¡Haber visto lo que he visto, ver lo que veo!

-A los que tanto critican las citas en sus poemas yo les diría sobre ellas tantas cosas. He aprendido tanto con ellas, he descubierto a tantos autores. En este sentido, hay una cita en MUSEO DE CERA que a mí personalmente me fascina. “Como un pájaro que la tormenta arrastra, venimos de la Nada. Por un instante, nuestras alas brillan a la luz del fuego, y, en un instante, de nuevo regresamos a la Nada. La vida no es nada. Pero la vida es todo. Es la Mano con que mantenemos apartada la Muerte. Es la luciérnaga que brilla en la noche.” Pertenece a Rider Haggard. Hábleme de esa cita, me parece apasionante. ¿Qué le dice a usted esa cita? Porque a mí me lo dice todo. Y hay otra del humanista francés Rabelais, que a mí me parece sencillamente genial: “No tengo nada, debo mucho. Y el resto se lo dejo a los pobres”.


-Ah, esas palabras son magníficas. Ese párrafo de Haggard podía uno escribirlo en el techo, como las vigas de Montaigne, y meditar en él cada mañana al despertar. Mire, estoy por hacerlo. Lo de Rabelais... yo creo que es el destino a que nos conduce Hacienda. Que todo lo que era nuestro termine en los bolsillos de esta gentuza que nos gobierna.


-Parece que no está usted muy contento con el gobierno actual en España. Lo más suave que le he oído decir del Presidente es que tiene una habilidad especial para crear problemas donde no los hay...


-Hablaba Michelet en una de esas páginas tan suyas sobre el Mariscal de Luxemburgo, y si no recuerdo mal, dice de él que era jorobado, malvado, degenerado... y que tenía el alma como el cuerpo. Bueno, pues aquí hay un cuerpo que se mueve espasmódicamente cuando habla, que debe ser como su cerebro. Lo de malvado, en cuanto a que es capaz de arrasar un país y seguir engañando, y no sé si engañándose, le cuadra; y sobre su absoluta incompetencia, su incultura, su cara dura, su impasibilidad ante el sufrimiento de los españoles... bueno, todo eso no creo que haya que demostrarlo, basta con mirar y ver en qué ha convertido a España y sólo en tres o cuatro años. Es inconcebible. Un incapaz absoluto presidiendo un gobierno de absolutos ineptos. Le deseo lo peor.


-Entonces, vamos a ver, recapitulando, ¿cuál sería su idea de un gobierno “ideal”?


-Buff... Seguramente eso no puede existir. Porque si algo son los gobiernos, es algo absolutamente no-ideal, sino real, operando sobre la realidad. Pero, bueno, yo no tengo una idea determinada, no creo que deba tenerse y mucho menos tratar de afligir con ella a los demás. Podemos decir, aunque ya está dicho, que el mejor gobierno es el que mejor gobierna, esto es, el que engaña y se engaña menos. Yo no creo que lo importante sea la forma, aunque puede tener su interés. Lo fundamental es que sea eficaz y barato, que cueste lo menos posible al bolsillo de la sociedad, que es la que hay que tener en cuenta. Lo importante es una Constitución, muy breve, que garantice nuestros derechos, también muy pocos, pero muy claros, la libertad de expresión, de comercio, la separación de poderes y su independencia, la absoluta invulnerabilidad de la individualidad, la inviolabilidad del ser humano y sus propiedades... Y todo ello, bueno, y mucho más, claro, pero todo ello defendido por la Ley, que lo garantice, que pueda deponer al gobernante si lo viola. Y esa Constitución, sin duda, marcando unos límites, que para mí ya están en el Derecho Natural. No olvidar nunca lo que Hume decía, que es la negación de todo el positivismo jurídico que nos asola actualmente. Y una cosa que me parece interesante es que los gobernantes máximos, digamos la Presidencia, no pudieran ser menores de sesenta años; y los ministros, ninguno menor de cincuenta. Para el parlamento pondría el listón en los cuarenta y cinco.


-No pide usted nada... ¿Y España?


-Bueno, España no parece que tenga soluciones buenas. Desde luego, habría que desmontar todo el sistema de Autonomías. Un gobierno central y una gran descentralización municipal. Pero esa parranda autonómica... hay que liquidar eso; hace ya muchos años, en una entrevista, y estaba empezando el desmadre, todavía no era el callejón sin salida de hoy, ya dije que eran una ineficacia muy cara. Son imposibles.


-Sí, pero ¿quién le pone el cascabel al gato?


-No se preocupe. Es la realidad la que pondrá todos los cascabeles que hagan falta.


-“La única Libertad que yo he amado: no tener que mostrar otro gesto que mi desprecio por la mediocridad.” –dice usted en algún sitio de su Obra. Hábleme de ello. ¿Qué supone en la vida de un poeta esa Libertad?


-Conforme avancemos en este desagradable camino que han tomado nuestras Democracias, comprobará usted, hasta en carne propia, lo que quiero decir. T’ have seen what I have seen, see what I see!, como decía Ophelia.


-Muy bueno..., es usted único citando a Shakespeare... Como suelo decirles a mis amigos: “Álvarez no se acaba nunca”.


-Le aseguro que sí me acabo. Estoy acabándome.


fragmento del libro inédito EXILIADO EN EL ARTE,
Conversaciones en París con el poeta José María Álvarez
Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969)
Enero de 2009

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