sobre Venezia II

Venezia, 2009 / foto Carmen Marí

[Lo prometido es deuda, amigos. Aquí va la segunda entrega de los poemas venezianos de don José María Álvarez con los homenajes que el poeta le brindara a la vieja y hermosa Ciudad Nobilisima y Serenissima. 

Las engorrosas anotaciones aclaratorias que figuran al final del texto forman parte de un alocado proyecto mío, un empeño faraónico por querer anotar y clarificar la inmensa obra de este gran poeta apátrida y universal. Es un trabajo en el que todavía me hallo felicísimamente inmerso, por lo cual muchas de esas notas aún no son definitivas y algunas otras esperan todavía ser cotejadas con el autor. Es inabarcable, impresionante todo lo que puedo llegar a estar aprendiendo con este trabajo. No tiene fin. Como el propio Álvarez dice, anotar por anotar se puede llegar a anotar hasta el infinito...

En fin, quiero dejar absoluta constancia de que no se trata de ningún estudio crítico ni hermenéutico de su obra (para lo cual no me siento en modo alguno capacitado), sino simplemente, y como digo, de unas modestas notas aclaratorias de algunos conceptos y términos que aparecen en los poemas, acaso destinadas simplemente a su mejor compresión durante la lectura, todo lo cual -aunque, estoy convencido, destruye la poesía- quizá sirva alguna vez para algo a alguien tan inquieto y curioso como servidor].


FOR GOD, YOU HAVE HERE A GOODLY
DWELLING, AND RICH[1]
  «Famosa memoria»
WILLIAM SHAKESPEARE

«Estoy abierto a todo lo que pueda instruirme»
BERNARD MANDEVILLE

«Creo que la única historia digna de consideración es aquella que trata
de mi familia»
THOMAS, CONDE DE ARUNDEL


Es la Venezia que adoro
Donde soy feliz Pero acaso
No la amaba ya antes de contemplarla
Ese deslumbramiento no había sido
Designado por antiguas láminas por libros
Donde se narra su destino?
Como escribir fuera siempre el espectáculo
Lunar de los Angeles de Rilke[2] la Belleza
La Estela de los Estuardo de Canova[3]
Y así París si fue mi juventud
Son evocaciones como saliendo de la niebla de Verlaine
De noticiarios de la Liberación del 44[4]
Mi paso por aquel puente repetía
Los de Dante Y mi asombro ante Roma o Esmirna[5] o lstanbul
Es el de todos cuantos me precedieron
Y me lo enseñaron fundido con mis ojos
Como yo estaré en otros
Sobre las ardientes arenas he sentido
La presencia desesperada de
Lawrence[6] En cada estación la muerte de la Karenina[7]
Ante paisajes que amo o ciertas telas
O emocionado ante una fachada imagino
Qué sentirían allí Montaigne Stendhal Goethe
Como miré los firmamentos sicilianos
Con los ojos del Príncipe[8] Y con Stevenson he navegado
En busca de fortuna y toda tierra en la lejanía
Era la que Hawkins[9] vio saliendo del amanecer
En el capitulo XII de LA ISLA[10]
Tantas mujeres no han sido sino la esfinge
Con la que yo decoraba una historia
Cuya contemplación era lo que me satisfacía
Y en cuántas páginas
De Shakespeare o de Tácito
O de Plutarco vi desfilar instantes de mi vida
Y al suceder en ellas engarzarse
Con la vasta respiración de lo nacido
En aquel campo de batalla yo noté
El paso de Fabrizio
Del Dongo[11] que también cruzaba en otro sueño
La soledad es el viento
Contra la fortaleza de Essaouira[12]
Alguien me ha precedido
Hasta en mí mismo en la pasión
Por la Callas[13] y la lealtad
Al viejo Sur Confederado[14]
Un niño que yo fui creó a lo largo de sus noches
Al hombre que ahora escribe


LOS OJOS DEL PLACER
  «Quien vino después reinó como un malvado»
OSCAR WILDE

 Para María del Mar Bonet,
“noça inefable, enyor, rara visit en
la nit[15]”.


