratas, van asesinos, van poetas... todo aquello que me ha dado placer, que me ha dado gozo, que me ha producido un momento de emoción.

-A ver cuando me incorporas a esa lista...

-¿No estás?

-No. Creo..., porque hay tantos que tampoco sé...

-Pues a la próxima. Hay que decírselo a Abelardo.

-José María, tú eres entre otras cosas famoso, y eso te lo digo como un elogio, tú lo sabes, por tu incorrección política. Yo te pregunto: ¿incorrección política significa corrección poética?

-No, lo que pasa es que esto de la corrección, que ahora está muy en boga, que es una necedad absoluta, el problema que tiene es que va a esterilizar, va a castrar, va a dejarnos absolutamente exangües. Yo creo que una de las obligaciones nuestras, pero no ya sólo como poetas, como poetas, como personas, en cualquier momento o en cualquier situación, es atacar, pero atacar ferozmente, despiadadamente, a toda la imbecilidad del pensamiento correcto. No por nada, sino porque ese pensamiento que le llaman políticamente correcto, va a acabar —si es que quedan— con los restos de inteligencia que pueda todavía flotar sobre la sociedad. Lo va a aniquilar.

-Voy a barrer un poquito hacia adentro y voy a  irte lanzando una serie de “incorrecciones políticas” que están en tu obra y que están en tu vida.

-Debe haber muchas...

-Para empezar: en la página 379 de MUSEO DE CERA hay un elogio del tabaco.

-Claro, pero ¿cómo se puede vivir sin fumar? Yo entiendo que alguien diga: no me gusta. Pero porque no le guste, por gozo, no me gusta el olor. Vale, hasta ahí he aceptado. O alguien incluso que en un momento, porque evidentemente hay, no a todos, pero hay a quien le puede provocar bronquitis o algo, diga, prefiero no fumar, a sufrir lo que la bronquitis me hace sufrir. Vale, hasta ahí. Ahora, la negación del tabaco simplemente porque se les ha ocurrido a estos necios decir que es malo y entonces que hay que quitarlo y tal, sobre todo, la imposición de la negación, ésta es la que no es tolerable. Lo que pasa es que los fumadores somos gente sumamente paciente, porque lo que no he entendido nunca es, los millones de fumadores, cómo no nos hemos negado, quiero decir, cómo no hemos boicoteado a las compañías, o por ejemplo en los vuelos, negarnos a viajar, o sea, hacerles daño económico, que es lo único que le importa a la gente.  Negarnos a entrar en un sitio en donde no haya una parte...

-Es que también podrían negarse los no fumadores a entrar...

-No, no, es que puede haber dos partes, y hay los suficientes medios técnicos como para que no moleste una cosa... Tú sabes que en lo del tabaco, como en lo de tantas otras cosas, hay mucho más, hay mesianismo sanitario, que es lo que me repugna.

-Es proverbial, José María, tu elitismo, tu anti-izquierdismo, tu anti-igualitarismo.

-Bueno, en realidad todo eso se resume en: me molestan los imbéciles. O sea, no hay que, seguramente, elaborar mucho más, ni darle un contenido ideológico. Simplemente, me molestan los imbéciles, y a estas alturas de la historia, ser de izquierdas es ser imbécil, y otras muchas cosas. Quiero decir: a los quince años, a los diecisiete años, entiendo que esa generosidad de corazón pueda llevar a uno a posturas que le hacen el juego a lo que luego no trae ni la libertad ni nada, sino cosas mucho peores. Pero a partir de los veinticinco años, por  Dios...

-Lleva ya más de un año en la calle, publicada por Renacimiento, esta edición definitiva de MUSEO DE CERA, el volumen que recoge prácticamente todo lo que José María Álvarez, que ya no es un novísimo sino un prócer de nuestras Letras,...

-Viejísimo...

-...ha escrito en verso, sólo en verso, desde que echó sus primeros dientes. Viejísimo decía, dejemos lo de viejísimo, José María,  y vamos a seguir. Recuerdo que hace dos o tres años en otro programa de NEGRO SOBRE BLANCO grabado aquí y dedicado a Borges, en el que estaba también, por cierto, María Kodama, tú hablaste de la Izquierda como de un molock, ¿por qué?

