Colección de Días

[Lo confieso, amigos, estoy totalmente enganchado a los diarios de don José Luis García Martín. Desde hace unas semanas, casi meses, son mi lectura de cabecera, favorita e incondicional. 

Los libros de García Martín los voy adquiriendo poco a poco, porque son muchos, más de sesenta según tengo entendido (y tampoco es que me sobre el dinero), pero merecen la pena, os lo aseguro. 

Aparte de poner patas arriba y al descubierto, con todo lujo de detalles, con pelos y señales, todo el entramado, las virtudes y miserias del panorama poético español contemporáneo o más reciente, haciendo una radiografía exhaustiva del tema con mucha, muchísima honestidad y valentía, aparte de eso (que no es poco, claro..., nadie se ha atrevido a hacerlo), están escritos y trenzados con una muy buena prosa, una prosa inteligente y desenfadada, una prosa ágil y directa, resolutiva y pragmática, que a mí me deja con la boca abierta. 

A lugar en sus páginas momentos para todo y de toda índole, momentos del más pleno lirismo, momentos de rabia desesperanzada, momentos de reflexión en la soledad amarga (o feliz, según se mire) del viajero que visita ciudades (en la realidad, en la memoria o en la imaginación) o esos últimos momentos íntimos en nuestra cama que todos tenemos antes de coger el sueño y que en su caso son plenamente productivos. 

Pero sobre todo hay algo que hace a estos Diarios (o dietarios) diferentes, únicos (o por lo menos yo no había encontrado esto en ninguna otra parte, a lo mejor es que no le he leído lo suficiente y hablo por hablar): y es que mezclan realidad y ficción. Hasta el punto inaudito de desconcertar al lector que se sumerge feliz en ellos. Uno no sabe dónde empieza y dónde acaba la realidad, la verosimilitud de lo que allí se dice, ni donde comienza o termina la ficción, la farsa. 

García Martín, o "Martín" a secas (como a él le gusta que le llamen sus amigos) juega con el pobre lector, lo lleva por donde quiere, le toma el pelo, le deslumbra con su inteligencia privilegiada y a veces retorcida, le hace sonreír o reír a carcajadas. Porque Martín es un tío muy honesto, con muchísimo sentido del humor y muy inteligente. Y la verdad, no estamos acostumbrados por aquí a tanta inteligencia. Nos asusta.

También es Martín alguien que se siente a veces muy solo en el mundo. Pero por encima de todo, uno termina un libro suyo y lo primero que le viene a la cabeza es lo siguiente: este tío los tiene cuadrados. A mi me ocurre. Yo, a veces, estoy leyendo sus cosas (sus poemas, porque también es poeta, un buen poeta -no es que sea Machado pero su poesía es muy digna, muy de verdad-), sus historias, reales o novelescas, fabulosas; sus críticas, sagaces, mordaces, sinceras y quebrantahuesos (por encima de amistades y de compromisos); sus crónicas viajeras, verídicas, empíricas o suntuosas y soñadas, sus dietarios y memorias, interesantísimos e instructivos, escritos con coraje y desvergüenza, aunque el paso de los años, e imagino también los problemas personales, le han hecho ir comediéndose mucho, conteniéndose y moderándose; a veces, digo, estoy leyendo todo esto y pienso: los tiene cuadrados, sí señor, Martín los tiene cuadrados].


Procuro transplantar a mis poemas cualquier hallazgo ajeno que me gusta. Plagio mucho, pero sólo a quien merece la pena.

***
...Almuzara (...) es uno de mis interlocutores favoritos (...). Conserva todavía, de la infancia (...), la ingenuidad, el don de maravillarse, el placer de admirar.

***

Lo mismo que la Comunidad europea subvenciona a los ganaderos que dejan de producir leche, habría que apoyar económicamente a los escritores que se comprometen a dejar de escribir.

***

Curioso cambio el mío. Lo que comenzó siendo una ingrata manera de ganarse el pan, la enseñanza, se ha convertido en un divertimento bien remunerado; lo que comenzó siendo una agradable afición, la literatura, es ahora un exigente oficio sin beneficio.
Con el diez por ciento de mi esfuerzo obtengo más del noventa por ciento de mis ingresos; con el noventa por ciento de mi esfuerzo, obtengo menos del diez por ciento de mis ingresos.
Otra manera de verlo: me pagan por hacer lo que cualquier otro licenciadillo podría hacer en mi lugar; no me pagan (o me pagan tan poco que da vergüenza decirlo) por hacer lo que sólo puedo hacer yo.
Pero no me quejo. Me divierte esta paradójica situación.
Yo me subvenciono a mí mismo. Soy mi propio Ministerio de Cultura.

***

...las relaciones literarias son en gran medida epistolares.


