Culturalismo, sí


La vida cotidiana exterior y social se distingue por la presencia cada vez menor de la cultura, seguramente por el fracaso del sistema educativo y por la enorme influencia de la televisión y del cine, que ofrecen primordialmente distracción oligofrénica para analfabetos y proponen modelos de éxito y prestigio basados en la fuerza bruta, el poder, el dinero y el arribismo. La mitad de los españoles ignora la lectura, y lo que lee mayoritariamente la otra mitad es subliteratura fomentada por la publicidad. Lo que debe entenderse por Cultura sólo está presente en círculos minoritarios, y la Literatura de tradición y naturaleza culta tiene un horizonte de recepción muy reducido. Así que la vida cotidiana, en el sentido al que me estoy refiriendo, no puede tener más que una influencia disuasoria.

En cuanto a la acepción interior de vida cotidiana como conciencia de mi relación con los demás y con el mundo, la cultura y los hechos biográficos son estímulos equivalentes de la escritura. Los hechos de la experiencia cotidiana inducen a leer en términos emocionales y personales la experiencia cultural, y ésta reviste de trascendencia la cotidiana. Ambas experiencias están indisolublemente entrelazadas en el funcionamiento de mi pensamiento, y en la génesis, la exploración y la formulación de la mezcla de emoción y reflexión que constituye el poema. Nunca he añadido referencias culturales a uno concebido sin ellas; las que mis poemas contienen forman parte de ellos desde sus primeras intuiciones aún no verbalizadas.

No veo razón para falsear ese funcionamiento mental espontáneo y auténtico, inherente a toda persona culta. El intento de descalificar la natural convivencia de lo cultural y lo cotidiano, o dicho de otro modo, de negar el carácter cotidiano de lo cultural, sería, si se diera, un indicio de que la mediocridad y el analfabetismo se han instalado en la sociedad literaria, de que ésta va a remolque de una sociedad mentalmente empobrecida, en vez de ser su locomotora.

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...objetivar las referencias históricas, literarias o artísticas, teniendo en cuenta que el lector tiende a ser pasivo y perezoso.

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...el fin de la literatura está en la literatura misma; ... el discurso literario se designa primordialmente a sí mimo, y requiere un lector activo y enemigo de la facilidad...

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El culturalismo no niega el intimismo consustancial a la poesía, sino que lo afronta de otro modo, puesto que no existe una sola clase de intimismo. En el culturalismo se va más allá del intimismo primario en cuanto el yo se expresa de modo indirecto y sin nombrarse, y se da cuenta de la experiencia cotidiana a través de la cultural. Ésa es la esencia del culturalismo legítimo. El yo se proyecta en un personaje histórico, literario, legendario o representado en una obra de arte, cuando el poeta entiende que ese personaje se encuentra en una coyuntura existencial semejante a la suya; o el discurso del yo se expresa a través de una obra literaria o artística, ajena y previa, de significado análogo a lo que el yo desea decir de sí mismo, con connotaciones que le interesa incorporar. En ambos casos (...) el yo se expresa por delegación, ya que el poeta escoge instintivamente su máscara por razones de analogía vital y emocional.

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...el amor..., una de las cuestiones básicas de la existencia para las que sólo hay respuesta en la poesía, la filosofía y la religión.

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...el diálogo con la tradición -literatura, arte, filosofía- que conserva un depósito de siglos de respuestas análogas a las que yo puedo descubrir (...) 
...intimismo, metapoesía y culturalismo. Todos mis libros responden a esa fórmula.

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...el sueño de la escritura, intérprete (...) del pensamiento y de las emociones, y dirigido a un destinatario incierto y de receptividad dudosa.

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...como dijo Baudelaire, convierte en oro el cieno de la realidad.

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Con la tradición debe entablarse un diálogo que consista en asimilarla sin imitarla ni reproducirla.

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La generación siguiente a la mía ha buscado el entronque con la del 50, y dentro de la gran divesidad de ésta, con el registro que resulta más opuesto a nosotros: la poética de la sencillez conversacional y de la referencia a la anécdota cotidiana y costumbrista urbana; la poética de la comunicación fácil y automática que asumieron los poetas sociales, trasladada -como ya ocurría en ellos- a la expresión primaria del intimismo superficial. Creo que en esto ha intervenido también la pretensión de los poetas de los 80 de conseguir un público más amplio imitando los recursos de la novela que a su alrededor se escribía, se premiaba y se jaleaba comercialmente, a costa de la pérdida de la exigencia y la calidad.

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...todo lo que en esa tradición es, del Barroco a la Vanguardia, adquisición de maestría verbal.

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...el arte debe aspirar siempre a ser válido fuera de cualquier limitación temporal. (...) Lo contemporáneo es un peligroso canto de sirenas, que hay que atravesar con resolución; cuando ese canto nos orienta mejor es cuando no lo oímos. Su mayor peligro es hacernos desear el éxito inmediato y fácil, dando al lector aquello que sólo ha de reconocer, sin pedirle el menor esfuerzo e incumpliendo el deber primordial de todo escritor, que es, a mi modo de ver, abrir horizontes expresivos y ofrecer nuevos mundos, lo cual es lo contrario de halagar la inercia del público perezoso, incapaz de aventura intelectual.

Guillermo Carnero

fragmentos extraídos del libro 
"POESÍA '68. Para una historia imposible: escritura y sociedad 1968-1978"
 Antonio Méndez Rubio
Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 2004


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La poesía de Guillermo Carnero (Valencia, 1947) lo tiene todo para espantar al lector ansioso que prefiere que los versos vengan ya cómodamente triturados antes que enfrentarse  él al fastidio de tener que masticarlos. Carnero, un rupturista novísimo para los manuales de historia de la Literatura, escribe una poesía culta, ensayística, con grandes dosis de escepticismo y muy inclinada a la reflexión sobre el propio arte de componer versos.
Nacho Segurado 
blog 20 minutos.es

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