-Sí, claro, si es que, además, cuando antes yo estaba diciendo que me parecía de ser imbécil... Vamos a ver, si tú a alguien, el que sea, de la condición que sea, le dices: mire usted, la Historia no tiene arreglo ni solución, ni la condición humana tampoco probablemente; ahora, hay dos caminos en este mundo: uno, con todas sus dificultades, va produciendo más riqueza, la gente cada vez, más gente vive mejor, se desarrolla todo y además se desarrolla la libertad, se vive mejor; y por otro lado, tiene usted una vía que desemboca inmediatamente —y de eso en España tenemos una experiencia reciente— en el intervencionismo, en la pobreza, en la deuda, en la corrupción, y el siguiente paso, como lo hemos visto en tantos países, y aún están los ominosísimos ejemplos de Cuba y de otros sitios, con asesinos en el poder, y éste otro además desemboca en hambruna, en quiebra económica, en desastre absoluto, en pobreza, en muerte, en cárcel, en asesinatos, en injusticia y en absoluta carencia de libertades. Vamos, cualquier persona medianamente cuerda diría: no, mire, yo prefiero este otro camino de libertad. Y sin embargo hay mucha gente que opta por el otro y que siguen defendiendo un sistema que no ha producido más que millones de asesinatos, hambrunas incalculables, y una miseria sin freno. No lo puedo entender.


-¿Tú crees, José María, que el artista cuando se convierte en un “intelectual”, es decir, en un hombre comprometido, en un hombre que empieza a intervenir en la realidad y a opinar sobre la realidad, se encanalla, degrada su condición de artista? Te lo pregunto porque tú, como todos, empezaste también por la poesía social.

-Quizá, porque la realidad es canalla, es mucho más canalla que los sueños siempre, entonces evidentemente todo contacto te envilece algo, y si el poema o el cuadro o lo que tú quieras está contaminado en exceso de esa realidad, pues evidentemente está envilecido también y eso se nota.

-¿Todos nosotros, los de entonces...

-Ya no somos los mismos...

-...—aparte de que ya no somos los mismos—, nos encanallamos brindando apoyo a quienes habían originado cien millones de muertos?. Me refiero al Comunismo, me refiero a Stalin, etc...

-Sí, sí. Éramos muy jóvenes...

-¿Es un episodio de la historia universal de la infamia?

-Sí, sí, sí. Éramos muy jóvenes. De todas formas mi historia en ese sentido, y cuando ahora salga un libro de Memorias [se refiere a LOS DECORADOS DEL OLVIDO] en donde cuento toda la manipulación que hubo, etc..., —lo va a sacar también Abelardo— se verá claro. Pero yo desde luego era muy joven, como antes he dicho, con esa generosidad de corazón; evidentemente estabas con las causas, que además era la única causa que se promocionaba, porque la manipulación era mundial, y por otra parte a lo que nos enfrentábamos nos llevaba ahí también, y nos enfrentábamos a otra forma de envilecimiento y sobre todo algo sórdido, que era el régimen del general Franco y los suyos; porque cruel lo fue en el principio, luego cruel no fue mucho al final, pero sórdido lo fue siempre, y miserable, y poco imaginativo. Entonces era muy fácil enfrentarnos; tú estuviste también en la cárcel, o sea que qué me cuentas. Pero muy rápidamente dejamos de estar en esa historia, porque muy rápidamente vimos que era una enorme mentira, sobre todo era una enorme mentira con quiénes estábamos colaborando contra ese régimen.

-José María, asunto inevitable: la guerra. ¿Lo que está saliendo en estos momentos a las calles en España es pacifismo o es demagogia o es las dos cosas?