***

Hace falta toda una vida de lector para leer lo que se publica en un día.

***

Tener a mano siempre cien, mil, diez mil libros para poder escoger en cada momento el libro que en ese momento nos apetece leer. El buen lector no aspira a otra cosa.

***

Resulta curioso comprobar la avidez con que los premios literarios buscan siempre lo peor de cada autor.

***

La poesía es ilusión. Leemos lo que queremos leer. Acompañada de un rostro fotogénico, un bonito cuerpo y una pose de juvenil malditismo, cualquier incoherente palabrería puede parecer tan sugerente como una oda de Hölderlin.

***

Gran poesía: la que sigue siendo poesía después de pasar por las manos, ni importa si poco escrupulosas, de los traductores.

***

Esa sensación de agobio ante los muchos libros que algunos sienten yo nunca la he tenido. Para estar a gusto necesito libros nuevos cada día. Claro que no todos es necesario leerlos por entero: basta el prólogo, el índice, el curriculum del autor, unas páginas de acá o de allá. El prólogo y la nota bio-bibliográfica, que no suelen faltar, resultan casi siempre lo más hilarante en los malos libros de poemas.

***

Me gustan los elogios y el éxito tanto como a cualquiera (o quizás un poco más), pero los necesito menos que nadie. En literatura, no necesito ayudas ni recompensas ni palabras de aliento para hacer lo que tengo que hacer.

***

...la belleza está en el capricho. También en la imperfección. Por eso nos gustan tanto las ruinas. Lo incompleto. Lo inútil.


***

...en este sepultado templo al único dios verdadero, el tiempo.

***

La poesía deja mucho tiempo libre. (...) Es compatible con cualquier otra profesión, incluso con las más alejadas de la literatura (...). Pero no tolera que no se respeten las jerarquías: ella es siempre lo primero. (...) Por muy ocupado que esté, jamás se me ocurriría decirle: "Espera un poco". (...) espero siempre que a ella se le ocurra llamarme para ponerme a su disposición.

***

He convertido, si no el mundo, sí mi mundo, en una biblioteca.

***

Me gustan los libros de poemas, de relatos, de ensayos; detesto las novelas de más de trescientas páginas. 
Todo libro de más de trescientas páginas, si no es una recopilación de obras menores, me parece una desconsideración para con el lector.

***

¿Cuándo aprenderé que jamás, jamás, debemos darle nuestra opinión al joven poeta que nos pide nuestra opinión? Especialmente, si insiste en que lo quiere es una opinión sincera.

***

...hay que leer con buena intención; el mejor poeta tiene versos que se prestan a una interpretación maliciosa.

***

...Gil de Biedma, toda la vida angustiado porque su literatura no dejara entrever unas preferencias eróticas que conocían de sobra todos los que le conocían. (...) Claro, que peor fue lo de Aleixandre inventándose novias y más novias ante los cándidos oídos de Cano.

***

...no dejo de encontrar problemas con la susceptibilidad de los vates. (...) Salvo que haya mucha confianza, me parece una descortesía decirle en privado a un poeta lo que pensamos de sus versos.

***

No es la primera vez que lo mejor de un libro mío no es mío, lo que dice no mucho de mi capacidad creadora, pero al menos acredita mi buen gusto como lector. En realidad, todo lo que un poeta escribe lo escribe en colaboración; la validez de su obra depende, en gran medida, de que acierte a escoger los colaboradores adecuados.

***

[Esto no lo dice expresamente García Martín -son palabras de alguien de quien no se nos dice el nombre-, pero es como si lo dijera él, supongo que lo suscribe, yo tambien]: 
Se aisla. Quiere sacarlo todo de sí mismo, como las arañas el hilo de su vientre. Por eso sus versos son inconsistentes y finos, como telas de araña. Sus libros aumentan en progresión geométrica. Hace dos años guardaba ochenta libros inéditos (...) Todavía no ha aprendido a romper un papel; cualquier garabato suyo le parece trascendental
(...) Cree que con alterar el orden de las palabras hace poesía.

***

Ningún paisaje es verdaderamente real mientras no se convierta en escenario de un libro; ninguna persona es verdaderamente real mientras no se convierta en personaje imaginario. 
También la verdad se inventa; me gusta inventar mi verdad: subrayar, insistir, eludir.

***

...cualquier ligera impertinencia adquiere en letra impresa una importancia que no tiene, que no debería tener; en un momento de irritación, podemos escribir algo que eche a perder una buena amistad.

fragmentos extraídos del libro COLECCIÓN DE DÍAS,  
José Luis García Martín, 
ed. Renacimiento, Sevilla  1993
José Luis García Martín, Aldeanueva del Camino (Cáceres), 1950

Publicar un comentario

  © Blogger template Shush by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP