Días en la Isla I

 
Sa Penya y Dalt Vilá, Ibiza
[Cuando alguien -mejor dicho, un poeta- es tan grande, tan inmenso como Antonio Colinas, lo mejor que podemos hacer es callarnos. Sentarnos, ponernos cómodos, callarnos y escuchar. Porque cualquier cosa que digamos sobra. Anoche estuve repasando, releyendo una vez más, sus Diarios ibicencos. Os transcribo aquí algunos de sus apuntes, comentarios, pensamientos, reflexiones de Oro. Y me callo. Ya me callo] .



(...) esos extranjeros que llegaron a la isla hace cincuenta, cuarenta o treinta años, los veteranos de una aventura de entrega y afecto (...) eligieron la isla de Ibiza para respetarla y amarla, para vivirla. (...) No llegaron aquí para medrar, sino simplemente para buscar esa poca de armonía que todos los seres humanos buscamos en el interior de nuestro corazón.



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El poeta le ha arrancado sus secretos al pasado y al misterio de la vida.



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El arte: la realidad nueva, la realidad trascendida.



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Con frecuencia, el hombre debe "sembrar" en su adolescencia o en su primera juventud. Si se demora en hacerlo, luego será demasiado tarde y ya se sabe: surgirán los pensamientos torcidos, las flores que se hielan, los frutos que no maduran.



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En su Diccionario de uso del español, nos dice María Moliner que el término aleluyas puede ser también sinónimo de "versos malos". (...) ¿Que hay cierta poesía grisácea y monocorde que son verdaderas "aleluyas"? No cabe duda. Pero el de los versificadores (que no poetas) sería tema para otro capítulo.

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Hay quienes piensan que la poesía sólo es una especie de "sarampión" por el que casi todos pasan en los primeros años, pero del que luego uno se acaba desprendiendo. Naturalmente, esta afirmación se contradice frontalmente con los que hacen de la poesía labor para toda una vida y no conciben sus días sin ella.



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Hemos desacralizado el mundo de tal manera que hasta hemos dejado de creer en los ruiseñores.



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Y con estos calores precoces llega, naturalmente, la impresión del primer baño en el mar. (...) Siempre puede tener este primer baño del año un sentido más pleno e iniciático en la soledad de alguna apartada cala. Nos entregamos por vez primera al mar para sentir cómo es arrastrado a lo hondo todo cuanto de negativo ha podido haber en nosotros a lo largo del año.



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Esa amistad que no nace de intereses o de razones espurias, sino de la mutua admiración y de esa sintonía inmediata que allana cualquier tipo de incomprensión o de barrera. (...) Y volvió, de repente, el recuerdo del extravagante amigo de corazón de oro, niño también él en una sociedad de lobos, de intereses económicos, de los que él siempre procura huir con su pureza y con sus miedos.



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Un género literario -la poesía- que no siempre goza en nuestros días de buenos mensajeros. Incluso es hoy práctica usual que la poesía sea cuestionada por los propios poetas.



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Hay en la contemplación y en la vivencia de la mar un deseo sublime de extraviarnos, de liberarnos por siempre, de fundirnos en su aparentemente ilimitada inmensidad.

Alfredo Rodríguez
Ascenso sofocante a la Torre del Pirata para contemplar Es Vedrà, Ibiza 2008

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De las tres místicas más próximas a nuestra cultura es, con casi toda seguridad, la menos  conocida la que la kábala representa. Sabemos bastante de la mística cristiana -sobre todo en su vertiente literaria- y algo parecido nos parece con el sufismo, la mística árabe, que permeabiliza con sus "noches oscuras" una buena parte de nuestra poesía lírica o las ensoñaciones de todo tipo del gran Ramón Llull. Pero la kábala -acaso por su complejidad, por esa riqueza de matices que no cesan de irisarse- es la más misteriosa de las tres, y para mí la más desconocida. Hay una cuarta mística que, como bien sabemos e incluso ya subrayó el riguroso Menéndez Pelayo, es la que representan los textos del hinduismo, del taoísmo, del budismo, es decir, la mística extremoriental. Esas cuatro místicas van y vienen, como ríos subterráneos que en un determinado momento afloran a la superficie.

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La traducción literal -sobre todo en poesía- no basta, porque el texto obtenido, diciendo lo mismo que el original, ha perdido casi toda su atmósfera, toda su esencia, toda su poesía. Por eso, es precisa una segunda versión que recupere el tono, la intensidad y la originalidad del poeta. Y una tercera que rescate la poesía de la poesía, valga la redundancia. Aquí tiene que actuar (y arriesgar) en buena medida el poeta que hay en nosotros. (...) La traducción ya es otro texto.

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Ibiza es sobre todo su espléndida y armónica naturaleza y, también, los hombres de aquí o de fuera que con esa armonía supieron convivir.

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Seguir manteniendo mi independencia intelectual y demostrar que, quien no escribe desde el sectarismo, siempre puede tener la fortuna de dar con la verdad y ver cómo ésta es reconocida por unos y por otros. ¡La difícil independencia en país de extremos, de medias verdades, de verdades encendidas, heridas, enfrentadas! Una prueba de la que, a veces, se resurge airoso. El corazón y la conciencia en paz así lo prueban.

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Salimos de nosotros mismos y buscamos los caminos del arte (...). a Ibiza, para escribir un nuevo libro de poemas, el que acabaría siendo Astrolabio. También yo había pasado antes por París, en el otoño de 1968, pero el caso es que nuestras vidas (...) coincidieron en la isla en aquellos finales de los años setenta en los que tantas ilusiones forjamos, pero, sobre todo, la de una apuesta por llegar a ser, verdaderamente, lo que teníamos que ser.

LOS DÍAS EN LA ISLA,
Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)
La Rama Dorada, Huerga & Fierro, Madrid 2004

Antonio Colinas y Alfredo Rodríguez, 
Ibiza, Agosto 2008

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