El Fabricante de Naipes


Lo ocurrido en la historia de la Música con Albinoni no tiene nombre ni justificación. Ese olvido imperdonable, en fin... Lo de Tomaso Albinoni es una cosa extrañísima. Que la obra de un músico tan grande o más que Vivaldi -para mí mucho más- haya sido silenciada de esa manera, hasta el punto de ser completamente ignorada por el gran público de la Música Clásica, salvo en una obra, su famoso Adagio, ciertamente excelsa, pero que luego ha resultado ser falsa, es totalmente incomprensible.

A cualquier que le preguntéis por la obra de Albinoni de lo único que os acertará a hablar es de su famoso Adagio en diferentes versiones (la de in G minor para órgano y cuerda es la que yo más adoro) que todo el mundo más o menos conoce, pero que al final se ha podido demostrar, con gran sorpresa para todos, que no se trataba más que de una pieza que compuso en el siglo XX un italiano estudioso y gran admirador de su obra, un tal Remo Giazotto, alguien que quiso pasar a la historia como el descubridor de una supuesta obra del genial compositor veneciano que él pudo revelar y desarrollar para la posteridad de la Música.

Pero casi nadie sabe nada -o muy poco- de su verdadera e ingente obra, sus maravillosos Concertos para  violín o para oboe, para uno o para dos oboes (el 7 o el 9, los 12 conciertos, delicadísimos, sublimes), el de "San Marco" para trompeta, el estupendo Concerto a cinque in C del opus 5, el grosso in A minor, las preciosas Sonatas a cinque in A o in G minor, los 12 Concertos del opus 10 para violín, cuerdas y clavecín con ese comienzo, ese allegro impresionante que te sube el corazón hasta la azotea y te quita todas las penas...; en fin, también la maravilla de sus Cantatas, la del opus 4, Poichè al vago seren, con ese Amor, Sorte, Destino! que a mí me inspiró un poema de mi Regreso a Alba Longa; qué sé yo, la Sinfonía in G Major de la London Virtuosi, o los Balletti de la opus 8.



Pocos discos, muy pocas grabaciones pueden adquirirse en España de Albinoni, y menos aún desde que empezaron a desaparecer misteriosamente el noventa y nueve por cien de las tiendas de discos, -en las que yo pasaba las horas muertas escuchando y descubriendo maravillas y hablando de Música con los dependientes que tenían idea del tema, que eran los menos, claro...-. Así que a este melómano no le ha quedado más remedio que ir recopilando durante años grabaciones del viejo músico veneciano que iba encontrando en mis viajes a Francia o a Italia. Recuerdo que en Venecia los discos de Albinoni se vendían hasta en las Iglesias y en las Scuolas. 

Tengo en la amplia discoteca de mi casa más de veinte grabaciones suyas, algunas extraordinarias, de I Solisti Veneti, del Collegium Musicum 90, de la Orquesta de Cámara de Berlín, de la de Toulouse o de Stuttgart, de Camerata Bern, con Claudio Astronio o con Claudio Scimone, de conductor, qué más, The Academy of Ancient Music, las interpretaciones del genial Maurice André, la Orquesta de Cámara "Antiqua Musica" o la English Chamber Orchestra de Raymond Leppard. Y seguiré buscando más, no lo dudéis: esto para mí, como suelo decir yo cuando algo me encanta, no ha hecho más que empezar.

Tomaso Giovanni Albinoni (1671-1751), veneciano, fue originalmente un fabricante de naipes, pero por mostrar una temprana inclinación musical y haber aprendido a tocar el violín en su juventud, llegó a ser no sólo un excelente intérprete de dicho instrumento, sino también un excelente compositor. Pocos músicos revelan un talento profesional semejante como compositores. No escribió un solo movimiento de confección descuidada o mediocre, y muy pocos que no demuestren un dominio poco común de la forma orgánica. Nunca tardó más de un mes en componer una ópera y -aunque los compositores italianos de la época eran dados a exagerar el número de óperas sin temor a ser desmentidos- se dice que había escrito más de 200 obras de este género. De las cincuenta y una óperas conocidas, treinta y siete fueron escritas para teatros venecianos y catorce para escenarios de fuera de Venecia.


Albinoni fue una figura muy respetada en el mundo de la ópera veneciana. A excepción de Vivaldi, gozó de más éxito que ningún otro compositor veneciano de su época (y sin la habilidad de éste para procurarse trabajo gracias a su actividad paralela como empresario), y consiguió ir por delante de los cambios de estilo y modas. Al contrario que Vivaldi, no mantuvo un gran trato comercial con clientes particulares. Además, la música de Albinoni nunca fue de las predilectas de los intérpretes virtuosos. Sin embargo su conciertos, con sus escasas exigencias técnicas, resultaron ser un material ideal para orquestas locales y de aficionados, lo que condujo a su difusión extraordinariamente amplia por el norte de Europa, después de su muerte. Los comentaristas más recientes reconocen en sus obras instrumentales un encanto melódico y una coherencia estructural fuera de toda duda.

Albinoni no sólo fue fértil en invención e ingenio, sino también genial y grande en su arte, incesantemente activo e incansablemente trabajador. La Opus 5, por ejemplo, contiene en sus movimientos finales obras maestras de escritura fugada a cinco partes, y en sus movimientos iniciales se hallan contrapuntos tan excelentes y eufónicos que no es de extrañar que durante un tiempo Bach se sintiera atraído por Albinoni. En sus sonatas y ballettis de la Opus 8, hay numerosos cánones y fugas dignos de un maestro.

El veneciano ignorado vuela con amplias alas sobre los horizontes musicales del siglo XVIII. Albinoni ha sido ridículamente despreciado, sin tener en cuenta que ejerció una gran influencia formativa sobre su más eminente compatiotra y contemporáneo, Antonio Vivaldi. Digno y compuesto, su Música se hunde y se remonta una y otra vez, elevándose hasta las más altas cumbres, donde con sus ojos de águila escruta las mayores distancias. De la tierra extrae la verdadera sustancia y una fuente segura de regeneración: la sustancia de Corelli, la realidad. Y en las alturas, hacia el firmamento, donde reside lo desconocido, lo ignoto, la anhelante llamada de lo nunca visto; lejanos siempre lejanos espectáculos, llenos de misterio y tentaciones románticas. Así es la Música de Tomaso Albinoni, el humilde fabricante de naipes.
Notas extraídos del interesantísimo libro 
TOMASO ALBINONI, The Venetian Composer and his world
Michael Talbot
Alianza Música, 1995

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