-Es demagogia, es demagogia. Yo siento una profunda vergüenza de ver muchas de las cosas que están pasando; yo no soy partidario, como es lógico, de la guerra. Yo no creo que nadie que no sea un canalla sea partidario de la guerra, o partidario de algo en donde pueda haber dolor, hace falta ser muy vil para apoyar el dolor. Lo que pasa es que yo creo que hay momentos en que las guerras son inevitables. Los viejos teólogos sabían más de esto y separaban entre guerra justa y guerra injusta. Yo creo que esta guerra es un error, quiero decir, cómo se ha hecho esta intervención me parece que es un error por parte de los EE. UU., pero se ha hecho, y lo que desde luego no cabe duda es que la suerte de España está unida a esos vínculos atlánticos y está unida a Occidente, y Occidente en este momento es el imperio americano. A mi me desagrada mucho, no el imperio, porque yo no descreo tanto de los imperios de alguna manera, pero sí que el imperio haya recaído en EE. UU., que tengo muchas prevenciones con respecto a su idea del mundo, a su idea de la cultura, a muchas cosas, a su forma de vivir; pero lo que no cabe duda es que nuestro destino como nación, y los de Francia y de Alemania, digan lo que digan, está unido a esto. Yo no salgo en las manifestaciones, pero no salgo no por nada, sino porque, como ya Borges también dijo, toda emoción colectiva me parece innoble, pero seguramente no saldría, y no saldría porque si esa manifestación fuese una manifestación en donde estuviese Hayek y donde estuviesen otros, a lo mejor yo salía a la calle, pero salir a la calle a encontrarme con Llamazares o con este chico, cómo se llama, el de los socialistas, éste que ahora tienen, Zapatero... es que me daría una vergüenza inmensa, y sobre todo sí creo que la mayoría de la gente que está saliendo no sabe ni por lo qué sale, la han engañado, la han manipulado como tantas veces. Porque hay desde chicos, muy jóvenes, que están dando gritos, y si les preguntas de verdad no saben ni qué está pasando. Se está mintiendo y se están haciendo muchas cosas; creo que lo deseable en este tema es que esta guerra termine pronto, hacer lo posible porque la paz llegue cuanto antes, y desde luego que aquel régimen también cambie, porque es deseable que cambie el régimen, pero lo que no entiendo es por qué salen en manifestaciones contra esto y no salen manifestaciones contra un asesino en el poder como es por ejemplo Castro, o como tantos otros que ha habido y contra los cuales no habido una manifestación, al contrario, un silencio de muerte. Ahora mismo Castro ha aprovechado que toda la prensa está enloquecida con el tema de la guerra en Irak, para encerrar a un montón de intelectuales, de periodistas y de oposición. ¿Tú has visto que alguien..., tú has visto a Llamazares, tú has visto a Zapatero, has visto a alguien de la Izquierda protestar?.

-¿En torno a esta guerra y en España se está confundiendo la política nacional con la política internacional?

-Sin duda, además yo creo que lo único que se está haciendo... O sea, yo creo que hay que estar contra la guerra, pero lo que está pasando aquí, en España, es que toda esta Izquierda que estaba fuera de juego y que no tenía por donde gritar, de pronto ha encontrado un banderín de enganche; pero no porque les importe ni la guerra ni la suerte de los irakíes ni nada, sino porque les importa el poder y han dicho, vamos a erosionar al gobierno con esto, vamos a lo único que les importa a los políticos, vamos a ganar votos, o sea, vamos  a ver si en vez de estar éste en el sillón estoy yo, cosa que ojalá no suceda.

-Otro posible encanallamiento político, poético y cultural: el multiculturalismo, que es lo contrario del cosmopolitismo.

-Sí, eso es una abyección absoluta, pero bueno, eso forma parte del desastre general en el que estamos viviendo; pero no nos olvidemos que son los intelectuales los que han traído todas estas cosas, es la idea de la ruptura de la jerarquía cultural. Pero esto hace ya mucho tiempo, ya antes de la Revolución de Octubre alguien dijo “Shakespeare vale tanto como un par de botas”, quiero decir, da exactamente igual Eliot que una página que escriba esta indeseable de la Rigoberta Menchu, es decir, todo vale, todo es igual, es igual la Novena Sinfonía de Beethoven que una danza tribal que se les ha ocurrido no sé donde, que nadie niega que sea cultura, claro que es cultura..., pero hay una serie de grados y de escalones, por el lado de decir qué es lo que tiene un más vasto alcance, una profundidad mayor, qué es lo que nos hace mucho más ricos, y evidentemente la Novena Sinfonía o las Bodas de Fígaro pues no es igual que una jota.

