Por la Risa y la Guasa del Poeta

  Con mi amigo, el poeta Javier Asiáin 
en la Plaza del Castillo de Pamplona, hace unos años, 
después de una comida de hermandad
   
Hace un tiempo en la Red apareció un foro, un gallinero de ésos cacareando a diestro y siniestro y no dejando títere con cabeza, con motivo de la publicación de un monográfico sobre los supuestos "Poetas imprescindibles de los últimos 30 años" en un suplemento de un importante periódico de tirada nacional. 

En dicho foro, unos se posicionaban a favor de los poetas seleccionados en esa discutida publicación y otros, lógicamente, en contra; ya se sabe, como diría Colinas, "la fusión de los contrarios" y sus mil y un diatribas, añadiría yo. Los que se posicionaban en contra apuntaban otros nombres alternativos de poetas recientes, a su entender y gusto injustamente excluídos allí. 

Yo no participé en el foro -odio discutir sobre poesía: la poesía es para disfrutarla, no para polemizar sobre ella y encabronarse-, pero sí fui tomando nota, como buen ratón de biblioteca que soy, de los nombres que aparecían allí señalados por la gente que participó en los sucesivos días que duró el entuerto y la disputa.

Y me quedé con uno: Francisco Fortuny. Dios, me encantó ese nombre.  Tenía plasticidad, sí.  Refinamiento estético y sonoro. Me sonó a artista áureo del barroco veneziano. Lo que daría yo por haberme llamado así, por tener ese nombre artístico para salir de mi vulgar anonimato: FRANCISCO FORTUNY, sí señor, eso es un nombre y lo demás son tonterías. 

Inmediatamente lo consulté por teléfono con mi brother, mi compañero de fatigas poéticas,  mi hermano de la sangre y de los versos, don Javier Asiáin y Urtasun, gran poeta navarro liderando las huestes de poetas en esta aldea vikinga del Norte, llamada Pamplona. 

Lo primero que me dijo Javier fue: "Ése es de los tuyos, compañero, no lo dudes; busca lo que haya por ahí publicado suyo, porque ése es de los tuyos...". Bueno, si alguien me conoce a mí, y conoce mis gustos y debilidades, divinas y mundanas, ese es el bueno de Asiáin. Así que de inmediato puse en marcha mis mecanismos y resortes de búsqueda y captura de libros viejos, libros raros, libros curiosos y olvidados, y en las siguientes semanas me fueron poco a poco llegando al buzón de correos de casa, desde diferentes librerías del país, los siguientes títulos: DE LA LOCURA METÓDICA, FATA MORGANA O LOS EFECTOS DE LA CAUSA, FUERA DE SÍ Y OTROS POEMAS EXTENSOS, EPÍSTOLA AL DIOS EROS, y CIELO RASANTE. Casi nada...

Los libros nunca los compro para leerlos en el momento, nunca. No me gusta ponerme enseguida a leer un libro que acabo de comprar, no. Da mal fario.  Yo los compro, y tranquila y pacientemente los ordeno sistemática, alfabética y cronológicamente en mi biblioteca de casa; luego los dejo macerar, y esperan ahí pacientemente el momento incierto, inusitado y flagrante en que han de ser leídos y degustados.

Pues bien, anoche, por ese extraño Azar impuesto de los dioses, le tocó su turno a Fortuny. Tomé entre mis manos por capricho uno de esos títulos: CIELO RASANTE y me dispuse a devorarlo, como quien se dispone a una deseada comida o cena pantagruélica con amigos o amantes. 

El libro en cuestión fue editado por PRE-TEXTOS en 1992, y los que me conocen saben que siento especial admiración y debilidad por los libros de esta editorial valenciana.  Me encanta cómo están editados. Esa sobriedad, esa elegancia inglesa... Dioses, cómo me gustaría publicar ahí..., pero me temo que eso es más complicado que aspirar a gozar una noche interminable de amor y lujo con la Bellucci. En fin, seguiremos publicando en editoriales más modestas hasta que algún día suene quizá la flauta...

El caso es que me dispongo a sumergirme en los versos de Fortuny, del que poco o nada había leído, y empiezo, como siempre, con la dedicatoria impresa (adoro las dedicatorias impresas bien hechas, con ingenio, con desenvoltura) y me encuentro con esta joya, que paso a transcribiros para que la disfrutéis también porque no tiene desperdicio. Este detalle de altura, de buen gusto, de inteligencia, de buen humor. Una de las cosas que más admiro en un poeta es su sentido del humor. Si un poeta me hace reír, para mí ya se ha ganado el cielo. 

Pues ahí va la Maravilla, esa dedicatoria impresa en CIELO RASANTE, del bueno de Fortuny, del corrosivo de Fortuny, del cachondo de Fortuny:

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AGRADECIMIENTOS



por la Gracia impagable que supone estar vivo
entre dulces paredes que ojalá no taladre
jamás ácida envidia, porque viví y aún vivo
de su seno, modelo del hogar donde vivo
bendita sea mi madre.

por todos estos años protegido, al cobijo
de todo hijo de perra que me muerda o me ladre,
porque intentó engordarme, aunque seguí canijo,
por esta Gloria en vida cosechada en su hijo
Gloria para mi padre.

por aquel paraíso de cow-boys y casitas,
por aquellos castillos de todos los veranos
en la playa, por todos los gozos y las cuitas
compartidos de siempre, benditos y benditas
mis hermanas y hermanos.

por los tiempos dichosos que, después del espanto
de estar solo, brotaron como brotan los trigos,
por mi risa y mi guasa fomentada hasta el llanto,
por las curdas tan gordas que me aguantaron tanto
benditos mis amigos.

y porque del abismo de soledad oscura,
donde vagué perdido, allá en la noche negra
nació este Sol hermoso, que me elevó a su Altura,
por la Gracia impagable de parir la Hermosura
bendita sea mi suegra.

y puesto que no hallé criatura más hermosa
que tú, por los senderos de mi vida perdida,
por este místico éxtasis de amor con una Diosa,
porque hasta ahora has sido lo mejor de mi vida
bendita seas, Esposa.

y si algún poetilla de esos que están de moda
no gusta de mis versos por tradicionalismo
de sus temas o formas o algo así, que se joda:
Gloria para mí mismo, Gloria para mí mismo,
Gloria para mí mismo.

 
Francisco Fortuny (Málaga, 1958)

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