Conserva cuanto puedas de aquel día,

la luz espléndida naciendo
por los enormes ventanales,
o las manos del Príncipe[16] entregándote
su libro, los jardines, la voz
de Callas en «L’altre notte in fondo
al mare»[17], las copas
de vodka
adorablemente frías,

mas sobre todo guarda
el cuerpo inmaculado que gozaste,
el abandono supremo de sus ojos
una vez que el deseo fue cumplido.


MIEUX Q’AU TEMPS DU TIÈDE RENOUVEAU[18]
 «Ante dos copas de aguardiente
sobre el manchado mostrador»
CONCHA PIQUER & Q. L. Y QUIROGA

«... Bueno. Nadie puede desviarme del camino de perdición que me he trazado»
ROBERTO ARLT

Podéis cerrarme las puertas de Westminster[19]
Las putas de Venezia me consagran

Míos son la pasión y el amor
Y el lujo y la aventura

Meteros Westminster en el culo

Todo vuestro mundo no vale una copa bien bebida
El fuego de la carne el placer de una noche

Sólo mi vida arde con el rayo del siglo

Adorad la Vida

 Puente en la noche de Venezia / foto Carmen Marí, 2009


EIN RÄSEL IST REINENTSPRUNGENES[20]
 «Era una noche azul, serena, clara,
Que embebecido en plácido desvelo,
Alcé los ojos en tributo al cielo»
NICOMEDES PASTOR DÍAZ

«Van los vagos acordes de mi Lira
 entre el rumor universal dispersos»
FROILÁN TURCIOS

Naturaleza es, no sentimiento,
dijo Quevedo de la Muerte.[21]
Y he ahí su rostro, sus ojos que hipnotizan
como el fuego,
su aire espeso como cristal triturado,
su irrespirable agujero
donde alguna vez estuvo.

¡No! ¡Fuera, puta! Pues no ha de ser tu copa
de la que yo beba la embriaguez que deseo.

Yo beberé en la copa de Venezia.
Dejo que su belleza me envuelva
como el olor de ciertas mujeres,
que meta su lengua con sabor de carmín y semen
en mi boca. Amo ese vino.

Sé que debo respetar la voracidad de esta bestia.
Entregarle a Venezia mi carne.
Paso la mano por los muros rojizos que se deshacen.
En el aire mojado de esta tarde de Otoño
sé que esta ciudad es mi defensa
contra la Muerte.
Como su belleza celebra en la pura transparencia
de las emanaciones marinas, más allá
del tiempo, sé que mi admiración
por ella, me une
a su destino.

Qué fabulosa ganancia
bajo el zafiro de los cielos:
El velo de oro ardiente del crepusculo
que rasga un pájaro. La desnudez jubilosa
de la luz
en la que tiembla el día
como un hilo de araña.
Todo lo que inmensamente sucede, depositándose.

¿Valdríás tú, Muerte, podrías
más que la seguridad en quien soy que aquí me arraiga?

Nada que tú puedas mostrarme,
ni los fastuosos tigres de tu odio,
ni ese instante cuando habitas el silencio de las Sirenas,
los túneles despojados donde prometes el apaciguamiento
de todo dolor,
nada
puedes jugarte contra mí
si esta ciudad me defiende,
si Venezia me custodia contra la Nada,
si mi amor por ella me salva.

Ciudad amada.
Como si cuanto ha de adorarse
se ofreciera en su forma más bella,
y al adorar lo incomprensible, humillo
mi voluntad. Y sólo
mis sentidos
arden
ante esa Belleza
como el vaho de Dios en un espejo.