-Este otro grueso libro que ya he mencionado, tiene dos grandes partes: AL OTRO LADO DEL ESPEJO

-Eso es una reedición de un viejo libro de conversaciones...

-Son conversaciones mantenidas hace muchos años, incluso en esta edición tú añades, a pie de determinadas opiniones tuyas, rectificaciones...

-Sí, porque no estoy de acuerdo conmigo, claro.

-Y luego hay también un DIARIO DE LA SERPIENTE DE BRONCE, que se refiere a los años 92 y 93, me parece. Bueno, este libro, José María, está lleno de esas opiniones contundentes que dan título a este programa. Y yo, si te parece, te voy a ir lanzando una serie de opiniones contundentes de éstas —al fin y al cabo están en “negro sobre blanco” y firmadas por ti— para ver qué es lo que nos tienes que añadir sobre ellas. Ya en el segundo prólogo dices, y esto está firmado por ti, en Venecia, octubre del 86’, dices:  “creo que los poetas estamos más acabados que Carracuca, y cuando se nos exhibe en Universidades o firmas de libros o cualquier otro zoológico, cada vez siento más intensamente que somos una patética figuración, como precisó Discépolo, de disfrazaos sin carnaval”

-Sí, sí. ¿Eso es del 86’ no? Bueno, pues peor todavía, o sea, es eso mismo pero peor.

-Pero sin embargo sigues organizando ARDENTISIMA...

-Sí, porque es una manera de estar juntos y de que al menos aquellos que se interesan y que les gusta, bueno, pues tengan una oportunidad de gozar de eso, pero hace ya mucho que todas las ilusiones en este sentido se me fueron.

© Carmen Marí

-Te leo lo que dice Jesús Munárriz en la primera conversación que abre el libro. Jesús Munárriz, por cierto, fue uno de tus primeros editores también. “En los Nueve Novísimos aparece usted como nacido en Casablanca, lo cual huele demasiado a disfraz, aparte de la ocultación de su propia obra de la que ya hablaremos, cuando se le piden datos para ubicarle usted procura siempre dar pocos y a ser posible contradictorios. Hay quien piensa que es usted un exhibicionista, otros dicen que un tímido extrovertido, puede pasar por un revolucionario consciente, o por un tipo en constante proceso de autodestrucción, cuyo único horizonte es la barra de un bar.”

-Ahora ya no me destruyo suficientemente, estoy muy morigerado, sí, no sé, supongo, como cualquiera de nosotros, que somos muchos, a lo largo de la vida somos muchos, entonces depende de qué momento te ha cogido cada uno, y dices: pues éste es tal o éste es cual.

-Dices, lo de que ya no tienes la misma capacidad de autodestrucción que tenías antes, con un deje nostálgico...

-Sí, con un deje nostálgico, porque yo creo que cuando mejor he estado y cuando he escrito mejor y más es cuando estaba en ese mundo obscuro.

-Bueno, esto no es una opinión contundente pero es quizá una vía de penetración para entender mejor tu obra. Te pregunta Jesús Munárriz “¿hay alguien que le haya ayudado de una forma decisiva, que le haya incluso decidido a escribir?” Y tú contestas, “quizá Stendhal y mi abuela”. Y en MUSEO DE CERA hay un poema dedicado a tu madre y a tu abuela, un momento casi del paraíso, de la perfección absoluta...

-Sí, era una gran mujer, sí, y sí me ayudó mucho en el sentido de que me facilitó un espacio muy habitable, o sea, un cubil muy habitable en donde yo pudiera de manera tranquila escribir. Sí, Stendhal y mi abuela. Y Melville, habría que hablar de MOBY DICK, y de LA ISLA DEL TESORO.

-Bueno, tú dices que hay tres libros que han marcado tu vida, MOBY DICK, LAS FLORES DEL MAL, y LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL.


-De Flaubert, sí. Sí, sí, sí.

-¿Eso no ha cambiado?

-No, eso no ha cambiado. Hombre, se han añadido otros. Lo que sucede es que como otros se han añadido, porque claro, habría que hablar de Nabokov, o de Borges, pero como han sucedido en unas épocas en las cuales estabas ya cristalizado, ese golpetazo inicial era mayor. Éstas fueron obras de deslumbramiento, muy casi, no niño, pero muy adolescente.

