Un estímulo para los hombres espirituales


Son muchas las versiones, las traducciones que existen, sobre los sabios poemas, las Rubaiyyat o cuartetas, del viejo poeta persa Omar Khayyâm o Jayyam (1040-1123). 

Desde su primera aparición en Occidente, en 1859, estas cuartetas, escritas entre los siglos XI y XII, han conocido un éxito y una difusión poco habituales para obras de tal naturaleza. Son una de las cumbres indudables de la poesía universal de todos los tiempos. A partir de las traducciones inglesa y francesa, se divulgaron en el mundo entero, influyendo en poetas de todas las lenguas y ganando sin cesar nuevos lectores y admiradores.

Así que, a poco que busquéis por ahí, seguro que encontráis varias, y todas diferentes, tantas como valientes eruditos se hayan aventurado a traducirlas; y algunas de ellas, o casi todas, retraducidas, esto es, traducciones a su vez de traducciones, desde el antiguo árabe persa o farsí, pasando, como digo, por el inglés o francés, hasta llegar al alemán, italiano o incluso al portugués, y español o castellano. Pero, en fin, la buena poesía conserva siempre su esencia intacta, a través de ese fascinante viaje lingüístico, en fragante agua de rosas.

Yo mismo, sin ir más lejos, en mi biblioteca de casa tengo varias ediciones, totalmente diferentes entre sí, cinco para ser exactos (y no serán las últimas que adquiera): una edición mejicana del ARCA DE SABIDURÍA, de Félix E. Etchegoyen, según versión francesa de Franz Toussaint; otra catalana, de EDICOMUNICACIÓN, de un tal Pedro Ramírez Cueto, según la famosa versión inglesa de Francis Scott Fitzgerald; la edición que hizo Carlos Areán para VISOR en 1981, muy buena, quizá la mejor para mi gusto; otra, también excelente, con introducción y edición del gran escritor persa contemporáneo Sadeq Hedayat y versión española de Zara Behnam y Jesús Munárriz, para HIPERION; y, por último, una preciosa, con ilustraciones fabulosas, que preparó, con sumo gusto como siempre, José J. de Olañeta para EL BARQUERO, en versión castellana de Esteve Serra, según la traducción francesa de Franz Toussaint. Esta última buscadla, os la recomiendo: es un libro muy bonito para regalar, con amplio formato y diseño elegante, y con muy bellas ilustraciones a color, como digo (aunque la traducción no sea muy lírica que digamos...). 

Pero hay muchas más, muchísimas versiones. Yo seguiré buscándolas en Ferias de viejo.  Por cierto, se acerca peligrosamente mi cuarenta y un cumpleaños, así que si alguien lee esto y quiere regalarme algo y quedar como un señor/a, ya sabe lo que tiene que hacer, je, je...

Omar Khayyâm es considerado uno de los más grandes sufíes o místicos de Persia, la civilización más refinada y exquisita de la tierra. Matemático y astrónomo, además de poeta y filósofo, gozó en su tiempo de fama de gran sabio. Se trata del más libre pensador del Oriente, y llama además poderosamente la atención el hecho de que, en ese colapso de la Cultura, que llamamos Edad Media, haya podido alguien lanzar al mundo, en pleno fanatismo y oscurantismo, un mensaje como el suyo: ateo, iconoclasta, agnóstico y herodoxo, sin velos ni cortapisas de ningún tipo.

Su poesía, eminentemente simbólica, expresa elevados estado contemplativos, bajo el disfraz de un lenguaje cínico y libertino, y utilizando imágenes de carácter báquico y erótico.

Los eruditos orientales y los mismos persas afirman que la poesía de Khayyâm o Jayyam es la expresión de su propia vida, el fruto de su experiencia escrita de vez en cuando. Trabaja sobre los objetos de la realidad; cuando habla del vino, habla del vino verdadero, cuando habla de una muchacha, es una joven de carne y hueso. En casi todas su cuartetas se escucha un grito de agonía. Esa sabia poesía quiere ser un revulsivo frente a una religiosidad meramente externa, y quiere ser también un estímulo para los hombres espirituales, para que renuncien verdaderamente a las vanidades del mundo y busquen la pura realidad del espíritu. Quién da más, amigos...

El hecho es que sus cuartetas nos dejan un gran impacto, por ese contenido que albergan y que en apariencia muestra la dualidad de lo sagrado-profano desde unas posiciones de escepticismo y rebeldía. Muchos han sido los que por ello han identificado al gran poeta persa como un nihilista sarcástico embargado por la indiferencia y el pesimismo. Otros, sin embargo, han advertido en las Rubaiyyat o rubai, el delicado perfume del sufismo y, desde esta perspectiva, su lectura adquiere una dimensión diferente y reveladora.

Sea como fuere, aquí queda esta joya de la Literatura universal, de un viejo poeta que llega con sus versos, por exceso de sabiduría, al descreimiento sobre todo lo humano y lo divino:


Olvida el día que te abandona.
No te inquiete el de mañana que aún no ha venido.
Desdeña lo que ha sido y lo que habrá de ser.
Vive tu instante y no arrojes al tiempo tu vida.

***

La rueda de los cielos multiplica el dolor.
Hoy nos pone aquí abajo y mañana nos lleva.
Si los que aún no han llegado conociesen su suerte,
pedirían a gritos no tener que nacer.

***

Date prisa en atrapar algún fruto en la tromba del mundo.
Siéntate en el trono de la alegría y aproxima a tus labios tu copa.
A Dios le importan un bledo la oración y el pecado:
Goza a fondo aquí abajo de tu dulce placer.

***

¿Hasta cuándo te adorarás a ti mismo
y gastarás tus horas persiguiendo el origen del Ser y la Nada?
Bebe vino. Esta vida a la que sigue la muerte,
es mejor que la pases ebrio o dormido.

***

Siéntate y bebe: gozarás de una felicidad que Mahmud no conoció.
Escucha los armónicos laúdes de los amantes, son los verdaderos salmos de David.
No te abismes en el pasado ni te angusties por el futuro.
Que tu pensamiento no se proyecte más allá de lo presente. He aquí el secreto de la paz.

***

Cuando muera, conmigo habrán muerto las rosas, los cipreses, los labios bermejos y el vino perfumado.
No habrá ya albas ni crepúsculos, penas ni alegrías.
El mundo habrá dejado de existir.
El mundo sólo es real en función del pensamiento.

***

Olvida que no lograste la recompensa que merecías.
Sé feliz. No te lamentes de nada.
No esperes nada.
Lo que te debe suceder, escrito está en el Libro que hojea al ocaso el viento de la Eternidad.

***

Mi nacimiento no trajo al mundo provecho alguno.
Mi muerte no disminuirá ni su esplendor ni su grandeza.
Nadie pudo jamás explicarme
por qué he venido ni por qué me iré.


"Sus ratos de ocio los dedicaba a conversar con sus amigos y a disfrutar de los pequeños o grandes placeres de la vida..."

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