TOSIGO ARDENTO[23]
(fragmento)
  «Exim Annaei Lucani caedem imperat. is profluente sanguine ubi frigescere pedes manusque et paulatim ab extremis cedere spiritum fervido adhuc et compote mentis pectore intellegit, recordatus carmen a se compositum quo vulneratum militem per eius modi mortis imaginem obisse tradiderat, versus ipsos rettulit eaque illi suprema vox fuit»[24]
TÁCITO

Para
María del Carmen Marí:
The nobleness of life
 Is to do thus [Embracing]: when such a mutual pair
And such a twain can do’t, in which I bind,
 On pain of punishment, the world to weet
 We stand up peerless.[25]

(…)

Alguna noche, en Piazza
San Marco[26], contemplando
su esplendor,
imaginaste
aquel era el lugar
perfecto
para acabar tu vida. Sí, ahí, la última botella,
las orquestinas
tocando, pasan japoneses y adolescentes
bellísimas,
la sombra de Ezra Pound.
Sí, pero
no en Invierno, pensaste,
aunque sería más honorable, sino
una de esas
noches asombrosas de final de Verano
entre cientos de turistas, un vals ramplón,
tu memoria es como la cama de una puta. Y, tú,

uno ya con la grandeza
de la Piazza,
van haciendo su efecto los somníferos,
irías viendo desdibujarse las columnas, las cúpulas
de la Basílica[27] apagándose en tu cabeza
la música, las voces Pensarías
quizá, Las
Meninas, The Winter’s Tale[28], María Callas, tratando
de mantener un gesto
orgulloso.

Mientras
los palacios se borran el agua
pudre los cimientos las piedras cubiertas
de verdín.


Por

Dios, déjalo! Todos se han ido!


Y levantas
ante el esplendor de la Luna
esa otra Luna de tu desasimiento
(…)


Existió una mañana

—los palacios se reflejaban en el Gran Canal
como joyas tiradas en una sábana de seda—

Yo recorría los salones
de uno de esos palacios[29].
Estaba lleno de turistas,
asombrados del lujo;
   una—supongo—profesora
monologaba ante unos chicos
sobre cierta tela.   
Miraban
no ya como si aquello
fuera el pasado (incluso
yo, a quien tanto consuela esa belleza), sino
como signos
indescifrables de otro mundo.
Pensé que aquellos techos y pinturas aquellos
muebles y objetos
preciosos, aquellas ropas todo, alguna vez
fue elegido por alguien (alguien cuya vida
casi ni imaginar podemos)
porque era el decorado natural
de su vivir

Nosotros deambulábamos por un acuario muerto,
pedazos de un sueño abandonado
ya sin ninguna relación
con nuestra vida.
         Y pensé en las Stanze
del Vaticano,
creadas para gozo de un gran Papa
El hubiera
estrellado su copa contra un fresco
en una noche deliciosa
Y Rafael hubiese decorado de nuevo esa
pared[30],
y quizá aún mejor.

Ahora esa belleza
era algo que debía
ser vigilado, protegido, gloria
irrepetible, extraña,
que moría
en los ojos
de quienes ya no pueden concebirla.


Pero quizá esa fuera
mi suerte. Ver el final.


   Y como esa belleza

la soledad de mi memoria.



Y es por eso
que no debes temer
la muerte Ni siquiera
la imagines honorable,
orgullosa, engastada
en esa joya espléndida
de la Piazza.

(…)

Sueño de un canal de Venezia / foto Carmen Marí, 2009

Oh, sí, Mundo, Pasa!
Stendhal se sentó en este
café.

 (acaso
aún no se ha sentado
Stendhal
en
este
café) Recuerdo una noche era Invierno la
Luna era una diosa solemne.
       Brillaban
las puertas del Florian[31]
como mariposas de oro en la niebla.

Estaba yo bebiendo lentamente
cuando entró una pareja y tras de ellos
un perro.
   Se sentaron
bajo una de esas pinturas agradables
de Casa y Carlini.[32] Un camarero
vino y sirvió café, unas pastas.
Se retiró. Y al poco rato
apareció llevando una escudilla
de plata, llena de agua,
y la dispuso junto al perro.

Ese esplendor no se improvisa.
Como los ojos de los niños limpiabotas
de Istanbul, como la lepra en El Cairo.
Saber que un fin de mundo
no es más que la vana repetición
de ciertas desventuras ya sabidas,
y jamás con interés superior al de un servicio
crepuscular y perfecto.

