Un hombre que vive la poesía al límite


Alfredo Rodríguez, Sala de Conferencias de la CAN, Pamplona, Otoño 2008

Buenas tardes, lo primero muchísimas gracias a todos los presentes por estar aquí hoy. Gracias de verdad.
 
Este libro que hoy presento, La Vida Equivocada, mi segundo poemario, digamos que cuenta la historia de un hombre que vive acometido del furor de la poesía. Un hombre que durante un tiempo anduvo perdido, derrotado, desterrado, su vida estaba equivocada, y un buen día descubre que la Poesía, la Literatura, el Arte han ennoblecido su vida, la han enriquecido, y ahora siente que debe vivir esa vida de una manera gozosa, utilizando como única materia prima a las palabras, que son el alma de ese hombre que ya no se deja manipular.
 
Siempre he pensado que la poesía no hay que explicarla, sino que hay que experimentarla, hay que sentirla, y sentirla con el corazón. Un poeta no es un teórico literario, un poeta ha de ser un intérprete, y la poesía es el territorio absoluto de la interpretación. Entonces,  lo único que puede hacer este hombre es explicarse a sí mismo, ¿y cómo lo hace? pues precisamente a través de sus poemas. Pues bien, para explicarme  a mí mismo en La Vida Equivocada digamos que utilizo ciertos personajes de la historia, del arte, de la literatura, de las tradiciones, de la mitología, de la poesía, incluso del cine. De esta manera, mi voz poética iría filtrada en los poemas del libro a través de diferentes símbolos y mitos de la tradición artística y literaria.
 
El prólogo. El prologo de mi maestro José María Álvarez os lo recomiendo encarecidamente, está causando furor en poetas españoles y extranjeros a los que ya les he enviado el libro. Es breve pero intenso, creo que es un perfecto dintel de entrada a los poemas. Y aunque no habla para nada de los poemas porque yo expresamente así se lo pedí, está escrito desde el cariño, y es sencillamente emocionante. Sitúa la escena y sitúa el perfil literario del personaje protagonista de los poemas: un hombre que vive la poesía al límite. Lo que yo llamo la vida extrema de la experiencia creadora, de la experiencia de la cultura. Y esto me lleva al exceso. 
Exceso es la palabra que quizá mejor define la poesía de este libro. Si tendría que etiquetarme, clasificarme, diría que se trata de una poesía excesiva. De ahí por ejemplo la profusión de citas literarias, títulos, apartados, subtítulos, dedicatorias, variaciones, entradas y salidas a un laberinto, a un juego de espejos y contraespejos. Yo diría que hay mayor hondura que en mi libro anterior, Salvar la vida con Álvarez. A pesar de que entiendo que es una continuación lógica del mismo, hay una renovada insistencia en mi mitología poética particular. El libro contiene un mensaje de resistencia desde y por la poesía. Con este libro, La Vida Equivocada, creo que cierro ya mi etapa alvareziana.
 
La Vida Equivocada explica o trata de explicar de dónde vengo yo, quién soy yo como poeta. Estos poemas hay que tener en cuenta que fueron escritos entre 2005 y 2006. Para un poeta el tiempo pasa muy deprisa, un poeta deber estar continuamente evolucionando, indagando, investigando, reinventándose a sí mismo para no agotarse. He retocado mucho estos poemas, pues jamás los creía bien logrados. Durante los últimos tres años he vuelto una y otra vez sobre ellos, mejorándolos, puliéndolos. La Vida Equivocada se ha convertido así para mí en una especie de libro-madre o libro-paralelo, un libro al que, obsesivamente, siempre necesitaba volver, una deuda pendiente conmigo mismo. Y es que, uno en poesía coge manías y lugares comunes a los que vuelve y de esas obsesiones se va creando el clima de los poemas y de los libros.
 
Bien, esa manera que yo tengo de vivir la poesía –que algunos ya conocéis y “sufrís”-, esa intensidad, plenitud, exceso y ese placer que siento con la poesía creo que se imponen en este libro. Y eso es precisamente algo que también trato de “cantar” en estos poemas: la búsqueda de la emoción, una poesía que esté llena de la intensidad de las emociones. Lo que se pretende aquí es una afirmación del placer de vivir la poesía como hay que vivirla, una afirmación también de mi continuo asombro ante la misma, la aventura fascinante que sigue siendo para mí. La vocación de poeta es algo como la sangre, algo que discurre por las venas, algo que no es necesario programar. La vida cotidiana la vivimos en gran medida sin darnos cuenta –hay mucho ruido de fondo que nos distrae. En cambio leyendo un buen poema uno adquiere una lucidez y una serenidad desusadas y que son la vida verdadera en su sentido más hondo.
 
A lo largo del libro se mezclan mucho las referencias biográficas personales con las referencias literarias. La voz del protagonista de los poemas acaso pudiera ser la mía. Es decir, si no soy yo mismo el que habla en esos poemas, pudiera ser alguien muy parecido a mí, o alguien que supone una parte importante, considerable dentro de mí. No es pues un libro puramente autobiográfico. La poesía acaba siendo para el sujeto protagonista de estos poemas –ya lo veréis- una emanación de su vida, de su modo de ser y de su concepción del mundo.  Hay historias de fuera de mí que me dan juego para escribir sobre mí; cosas que ya están en la literatura, en la historia, en la mitología, en las tradiciones, en las películas, en las canciones o que están en la vida de otros, y que yo en estos poemas rescato para explicarme a mí mismo, explicar mi mundo.
 
Son pues poemas muy literarios. Y es que cuando leemos y escribimos no nos damos cuenta pero estamos recibiendo un caudal cultural de siglos, una construcción prodigiosa que está hecha entre todos. Trabajamos con la cultura de la humanidad, y eso es un orgullo y una gran responsabilidad. La literatura es algo que uno simplemente transmite; es decir, las cosas que uno escribe no son propias, son una especie de correa de transmisión entre lo tuyo y eso otro que te dan otros muchos escritores que has leído y que has amado. Y es que en el mundo de los poetas lo que se da o lo que debe darse es un gran contagio cultural. Así pues, y esto es muy importante, el poeta ha de ir buscando su propia voz en relación a una tradición cultural. En los poemas de este libro yo recurro con frecuencia a esa tradición cultural, pero no para mimetizarme en sus formas, sino para adentrarme en sus temas y personajes, apropiándome de sus atmósferas.
 
Otro motivo muy presente en el libro es la experiencia del cuerpo y el placer del cuerpo. Hay poemas que están exhortando a apurar el goce de los sentidos, tanto en la aventura cotidiana como en la experiencia artística.
Hay que tener en cuenta que la experiencia que tenemos del mundo se produce a través del cuerpo. Yo soy o me tengo por un poeta sensorial. Eso queda reflejado aquí. Mi poesía no es nada intelectual. Nunca he pretendido ser un intelectual. Yo escribo poesía de forma quizá más instintiva que razonada. Creo que soy un poeta de intuiciones, más que un poeta de ideas.
 
Bueno, entre todo este revuelo que se ha montado estos días, toda historia que nos han vendido por televisión de la crisis y de nuestro negro futuro inmediato,  -crisis que, por cierto, a la poesía no le afecta, porque ella, la pobre, siempre ha estado en crisis- me atrevería  a decir que la poesía es o supone intentar atesorar aquello que consideramos lo mejor nuestro y lo mejor de nuestro tiempo y, además, atesorarlo eso sí de una manera embellecida o mejorada todavía, enriquecida. Muchas gracias.

  Presentación LA VIDA EQUIVOCADA, 
Alfredo Rodríguez
Pamplona, 19 de Noviembre de 2008 

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