-Hablábamos antes de cómo te echaste a andar líricamente en la poesía social como todo el mundo, y cómo a partir de un determinado momento rompiste...

-Sí, porque era mentira esa poesía.

-Pero yo te quiero preguntar por el momento exacto en el que se produjo esa ruptura que quizá fue éste: dices tú aquí, “aprovechamos un festival de cante de las minas, aquí cerquita en La Unión, —ese recital precisamente fue muy importante para la evolución de todo lo que estamos hablando— aquella misma madrugada sostuve una violenta discusión con algunos de los que iban conmigo, a partir de ese momento fue cuando ya me dediqué totalmente y en solitario a escribir MUSEO DE CERA. ¿Qué pasó allí?

-Bueno, eran las —tú las has vivido— discusiones de..., éramos compañeros de viaje...

-tontos útiles...

-...tontos útiles, las discusiones. Y entonces en aquel recital yo leí poemas de los que se hacían expresamente, poemas mítines, poemas de mitin, que muchas veces incluso antes de la propia lectura te daban datos, te decían: pues ha habido en la mina no sé cuantos una cosa, y entonces tú sacabas en el poema la mina, y la gente ¡ahhhh!. Pero metí algún poema que ya no era de éstos y entonces se me reprochó muy duramente y la conversación se alargó mucho y se me conminó a que alguien “metido” no podía ir hacia otro tipo de arte puesto que el arte se debía al proletariado, bueno, aquellas imbecilidades que se decían, y entonces fue cuando me di cuenta de la absoluta necedad de la gente con la que estaba, y dije, se terminó.

-Mediados de los 60’, haces un viaje a París y te encuentras con Rafael Alberti, que también había ido a París para otro recital en el Instituto de Estudios Hispánicos,

-Sí, eso fue en Diciembre del 63’

-Estaba en pleno traslado a Roma, Rafael Alberti...

-Sí, aún no tenía la casa en Roma. Acababa de desembarcar, digamos, y estaba viendo si se iba a instalar en Roma...

-Bueno, pero lo que yo te quería preguntar es sobre la conversación que sostuvisteis y que para ti fue fundamental, ¿qué pasó en esa conversación?

-Sí, porque me di cuenta de que Rafael vivía en un mundo que no existía, que por cierto era el mismo mundo de muchos republicanos que había conocido en París en la Librería Española y en otros sitios. Hablaban de una España que no existía; yo venía de una España real, quiero decir, de lo que estaba pasando, y ellos me estaban hablando de un mundo que era como si me hablasen de Alicia en el País de las Maravillas, quiero decir la España que decían que existía era una España absolutamente irreal, y me di cuenta que no...


-Siguiendo con Jesús Munárriz, en esa primera conversación del libro te interpela: “en el mundo intelectual madrileño, tan cotilla como el que más, es costumbre hablar mal de todo el mundo, pero de usted, que asoma la nariz pocas veces por ese mundo del chisme y de la seudocrítica, he oído hablar mal tanto a críticos como a escritores con más frecuencia de la habitual, ¿conoce los motivos de esa actitud? ¿cuál es la suya con respecto a sus contemporáneos?”

-Sí. Bueno, con respecto a mis contemporáneos se dividen en dos: aquellos a quienes quiero, como suele decirse, con toda el alma, y ahí están los poetas amigos, algunos ya muertos, como Jaime Gil de Biedma, pero bueno aquí está Brines, o está Villena, Vicente Gallego, Marzal, Felipe Benítez, o sea muchos, que nos queremos mucho; y luego aquellos a quienes aborrezco, pero casi nunca aborrezco sin motivos, quiero decir, cuando aborrezco a alguien si me pongo a pensar resulta que es un imbécil, que además es un ser casi siempre con procedimientos torvos y abyectos, o sea que no me equivoco mucho en los odios.

-Te pregunta Jesús Munárriz  “¿cual fue la reacción del público y de la crítica cuando apareció la primera edición de MUSEO DE CERA?

-Buena, buena... Buena en la gente.