(…)

Recuérdalo.

Recuérdalo

         mientras pasan las góndolas
como labios de la Muerte mientras pasa tu vida
y la reconoces en algún
fragmento
       pasan

aves la niebla. La mar rompe
contra los muelles.         Y

nada significa
nada, la Historia
carne podrida,

ah, y tú,

bebedor solitario

    que lo ves todo
ah, tú,
que sabes el final
       Contemplas
en la luz del crepúsculo
fachadas serenísimas, ves sobre la Dogana
apagarse el oro
del mundo, la Fortuna[33] de pronto quieta
en el silencio de los vientos, notas
cómo se hunde la ciudad

Has visto el tiempo en las aguas.
Y lo que amabas, lo que respetabas, flota
como desperdicios en el oleaje.

Piensa en Shakespeare.

Recuerda qué hermosa es esta Piazza
para morir.
Sin conocer a nadie. Una de esas magníficas
noches de Verano, las orquestinas tocan, todo
está lleno de gente
desconocida. Unos somníferos.
Y alcohol.

Mientras la Luna pasa
y ves desvanecerse la belleza.

Dirían, luego: un extranjero, sí, quizá el corazón. Antes de
hacerte la
autopsia.

Qué encontrarán.

Calles que ciegan al viajero, rostros
de mujeres.
        La
noche es una locura. Tiene
brillo de espejos. Sientes
cómo el alcohol es uno
con tu cuerpo,
te hace perfecto como un verso de Virgilio.

       Todos
los que fui han ido
muriendo en noches
así. (…)

De la Edición Anotada inédita de MUSEO DE CERA
José María Álvarez
Alfredo Rodríguez (Pamplona 1969)
 Paseo por el Gran Canal llegando a  Rialto, Venezia 2005


POEMAS DEL EXILIO
 xiv
(fragmento)

CIUDADES amadas,
las que dísteis asilo al caminante solitario:

(…)

Venezia, vieja dama con pasado,
perfecta para cenar, «actuar», sentir incluso
en algún instante «algo».
Pero que ya no es el momento
de estropearlo por
una noche de más o menos
pasión.
(…)


DÉSESPOIR D’UNE BEAUTÉ QUI S’ENVA
VERS LA MORT


LA Laguna se desvanece en la niebla Una
gaviota roza las
inmóviles aguas En la
niebla
irreales los
árboles
de San Francesco
Y en una lejanía de plata muerta
las pavesas de cobre de Venezia
Es un Canto que atrae
como atraían las sirenas
para entregarnos, así, puros
Ah si el que soy en esta llama helada
si el veneno suntuoso de estos velos de plomo
abriera sus alas húmedas
y gotease en la noche fría del alma
su lenta luz de incandescente Luna
Oigo aullar a los locos
Una bóveda de opio se cierra sobre el mundo
Puebla lo que quema Y
en los inmensos funerales
que arden como transparentes virginidades
una fiebre espesa fragua
sal en la memoria huesos en los sueños
Extensas soledades que resuenan
implacables, ese helor Sé
a lo que estamos condenados
Como dice Nadiezhda Mandelstam
entraremos en el futuro sin
testigos: fuera y dentro
de las alambradas
todos habrán perdido la memoria
Mas
está esta visión
Está el amor que anida
todavía
en mi corazón Y que me dice
que aún estoy vivo, y vivo
como siempre quise estarlo
En esta morada de qué Dios
sí, sé quién
soy
Y ya sin Destino
Miro

De SOBRE LA DELICADEZA DE GUSTO Y PASIÓN.  José María Álvarez / Renacimiento 2006
Gran Canal, Venezia 2005


XXX

I sat on the Dogana’s steps mirando las aguas del Canal
Removidas por las lanchas y vaporettos las fachadas
De esos palacios que amo Contemplando poetas esta belleza
Cómo sé que el fragor del mundo no es cosa nuestra ni nosotros
De su interés La Poesía es lo que consuela del Horror

De BEBIENDO AL CLARO DE LUNA SOBRE LAS RUINAS  José María Álvarez / Renacimiento 2008


