El Lecho de una Extraña


En los países del mundo árabe la Poesía, en el siglo XXI, aún sigue siendo feliz reposadero de las barcas sagradas. Quiere endulzar el destino de la gente, y merece por ello atención constante. No le está negado aún como aquí, en Occidente, ese supremo don, de imperdonable debilidad. Ocurre también lo mismo en América Latina, en países como Colombia o México y, asimismo, en algunos países del Este, como los de la antigua y extinta Yugoeslavia, donde la Poesía sigue siendo pozo perforado, terrazo de adobe donde aún se custodia el Códice. 

Algo que aquí ya hemos perdido, sin duda. Otra cosa más que hemos perdido. Para siempre. Sumergida en las aguas del Éstige.

En Palestina, por ejemplo, la gente acude en masa desde pueblos a la ciudad, alegre, emocionada, como en una romería, cuando un poeta inmenso como Mahmud Darwish (Al-Birwa 1941 - Houston 2008) iba a dar un recital de sus poemas en un auditorio o pabellón deportivo de la ciudad. Como si fuera una estrella del rock. Lo mismo. 

Es algo que aquí nos produce profundo asombro, nos parece hasta ridículo. Llenar un pabellón de gente que va simplemente a escuchar recitar poemas a un hombre. Un solo hombre y sus versos sonando en la oscuridad. Los demás, ciegos con su Poesía. El reino nocturno. Viaje a la luz, a proveer de ofrendas el alma.

Yo descubrí asombrado hace unos años la poesía de Mahmud Darwish. Entró en mí para quedarse como en un misterio órfico. Princesa de los lejanos horizontes. Hay un libro suyo, EL LECHO DE UNA EXTRAÑA (tengo en casa el ejemplar ya mareado, despegado de tanto abrirlo), que me impactó, me golpeó, con su pérdida del equilibrio y la medida. Lo sagrado es un sentir -me dije. La experimentación musical de sus versos, la Poesía culta. Ese acercarse tanto al sol de la Verdad.



CANCIÓN DE BODA

Me he trasladado hacia ti como los astronautas,
de un planeta a otro. Desde tus diez dedos,
mi alma se asoma a mi cuerpo.
Tómame contigo. La paloma ha volado
a los confines del zureo sobre tus costados: el  horizonte
y el eco. Y deja que los caballos galopen en vano
tras de mí, porque todavía no veo mi imagen
en su agua... no veo a nadie,
a nadie, no te veo. ¿Qué
has hecho con mi libertad? ¿Quién soy yo tras
los muros de la ciudad? No hay madre que, con su alheña eterna
frote mis largos cabellos ni hermana
que los trence. ¿Quién soy yo fuera de los muros, entre
campos neutrales y un cielo gris? Sé
tú mi madre en el país de los extraños y llévame
con dulzura hacia lo que seré mañana.

¿Quién seré mañana? ¿Naceré de tu
costilla, mujer que sólo se preocupa de embellecer
tu universo, o lloraré allí, sobre
la piedra que guiaba mis nubes al agua de tu pozo?
Llévame a los confines
de la tierra, antes de que el día despunte sobre una luna
que arroja lágrimas de sangre en el lecho. Llévame con duzura
como la estrella lleva hacia ella a los soñadores,
en vano.

En vano miro tras los montes de Muab.
No hay viento que retorne el vestido de la novia. Te amo,
pero mi corazón vibra con el retorno del echo y anhela
otra azucena. ¿Hay tristeza más
confusa para el alma que la alegría de la adolescente
en su boda? Te amo aunque recuerde
el ayer y recuerde que he olvidado
el eco en el eco.

El eco en el eco. Me he trasladado a ti
como el hombre se traslada de un ser a otro.
Hace poco, éramos dos extraños en dos países lejanos.
¿Qué seré pasado mañana, cuando sea
dos? ¿Qué has hecho con mi libertad? Cuanto
más miedo tengo de ti, más voy hacia ti,
y no poseo otro mérito, oh mi amor extraño, que 
mi pasión. Sé, pues, una raposa buena en mis viñas
y con el verde de tus ojos mira mi dolor. Jamás
regresaré a mi nombre ni a mi estepa.
Jamás,
jamás.


SONATA II

Cuando giras tu sombra hacia el río, tal vez no busques
del río más que el misterio. Allí, un poco de otoño
rocía al macho de los ciervos del agua desde una nube fugitiva.
Allí, en las migajas del éxodo que nos has dejado.

Tu misterio es el camino de la leche. Polvo de estrellas sin nombre.
Noche es tu misterio en perlas que sólo ilumina el agua,
y las palabras iluminan con un simple
"te quiero" la noche del emigrado entre dos poemas y dos hileras de palmeras.