-Pero no es eso por lo que te quería preguntar: tú contestas, entre otras cosas, que “además por qué tanta obsesión con el público, ni que fuésemos vendedores de electrodomésticos, mi público somos yo y unos cuantos seres magníficos. Hubiera sido penosísimo para ustedes —le dices a Jesús Munárriz— vivir antes de la invención de la imprenta cuando el público se reducía a unos cuantos nobles”

-Claro, claro. Brines dice algo que es absolutamente cierto, dice “un poeta no tiene público, tiene lectores, amigos”.

-Opiniones contundentes, ahora sí que son verdaderamente contundentes, te dice alguien en el libro de conversaciones, “escoja entre inteligencia y belleza”, y tú contestas “la inteligencia, pero con respecto a las mujeres invierta usted el orden”.

-La belleza, sí, claro. Yo todavía no he entendido por qué para pegar un polvo hace falta que la mujer sea inteligente, lo que hace falta es que sea guapa, que sea hermosa, que sea atractiva; ahora, si es para hablar, ya es otra cosa.


-¿Tú sabes lo que dicen los chinos, en un proverbio, en un consejo que irrita mucho a las feministas?: “procura tener una esposa que sea lo más fea y lo más inteligente posible y una amante que sea lo más tonta y lo más hermosa posible”. ¿Tú estás de acuerdo con ese principio?

-No me parece mal. Lo que pasa es que yo tengo una mujer bellísima. E inteligente.

-Y morena. Antes te gustaban las rubias, también lo dices,  y ahora has cambiado de opinión, ahora te gustan las morenas.

-Sí, me gustan las morenas.

-Como tu mujer también...

-Pero ahora he vuelto y me gustan las morenas y las rubias y las pelirrojas. Todas.

-Otro de los blancos de tus críticas es el feminismo. También atizas al feminismo a veces.

-Sí, bueno. Pero esa es una estricta cuestión de repugnancia personal, de repugnancia intelectual, y en la mayoría de las ocasiones repugnancia física, porque la mayoría de las veces que he tenido una discusión o que me he encontrado con alguna feminista, no sólo me repugnaba lo que estaba diciendo, sino ella personalmente, o sea físicamente.

-En la página 100 de éste libro [AL OTRO LADO DEL ESPEJO] el conversador te dice “aunque no sepa dibujar intente dibujar el terror” y tú dibujas una esvástica, una cruz gamada.

-Sí, eso fue para una revista de modas, que se llamaba BEL, hace muchos años.

-Bueno, y tú ahora el año pasado al aparecer este libro añades una nota y dices “hoy pondría un signo que identificase el comunismo, creo que ha sido mucho más totalitario, más devastador y más cruel que el nazismo”.

-Sí, sin duda. El nazismo no fue totalitario porque fue la desorganización. Los socialistas son los que saben intervenir, y saben ser totalitarios, esos sí que no dejan un resquicio; pero aquello era el desorden, era un régimen cruel, criminal, de locos, y que hizo un daño inmenso; lo que pasa es que si tú cuentas los millones que asesinaron los nazis o los millones que asesinaron los comunistas, son treinta veces más. Quizá a los otros no les dio tiempo tampoco, porque estuvieron menos años.

-“A mi me gustaría que hablásemos de ese tono aristocratizante suyo” —dice quien te interpela en el libro—

-... que no sé qué quiere decir.

-...y tú respondes: “Pues no sé que decirle, yo creo que ese tono no existe, creo que lo que sucede es que el mundo está hundiéndose en la mediocridad hasta tal punto que cuando alguien procura todavía expresarse con corrección y exactitud, o cuando alguien cree que vivir es algo más que degradarse, bueno entonces ustedes le adjudican cualquier tipo de presupuestos aristocráticos”.

-Claro, ¿pero como voy a tener un lado...? –bueno, sí, puedo tenerlo estéticamente—. Soy un hijo de la clase media acomodada, no hay títulos en mi familia, no hay nada aristocrático; sigo pensando lo que ahí dije.

© Carmen Marí

-Te dice el entrevistador “la igualdad de oportunidades empieza a ser un hecho en muchos países y no tardará en llegar a España”

-Es que es mentira la igualdad.

-No, y tú le respondes “bueno, yo es que no creo mucho en eso de la igualdad de oportunidades, pienso que la educación debe extenderse, etc...” Explícalo.