***

[1] ¡Por Dios, que tenéis aquí una bella y rica vivienda!  Se trata de un parlamento de Falstaff, personaje de Shakespeare que Álvarez ama, en la Escena III, del Acto V, en la tragedia la segunda parte del rey enrique iv.
[2] En las elegías de duino, obra de Rainer Maria Rilke, el poeta se halla bajo la fuerte impresión de su encuentro con el mundo de estos espíritus superiores que son los ángeles (cuya belleza "es el comienzo de lo terrible"). Los ángeles de Rilke poco o nada tienen que ver con los ángeles de la guarda o los mensajeros del Dios vivo de la tradición cristiana y menos aún con esos seres un tanto afeminados que aparecen en la pintura europea de los siglos XVII y XVIII. Desde su poder y lejanía ellos pueden llegar a ser no sólo terribles, sino también "aves mortíferas" para el alma humana.
[3] Antonio Canova. Escultor italiano neoclásico (1757-1822). Su obra la estela de  los estuardo -una de las obras de Arte más amadas por Álvarez-, data de 1817 y es el sepulcro de los príncipes Estuardos. Está en el Vaticano y supone un índice de la pluralidad de recursos e imaginación del artista. Se trata de una puerta ante la que montan guardia dos ángeles, uno frente a otro, apoyados a cada lado de la puerta.
[4] La liberación en 1944 de la ciudad de París por las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.
[5] Esmirna o Izmir, en Turquia. Desde la antigüedad ha constituido la entrada marítima a Anatolia occidental. La misma Izmir, llamada Esmirma por los griegos es una de las Patrias de Homero (725 aC) y la ciudad más antigua del Egeo, anterior incluso a Troya.
[6] Lawrence de Arabia, otro de sus mitos.
[7] Anna Karerina, el personaje central de la obra cumbre de Lev Tolstói, que al final de la novela se suicida bajo las ruedas de un tren, seducida por la ocasión “inesperada” de dar a su historia de amor una forma acabada y bella .
[8] Otro de los mitos alvarezianos: Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa y Duque de Palma di Montechiaro (1896-1957), escritor siciliano, autor de una única novela, El gatopardo.
[9] Jim Hawkins, el personaje adolescente de la famosa novela de Stevenson la isla del tesoro.
[10] El capítulo XII de la isla del tesoro (otro de los mitos alvarezianos) lleva por título consejo de guerra. En dicho capítulo, el capitán Ahab reúne a toda la tripulación y les pregunta a ver si alguien ha visto la isla alguna vez. John Silver responde que si. Entonces el capitán le enseña una copia del mapa donde no figuran las cruces y la pregunta algún sitio donde poder amarrar el barco. Cuando todos vuelven a su sitio Jim le dice al doctor Livesey que necesita hablar con ellos urgentemente. Cuando se reúnen y Jim les explica todo lo del motín que se prepara, deciden que lo mejor es seguir adelante como si no pasara nada.
[11] Fabrizio del Dongo es el personaje principal de la novela de Stendhal, La cartuja de Parma (otra de las preferidas por Álvarez), que narra la historia del joven patricio italiano Fabrizio, y sus aventuras durante los últimos años del dominio napoleónico en Europa.
[12] Ciudad costera en la zona sur de Marruecos dominada por los Vientos Alisios. Los portugueses a finales del s. XV fortificaron la ciudad construyendo muros y murallas para protegerlos de invasores y piratas, y la llamaron Mogador.
[13] María Callas, la famosa soprano venerada por Álvarez.
[14] Otro de los mitos alvarezianos: el Sur Confederado. Eran once Estados independientes del Sur. La guerra vino cuando el Norte pretendió la unificación. Entonces los Estados del Sur se unieron para la guerra, entre 1861 y 1865, en lo que se llamó los Estados Confederados de América.
[15] Noça inefable, añoranza, rara visita en la noche. Se trata de un verso extraído de la elegía x, de Carles Riba, Obres completes I, Ed. Selecta, Barcelona, 1965.