Yo soy el que ha visto su mañana cuando te ha visto. Soy el que ha visto
los evangelios escritos por el último pagano en la ladera de Yalaad
antes de los países antiguos o después. Soy la nube que vuelve
a una higuera que lleva mi nombre, como la espada el rostro de la víctima.

Cuando giras tu sombra hacia mí, tal vez otorgas a la metáfora
el sentido real de lo que sucederá dentro de poco...



SONATA III

Amo, de la noche, el preludio, cuando venís
de la mano y me abrazáis lentamente, estrofa a estrofa.
Me eleváis con vuestras alas. Amigos, quedaos, no os apresuréis
y dormid a mi lado, cual alas de golondrina fatigada.

Vuestra seda es cálida. Que espere un poco la flauta
y pula una sonata cuando me encontréis misterioso y bello
cual significado a punto de desnudarse que, no pudiendo llegar
ni esperar ante las palabras, me elige como umbral.

Amo de la poesía la espontaneidad de la prosa y la imagen oculta,
sin una luna para la elocuencia: cuando caminas descalza, la rima abandona
el coito de las palabras y la cadencia se rompe en la cima de la experiencia.

Un poco de noche cerca de ti me basta para salir de mi Babilonia
hacia mi esencia: mi fin. No hay jardín en mí. Mi interior
y toda tú eres tú. Y de ti se desborda mi "yo" libre y bueno.


SONATA IV

Lentamente fricciono tu sueño, oh nombre que habito
en sueños. La noche se cubrirá con sus árboles y dormirá
sobre su tierra, dueña de una breve ausencia. Duerme, para que yo flote
sobre las pecas de luz que se filtran de una luna que poseo.

Tu pelo acampa sobre tu mármol como beduinos que se duermen por descuido
y no sueñan. Tu par de palomas te ilumina desde los hombros
hasta la margarita de tu sueño. Duerme sobre ti y en ti,
y que la paz de los cielos y de la tierra abra sus salones, uno a uno, para ti.

El sueño te cubre conmigo. No hay ángeles que porten el lecho
ni espectro que despierte al jazmín. Oh, mi nombre femenino, duerme.
Ninguna flauta llora por un caballo que ha huido de mis jaimas.

Igual que sueñas eres, verano de una tierra nórdica
que entumece sus mil bosques por influencia del sueño. Duerme,
y no despiertes en mi sueño al cuerpo que desea otro cuerpo.



DOS PÁJAROS EXTRAÑOS EN NUESTRAS PLUMAS

Mi cielo es gris. Frótame la espalda, extraño,
y deshaz lentamente mis trenzas. Dime
en qué piensas. Dime lo que acaba de pasar
por la mente de Yusuf. Dime algunas palabras
sencillas, esas palabras que a una mujer le gusta
siempre escuchar. No quiero una expresión
completa. Me conformo con un signo que me disperse por el vuelo
de las mariposas, entre las fuentes y el sol. Dime
que soy para ti tan necesaria como el sueño, no porque
la naturaleza rebose de agua en torno a nosotros. Y despliega
sobre mí un ala de azul infinito.
Mi cielo es gris,
gris cual pizarra antes de la
escritura. Escribe sobre ella con la tinta de mi sangre cualquier
cosa que la cambie: una palabra, dos palabras no
demasiado rebuscadas. Di que somos
dos pájaros extraños en Egipto y en 
Siria.
Di que somos dos pájaros extraños en
nuestro plumaje y escribe tu nombre el mío bajo
la aserción. ¿Qué hora es? ¿De qué color son
tu cara y la mía en los espejos nuevos?
Yo no poseo nada para que se me parezca.
¿La dama del agua te ha amado más? ¿Te ha seducido
sobre una roca del mar? Confiesa
que has prolongado veinte años tu extravío
para permanecer cautivo de sus manos. Y dime en qué 
piensas cuando el cielo se vuelve gris.
Mi cielo es gris.
Me parezco a lo que no se me asemeja.
¿Quieres retornar a la noche de tu exilio
en el pelo de Huriyya o
a las higueras de tu casa? No hay miel que hiera al extraño
aquí ni allí. ¿Qué hora es?
¿Cómo se llama este lugar? ¿Qué
diferencia hay entre mi cielo y tu tierra? Dime
lo que dijo Adán en secreto. ¿Se liberó
cuando recordó? Di cualquier cosa que cambie color
de este cielo gris. Dime algunas palabras
sencillas, esas palabras que a una mujer le gusta
escuchar de vez en cuando. Di
que dos seres, como tú y yo, pueden
portar toda esta semejanza entre la niebla
y el espejismo y regresar sanos y salvos. Mi cielo
es gris. ¿En qué piensas cuando el cielo es
gris?

Mahmud Darwish
EL LECHO DE UNA EXTRAÑA
Traducción, presentación y notas de María Luisa Prieto
ed. Hiperión, 2005
Mahmud Darwish, eterno poeta en el Exilio

Publicar un comentario

  © Blogger template Shush by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP