Un momento de dicha incorpórea

 
[Fue un momento mágico. Un momento de dicha incorpórea. Uno de esos momentos que nunca olvidaremos, y que alguna vez contaremos a nuestros nietos, si es que algún día los tenemos y los llegamos a conocer, claro... 
Acabábamos de conocer personalmente a don Antonio, algo largamente esperado y deseado. La conversación en una terraza en la Plaza del Parque, a la manera antigua: me sentía  como aquel que, regugiado en el templo de las Musas, había quemado los puentes tras de sí. Entonces, ella -su mujer- se levantó, con su rodilla fastidiada, se disculpó un momento y desapareció.  No sabíamos a dónde. Aconteció súbitamente. 
Volvió al poco rato y traía consigo una joya en sus manos, el NUEVO TRATADO DE ARMONÍA, del que habíamos estado hablando y que yo aún no conocía. Era para mí. La primera edición, de 1999. Lo traía para mí. Lo había comprado para mí, el único ejemplar que quedaba en toda la Isla, en una librería  en la cara soleada del paseo de Vara de Rey. 
La intuición y las emociones se me habían desbordado. La vida vulgar, la vida prosaica, contra la apelación más profunda a las emociones. Aquel luminoso mundo... 
Luego, en la alta noche, de vuelta a nuestro pequeño hotel con encanto -La Ventana se llama-, frente a las murallas del Dalt Vila, estuve entregado a su lectura durante media noche, y estos párrafos fueron los que, en esa misma noche primera, a lápiz subrayé]:


...el escritor, si es sincero, siempre acaba escribiendo lo que debe escribir.

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La  lucha del ser humano -poseído o no por el mal- está dirigida a recuperar y mantener la originaria armonía perdida. De manera extremada, ésa parece haber sido la titánica (...) empresa de algunos místicos y poetas.

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La muerte siempre suele acabar llegando a causa de la ausencia del amor.

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Para aquella persona que haya elegido abismarse en el conocimiento de sí misma, tarde o temprano llegará el momento más difícil: aquel en el que se tiene que renunciar incluso a lo que profesionalmente somos. La llamada del propio espíritu vacía el mundo y, a su vez, parece como si el mundo -en esa hora grave y decisiva- nos vaciara a nosotros. Pero de tal vacío brotará un segundo, verdadero nacimiento del ser.

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¿Es el amor la fuerza que definitivamente unificará los contrarios?

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El éter, (...) el alma del mundo.


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...un dicho popular para deshacer este "nudo" existencial: "por más duro que sople el viento, no se turba el agua en lo hondo del pozo".

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"Dios sobreviene al viento, no se le ve. / Su presencia habita en la noche". Repentinamente, al leer estos dos versos escritos en una tablilla egipcia, pienso en una noche de mi adolescencia, en la cima de una montaña y en el viento manso que en ella soplaba. Acaso allí comenzó todo.

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Toda la noche sin poder dormir. De madrugada me levanto y vuelvo a trabajar en ese poema (...). Me doy cuenta de que la necesidad de recuperar el sueño va unida a la necesidad de dar con la palabra, de situarme en mi centro. Se reanuda el combate. Las palabras parecen estallarme entre las manos y me lleno de dudas. Es algo parecido a poner en orden el mundo, pero la palabra es hoguera: se apaga, llamea, deja brasas y escorias en nuestras manos. Esperar hasta que del "horno" descienda y se solidifique el oro del poema.

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...amar, sobre todo, para no perder nuestra propia armonía, pues (...) "una vez olvidado el amor, no se puede rehacer íntegramente la unidad de la vida".

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Hoy sólo tengo ese rostro poderoso y frágil. Le pido que me diga algo en la penumbra del cuarto y en la penumbra en que se encuentra mi ser. Los años pasan y el tiempo duele. Por eso, le pido que antes de llegar más dolor, antes del fin, me dé la clave de su presencia, me dé la palabra.


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El sonido del verso en los labios hace florecer las cenizas.

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Mas hay otra serpiente (kundalini) que saca todo el mal de aquellos hombres que tienen la suerte de hallar su centro. Sigue esta serpiente dentro del cuerpo los caminos de la médula y de los nervios, caminos invisibles. Va, lenta, despertando todos los corazones negros, enquistados, del hombre. Es como de semen y fuego. Al fin, estalla entre las cejas, sale con su luz a luz. Atrás -también de luz- queda el hombre salvado.



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En caminos de agua despertó mi corazón.

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Alguien escribe en nuestro rostro. Alguien dibuja en nuestro rostro. ¿Qué signos? ¿Qué trazos? Alguien escribe y escribe con la tinta del tiempo en los rostros y sólo hay una forma de detener de golpe -aunque momentáneamente- esa selva de nervios, de arrugas, de poros, de signos: cerrando los ojos. Cerramos los ojos y el mundo se borra. Cerramos los ojos y nos borramos a nosotros mismos. La nada plena de los ojos cerrados lucha contra los signos-arrugas que en nuestro rostro traza el Escriba.


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Hay una noche profunda y, en ella, un profundo valle. En su hondura sembré mi dicha y enterré mi dolor.

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Si alguna vez te olvido, recuérdame en el azul de nuestras noches. En él no hay olvido...

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Llévame otra vez hasta nuestras noches azules, hasta el corazón húmedo y azul de la isla.

TRES TRATADOS DE ARMONÍA
Antonio Colinas
ed. Tusquets, Barcelona 2010

el sendero centrífugo de Antonio Colinas

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