[16] Se trata del Príncipe veneciano Gianfranco Ivancic, amigo personal del poeta.
[17] La otra noche en el fondo del mar. Aria del Acto III de la Ópera italiana mefistófeles, de Arrigo Boito. Maria Callas la canta con la Philharmonia Orchestra, Tullio Serafin, en grabación de 1954.
[18] mejor que en la época del tibio reverdecer Es la continuación del séptimo verso de “Brumas y lluvias” de Baudelaire.
[19] La catedral de Londres. ¿Quién habla en este poema?
[20] Un enigma es lo surgido puro. Se trata de un verso de Hölderlin, de su poema El Rin (Der Rhein). El verso que abre la cuarta estrofa del poema.
[21] En sus Poemas Morales (polimnia) Quevedo ofrece dos enseñanzas fundamentales: no dejarse sorprender por la muerte y no temerla. En su poema 44, reconoce que el miedo a la muerte “naturaleza es, no sentimiento”.
[23] Veneno ardiente. Son parte de las palabras que pronunció un buhonero de la Capadocia, que quería venderle unas aguamarinas falsas a nuestro poeta, en una joyería del Gran Bazar de Estambul.” …nunca me creerás, porque mis enemigos han llenado de tosigo ardento tu corazón.Y ahora tu corazón ya no cree en mí”.
[24] Mandó después que se ejecutase la muerte de Marco Aneo Lucano; el cual, mientras le salía la sangre de las venas, cuando echó de ver que se le iban enfriando los pies y las manos y poco a poco se le retiraba el espíritu de las partes extremas, teniendo todavía caliente el pecho y sano el entendimiento, acordándose de ciertos versos compuestos por él en que pintaba la muerte de un soldado herido, los recitó desde el principio y con las últimas palabras expiró. Fragmento del Libro XV de los Anales de Tácito (sobre la muerte de Lucano, poeta y conjurado).
[25] La nobleza de la vida consiste en hacer esto [la besa], cuando una pareja así, cuando dos seres como nosotros, pueden hacerlo; y en este respecto requiero al mundo, bajo pena de castigo, a que declare que somos incomparables. Parlamento de Marco Antonio a Cleopatra, en el Acto I, Escena I de la tragedia shakespereana Antonio y Cleopatra.
[26] En Venecia.
[27] Basílica de San Marco.
[28] El cuento de invierno, comedia de William Shakespeare, en cinco actos, en prosa y verso, escrita probablemente en 1611.
[29] En Venecia. ¿Qué palacio?
[30] En 1508 Rafael se trasladó a Roma, requerido por el papa Julio II, quien le encarga la decoración mural de cuatro pequeñas stanze (habitaciones, estancias) en el Palacio del Vaticano.
[31] Famoso Café veneciano en Piazza San Marco.
[32] En la Sala degli Uomini Illustri (Sala de los Hombres Ilustres) del Florian figuran pinturas de Giulio Carlini de diez notables venecianos: Goldoni, Marco Polo, Tiziano, Francesco Morosini, Pietro Orseolo, Andrea Palladio, Benedetto Marcello, Paolo Sarpi, Vettor Pisani y Enrico Dandolo. En la Sala del Senado las paredes están decoradas por Casa con paneles que representan escenas del mundo de las artes y las ciencias con el tema "el progreso y la civilización, instruyendo las Naciones.
[33] La Punta della Dogana, edificio triangular construido en el siglo XV en el extremo más estrecho del barrio de Dorsoduro, a la entrada del Gran Canal, entre San Marcos y la Giudecca. Un conjunto escultórico de Bernardo Falcone remata la torre, dos atlantes arrodillados que sostienen sobre sus espaldas una esfera dorada sobre la que flota una veleta que representa a la Fortuna. El lugar es maravilloso, y también lo es la piedra de Istria de las paredes exteriores o sus monumentales puertas.

Paseos por Venezia / José María Álvarez, Mamen Cózar y Alfredo Rodríguez 

José María Álvarez y Alfredo Rodríguez, Arsenale de Venezia, Abril 2005

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