El Derrotado

[En una de tantas Antologías de Poetas que publicó a finales del siglo pasado José Luis García Martín -este buen hombre, aunque algunos no lo vean así, al que últimamente ando yo siguiéndole la pista muy de cerca-, Las voces y los ecos (1980), La generación de los ochenta (1988), El amor en poesía (1989), Selección nacional, última poesía española (1995; 2ª ed. 1998), Treinta años de poesía española (1996), La generación del 99 (1999), en concreto, en la primera de ellas, LAS VOCES Y LOS ECOS, descubrí yo hace unos años a un poeta diferente, un poeta cuya personalidad y cuya poesía me subyugó al instante, un poeta de ésos que pasan desapercibidos para el pequeño gran público de la Poesía: José Gutiérrez (Nigüelas, Granada, 1955). 

Y digo un poeta diferente, y digo bien, porque se trata de uno de esos contados vates  tan sumamente orgullosos de su condición de poeta, orgullosos por encima de todo y pese a quien pese,  poetas que a mí tanto me seducen en su vanidad y en su defensa a ultranza de su noble arte y oficio.

El excelente crítico, buen poeta y mejor antólogo García Martín tuvo a bien seleccionar a José Gutiérrez en ésta su primera Antología de nuevos poetas patrios, cuando Gutiérrez sólo tenía 25 años; pero poco o nada se supo después de este poeta tan inmenso a mi entender. En la foto que acompaña a los poemas,  en el libro que editó Júcar en 1980 dentro de la colección dirigida por Manuel Aragón, LAS VOCES Y LOS ECOS, aparece el poeta muy de mañana, sentado en una silla de mimbre ante un balcón que da a hermosos campos de Granada y vestido con una especie de albornoz o poncho o enorme manta a cuadros, qué sé yo, que le cubre el cuerpo, y una cara soñolienta como de haber pasado una mala noche de farra.

En los últimos años, sin embargo, la editorial madrileña Huerga & Fierro, en la Colección SIGNOS dirigida por Ángel Luis Vigaray y Leopoldo Alas, lo rescató del olvido, rescató sus enormes poemas del cajón en que dormían el sueño placentero de los justos, publicando en 1996 una magnífica y certera selección personal que al parecer hizo el autor de sus propios poemas, bajo el título POEMAS (1976-1996) y, publicando asimismo y diez años después, un nuevo e inédito poemario, LA TEMPESTAD SERENA, en 2006.

En la Antología de García Martín de 1980, LAS VOCES Y LOS ECOS, como interesante paso previo a los poemas presentados por el antólogo, se recoge un cuestionario idéntico para todos los poetas seleccionados. Éstas son algunas de las frases, que yo subrayé en su día -a lápiz, como tengo costumbre desde siempre que me enfrento a un libro (en verdad, no sé leer sin un lápiz entre los dedos para ir marcando cosas, destrozando al final el libro)- en ese cuestionario, dichas como respuesta por don José Gutiérrez, este noble poeta granadino casi olvidado:]


No soy partidario de la idea de que el poeta deba explicar su propia obra de otra forma que no sea con su poesía...

***

Proliferan "poetas" aquí y allá, cualquier individuo parece tener acceso al sublime arte de la poesía...

***

El "aliento poético" (...) primera condición para que exista el poeta. Y a partir de ahí, toda una serie de cualidades como son el dominio del lenguaje (...), rigor poético y rigor intelectual, el entusiasmo que (...) proporciona la juventud -su mejor arma- y una sorprendente capacidad de asombro ante la realidad del mundo...

***

La poesía es (...) fuente de gozo sólo comparable al que proporciona el cuerpo amado en el instante supremo (...) del placer.

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Adopto la postura de no opinar sobre mi propia poesía...

***

Sí citaré algunas reseñas sobre mis libros que considero escritas con la "inteligencia y sensibilidad del lector experimentado" de que hablaba Cernuda. Y no es poco.


[Y, asimismo, en el libro POEMAS (1976-1996), el propio José Gutiérrez se auto-prologa en 1996, dejando dicho por escrito cosas tan lúcidas y perennes como las que yo reproduzco a continuación y que en su día dejé subrayadas a lápiz para siempre:]


Con los años uno va comprendiendo que en literatura, como en la vida, lo que cuenta es aprender a elegir.

***

Escribir es un acto de gratitud y de supervivencia. De gratitud a la tradición que nos alienta y condiciona, y de pura supervivencia personal (...) en la conciencia individual y en el momento preciso del instante creador.

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...mis libros, (...) necesarios eslabones de un aprendizaje nunca culminado.

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...el atrevimiento de la excesiva juventud, en literatura, es antes defecto que virtud, (...) sólo el tiempo nos da la medida de nuestra equivocación...

***

...unos pocos poemas, o algunos versos, aún conservan (...) algo de la antigua emoción que asocio al recuerdo de su escritura.

***

...concibo el poema como la plasmación artística, a través del lenguaje, de nuestros impulsos más verdaderos.

***

...me conformo, y me daría por satisfecho si estos poemas dejaran en el amable lector un vestigio de aquello que señalaba el sabio autor de Soledades: "Si un libro nuestro fuera una sombra de nosotros mismos, sería bastante, porque francamente es mucho menos: la ceniza de un fuego que se ha apagado y que tal vez no ha de encenderse más".



EL DERROTADO


Cerrar así la noche, con unos pocos versos
que el tedio y la tristeza te han dictado,
no debería ser oficio de quien busca
el placer noble de sentir la vida
por encima de todo afán pequeño
y simulado: así este vicio estéril
de la literatura:
                      ganarías
los vulgares elogios, el desprecio pueril,
cierta fama que nunca has deseado.
Siempre el mismo final,
y lo que ha de quedar -si es que algo queda-
tú ya no lo verás.
Por eso sabes lo inútil
de cualquier trascendencia.

Cerrar así la noche,
con botellas vacías, con el hielo agotado,
llenos los ceniceros y el humo suspendido
en el aire viciado, no es un lujo
que quieras para ti, sino la certidumbre
de haber sido -hoy también-
vencido por la vida.

José Gutiérrez
POEMAS (1976-1996)
SIGNOS, Huerga & Fierro, Madrid 1996

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