-No. Es que la igualdad de oportunidades, cada vez que hablan de eso, en la práctica lo único que trae es la consolidación de los tontos, como está pasando, y de los incapaces y de los absolutamente torpes; esto lo estamos viendo por ejemplo en la Enseñanza española, a dónde ha llevado esa igualdad, etc... Yo creo que lo que debe decirse es: esto, —y es otra cosa entonces distinta—, esta altura de conocimientos, esta altura de inteligencia está abierta a todo el que quiera llegar a ella; que es distinto que rasar por lo bajo, que es lo que está pasando.

-La política, José María, “siento –dices- la más viva repugnancia por el tema, sobre todo después de 1848, y de cualquier forma me parece un tema menor, para gente que no da para otra cosa.”

-Sí, es un tema menor. Lo que sucede es que sufrimos las consecuencias, sufrimos todos, porque evidentemente de que haya un gobierno a otro pues las sufrimos por todos los lados, desde las Libertades a la Hacienda, a lo que tú quieras, pero no deja por eso de ser un tema menor; quizá no lo fue tanto en otros momentos, pero Pericles ya no hay.

-“Las prostitutas, un destino femenino y, por qué no, memorable”. Este libro [MUSEO DE CERA] está lleno de putas...

-Sí, yo, sobre todo en mi juventud, —bueno además era algo muy de la época—, frecuenté muchísimo a las prostitutas, y guardo una...

-Cuando eras un hombre de billares, de poker...

-Claro, y guardo una memoria cordial y una memoria entrañable. Conocí muchas mujeres que eran, aparte de lo que sabían en ese campo, eran personas con las que podías hablar, y se estaba muy bien, era un ambiente cálido.

-“El proletariado, probablemente el grupo humano más intolerante, vulgar e insensible que se haya conocido, de todas formas, sé poco de ellos”.

-Sí, porque, vamos a ver: en este mundo, uno, y eso no lo elige, nace en una clase o nace en otra. Evidentemente si nace en una clase que tiene menos recursos al final lo que hay que procurar es que, si vale, suba y cada vez tenga una posibilidad mayor de formarse, de vivir, de vivir mejor, de enriquecerse culturalmente, etc... Pero, quiero decir, de donde sales, si es una situación con menos recursos, es una situación mala, que no hay porqué glorificar, ¿comprendes?. Eso es como cuando los cristianos glorificaban el dolor; ¿pero por qué? Lo que hay que hacer es salir de ahí, pero no glorificar eso. Evidentemente es la clase —es que es lógico— más inculta, etc..., mientras se permanezca ahí; lo que hay que hacer es que se vaya hacia arriba, pero no glorificar situaciones que no son buenas en ningún sentido.

-Otra bestia negra tuya, el Estado del Bienestar. Le acusas de haberse cargado la sociedad y rematas la intervención diciendo “como escribió mi amado Cioran, no tardaremos en contemplar el canibalismo bajo los cielos”.

-El jugaba con una canción: sous les toits de Paris. Pero sí, porque es mentira el Estado del Bienestar. Si uno lo piensa bien, no se trata tanto de digamos el trasvase de fondos de unos grupos que tienen más, hacia otros que tienen menos; en el fondo es un trasvase de libertades hacia el Estado. En el final es el Estado el único beneficiario de todo eso, puesto que a través de los controles que establece mediante el Estado del Bienestar, lo que está haciendo es controlando cada vez más a la población. Y por otra parte, muchos de los aspectos de ese Estado del Bienestar, muchas de las subvenciones no conducen a que la gente esté mejor, a que la gente se capacite más, sino que conducen a un mundo de gandules en el fondo.

-¿La Literatura es, José María, lo inexplicable persiguiendo lo inconcebible?

-Eso es lo que decía Oscar Wilde, en UNA MUJER SIN IMPORTANCIA

-¿Es así? ¿esa es tu visión de la Literatura?

-Sí, sí, claro, pero eso es lo de casi todo. Casi toda nuestra vida es lo inconcebible persiguiendo lo inexplicable, o lo inexplicable persiguiendo lo inconcebible.

