Apetito Prohibido


 
   Ayer me envió Raquel Lanseros su último libro, CRONIRIA. Un recorrido fascinante por su imaginario poético, un viaje en el tiempo y en los sueños, tomando las etimologías griegas de ese neologismo tan preciso y precioso, “croniria”, que Raquel inventa para la ocasión, fundiendo cronos, tiempo, y oniro, sueño. Raquel Lanseros, sí, la donna angelicata de la poesía española más reciente y fructífera. Porque sucede que en Raquel Lanseros se funden y confunden dos emblemas fabulosos: buena poesía y mujer poeta hermosa. Y eso, mis queridos amigos, es una combinación explosiva. Al menos para mí. Y no me importa nada, en absoluto, decirlo. Cargo con toda responsabilidad al respecto. Mea culpa, si es que la hubiere...

Hace no mucho, unos cuantos poetas navarros amigos (algo que no deja de ser muy curioso en la poesía navarra) organizamos una excursión al viejo Madrid para ir a conocer, para ir a ver, en vivo y en directo, a la Lanseros. Un asalto en toda regla a la capital, por unos poetas de provincias, que al final acabamos cenando marisco por Chueca y bailando flamenco en el Cardamomo. Para que luego digan que los poetas somos tristes y aburridos...

El caso es que presentaba Raquel, entonces, un libro muy bueno, su anterior poemario, LOS OJOS DE LA NIEBLA, una auténtica galería de personajes, reales o fantasmagóricos, que se van desplegando poco a poco en buenos y alargados versos, extensos versos que llevan la impronta de ternura y delicadeza innata, pero también de sabiduría, de Raquel. Un saber que, como diría Colinas, en el caso de Raquel –mujer que es un dechado, no sólo de belleza, sino también de juventud- todavía no puede provenir de su experiencia existencial, sino de su naturaleza: es decir, de su ser abierto a la contemplación. Como grande poeta.

Pero sucede también que hay un plus muy exquisito con Raquel, un plus muy de agradecer en estos casos: porque luego está su voz. Su voz recitando poemas. Esa voz, tan hermosa como ella, que te deja en el sitio. Esa voz que a veces se quiebra, de bonita que es, y le produce a uno en el cuerpo como un agradable cosquilleo al escucharla en el silencio, como un calambre de oro que le recorre a uno el estómago y luego la espalda, de gusto. De puro gusto. Y es que la voz de Raquel al recitar es una voz que viene de muy adentro, que habla como en tránsito, movida por unos resortes que se le escapan de tan hondos que son.

Bueno, uno avanza en la lectura de CRONIRIA con la impresión de estar avanzando por un territorio desconocido, que tira de uno y le lleva por sus senderos. Hacia el cultivo de su vida interior. Una puerta que al abrirse los oculta. Los senderos de Raquel. Una poeta como ya no quedan o no se hacen.

Anoche volví a tomar su libro, de nuevo, con motivo de tan alegre noticia: un envío suyo personalizado y con tan hermosa y emocionante dedicatoria como la que traía. Sí señor, mi buzón de correos: la caja de sorpresas particular de mi vida. Resulta que el libro en cuestión, CRONIRIA, ya lo había comprado yo unas semanas atrás; y es que no sé cómo lo hago, pero siempre acabo con dos ejemplares en mi poder de cada libro que publica la Lanseros. Y luego tengo que andar regalando -el ejemplar que no está dedicado, claro está- a algún buen amigo que sepa apreciar la buena poesía. La belleza y la buena Poesía. Y de esos amigos, la verdad, cada vez van quedando menos.


***

APETITO PROHIBIDO

 

Debajo de mi sueño canta una voz antigua
y mi nave se aleja del templo de los cuerdos.

Porque existió un instante cuando el sol me bañaba
entre las buganvillas
y el aroma sedoso de los sauces,
yo codicio esta noche que los años se plieguen
como un bandoneón que gime al Sur.

Quizá sea una herejía. Acaso solamente
la búsqueda incansable de la fascinación.
Ojalá yo pudiera dinamitar los límites
y llegar hasta ti, mi hombre entre hombres.

Quién contuviera el ánimo al mirarte,
quién recorriera tu óvalo sagrado,
quién sintiera avaricia de tus labios,
el más universal de los escalofríos.

No me llamo Perséfone. No conozco tus códigos.
Mi edad está más cerca de Adriano que de Antínoo.
Pero, ¿qué puedo hacer?
Tu belleza me ensarta el cielo hasta las venas.

Adivino en tu piel que la vida y la muerte
no pueden ocurrir por separado:
el sosiego del alma que hace nacer el arte,
el estremecimiento del tiempo derrumbado.

CRONIRIA
Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973)
Hiperión, Madrid 2009

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