¿El éxito literario?

 
[Sí, a mí también, como a la mayoría de la gente que conozco del mundillo, me caía mal el crítico literario José Luis García Martín. Pero es que apenas había leído nada de él, y hablaba por hablar. Ahora, de un tiempo a esta parte, he empezado a leer poco a poco su ingente y casi inabarcable obra publicada. Decenas de libros de poemas, de relatos, de viajes, de crítica literaria, de diarios (no creo que nadie haya publicado más diarios que él), qué sé yo... Hasta tiene un blog, CAFE ARCADIA, interesantísimo, del que he empezado a ser devoto seguidor, hasta me lo he impreso para ir leyéndolo tranquílamente, pues me es imposible leer de la pantalla del ordenardor. Y, mira por donde, ya me cae bien, pero que muy bien, sí señor. Y siento que estoy muy de acuerdo con él en muchas cosas, aunque no tanto en otras, claro. Y he empezado a respetarle como escritor y como poeta. Y me río muchísimo con él, con sus ocurrencias y anécdotas. Y hasta me parece un tipo simpático, qué diablos, que me perdonen mis amigos y los amigos de mis amigos. Dios, cómo me río con él y con sus cosas. Cómo admiro a la gente que es capaz de decir en todo momento lo que piensa, lo que siente, sin que le duelan prendas. Todo un crack, sí señor...]

¿Qué es para usted el éxito literario? ¿Qué idea tiene de la felicidad?, me preguntó un apresurado periodista. No supe que contestar. Lo intento ahora.

¿Qué es para mí el éxito? Conseguir que mis libros lleguen a los lectores que tienen que llegar sin necesidad de obtener ningún premio literario -soy alérgico- ni de tener que hacer el payaso en actividades de promoción. La vejez que más detesto es la de momia ilustre a la que el empresario -que suele ser su jovencísima y avispada segunda esposa- pasea de plaza en plaza, de premio en premio, de doctorado honoris causa en doctorado honoris causa, como el zíngaro que hace bailar al oso mientras se va llenando la bolsa.

¿El éxito? Terminar una página y poder decir: "Esto está bien" (todavía no me ha ocurrido nunca). Que un lector anónimo te cuente su alegría porque, después de buscarlo mucho, ha encontrado por fin un raro libro tuyo. No tener que perder ni un minuto de tu tiempo en cosas que sólo sirvan para ganar dinero.

El paraíso no sería el paraíso si no estuviera hecho a medida. En el mío, uno escribe, nada más levantarse, una reseña o un poema, habla de Galdós o de Jovellanos ante atentos alumnos, abre el correo, que siempre es abundante, se da una vuelta por las librerías, toma un café con amigos por la mañana y otro café con los mismos o distintos amigos por la tarde, viaja poco y siempre a los mismos lugares, no se enamora nunca, tiene siempre entre cuarenta y sesenta años, y no tiene miedo, como yo ahora (y sólo por eso no estoy en el paraíso), de perder lo que tiene.

fragmento extraído de MENTIRAS VERDADERAS,
José Luis García Martín
Llibros del Pexe, Gijón 1999

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