-AUTORRETRATO, página 383 [de MUSEO DE CERA] “En la embriaguez soy eterno”

-Sí, sí. Pero eso lo hemos notado todos. Hay algunos momentos, y esa embriaguez en mi caso cuando se ha dado era alcohólica, pero se puede dar con otras sustancias que yo no he... nunca he practicado. Hay momentos en esa embriaguez, momentos de soledad una noche que estás escuchando, comprendes, a Frederica Von Stade en LAS BODAS DE FÍGARO, y de pronto, en esa embriaguez te das cuenta que estás asistiendo a la totalidad del mundo, al botín del mundo, como yo dije una vez en el título de un libro. Lo que pasa es que luego eso es muy difícil de transmitir.

-Derrotado pero no vencido, eso es lo que dijo Hemingway en su discurso de recepción del Premio Nobel, y eso es más o menos lo que dice también una frase de Cernuda que figura destacada en este libro [MUSEO DE CERA]...

-“Abajo todo menos la derrota”. Sí, es la cita que abre MUSEO con letras más grandes, y eso es lo que quisiera que fuese el sentido del libro, sí, yo sólo creo ya en los derrotados.

-¿Legas, como dijo Borges, la nada a nadie?

-Sí. Lego la nada a nadie.

-Prácticamente la última frase del libro es de LAS MIL Y UNA NOCHES, y dice “Amanecía y Sharhrazad guardó silencio” ¿Eso es envejecer, eso es morir?

-Quizá. Bueno, estamos muriendo siempre, pero ya llegamos a una cierta edad que lo que sucede es que lo que no dejaba de ser una referencia externa empieza a ser algo muy concreto, no sólo porque te pase a ti, que notas que tu cuerpo envejece, sino por la pérdida de muchos amigos.

-Para terminar, José María, dos de tus poemas, son dos poemas muy emparentados entre sí, uno se titula  OH, HAZME UNA MÁSCARA y dice:

Descanso sin bajarme del caballo
El calor destroza cuanto se ve
Ante mí la Frontera
Una voz me dice No cruces nunca esa Frontera
Fumo un cigarro
Sacudo mi uniforme de 35 campañas
Indiferente como un caballero
Que lo ha perdido todo y no espera ganar nada
Cruzo el río.


-Muy antiguo ese poema.

-De los primeros. Y el otro poema, que se titula LA ISLA DEL TESORO, dice:

Navegar con los hombres
sin Dios ni Patria
ni ley
Haber sentido
la cubierta y el aire de la mar
como última tierra
Asaltar Maracaibo
Reír ante la horca
Y
sobre las cenizas
de todo un mundo
izar
la seda negra de los perdedores.

-Esa sí es mi filosofía. Ése es un retrato.

-¿Lo he escogido bien entonces...?

-Sí, muy bien.

-Terminó ARDENTISIMA, el bullicioso y amistoso festival poético que todos los años, a los acordes de la consagración de la Primavera, organizan la Consejería de Educación y Cultura del gobierno autonómico murciano, la Dirección General del Libro del gobierno central del país, y la Obra Social y Cultural de Caja Murcia, y también otros muchos patrocinadores dentro y fuera de España, y termina también esta entrega de NEGRO SOBRE BLANCO íntegramente dedicada a echar unas manitas de póquer, de palabras y de opiniones...

-Ojalá pudiéramos jugar al póquer...

-Jugaremos. ...con José María Álvarez, escritor, aquí están sus poderes, poeta, edición definitiva de MUSEO DE CERA, publicada por Renacimiento, y capitán pirata, “allá muevan feroz guerra ciegos reyes”, de ese incruento abordaje poético que lleva el nombre con razón de ARDENTISIMA. Gracias, José María.

-Gracias a ti

-Y extiéndase esa gratitud a quienes han hecho posible la grabación de este episodio enésimo de NEGRO SOBRE BLANCO en el fastuoso Salón de Baile —nos faltan damas, José María— del Casino de Murcia.

-Siempre faltan...

-Lo dicho, nos vamos pero volveremos, será dentro de una semana, lean entretanto MUSEO DE CERA, es una buena compañía, diurna y nocturna. Buenas noches.


 Fragmento del libro inédito EXILIADO EN EL ARTE
Conversaciones en París con el poeta José María Álvarez.
Alfredo Rodríguez, 2009

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