¿Un Poeta sin patria?

Alfredo Rodríguez y José María Álvarez. Archivo Histórico de Navarra. Junio de 2006.

-Algunos se preguntarán qué pinta aquí, en un congreso de poesía de Navarra, un poeta de Cartagena. Bien, José María Álvarez no es un poeta cartagenero, ni es un poeta murciano, casi se podría decir que no es ni siquiera un poeta español. Y eso es precisamente con lo que nosotros nos tenemos que quedar. Esa visión universal suya de la Poesía, porque su patria es la Poesía, el Arte, o al menos eso es lo único que él reconoce como patria. Y yo quería preguntarle: ¿Es José María Álvarez un poeta sin patria?


Bueno, en principio, debo decir que qué hago aquí es estar muy a gusto.
Pero, no, no hay poetas navarros, ni poetas de Murcia, ni poetas romanos. Hay poetas. Y la Poesía no tiene más que una diferencia: o es buena o es mala. Porque en última instancia, yo personalmente nunca he sentido esa raíz de patria, —pero eso yo, hay otros que sí la pueden sentir—y creo que para mí, mi patria puede ser igual un espacio en el Mar Menor, pero no menos patria es la Laguna de Venecia, y sobre todo mucha más patria es París. Quiero decir que en cada sitio hay vínculos que me son mucho más grandes que los que pudiera tener por nacimiento.
Pero es que tampoco creo —y ya no es un tema mío— que sea bueno para un poeta, para un escritor, para un pintor, que tenga patria. Quiero decir: su patria es la Literatura, o su patria es el Arte, porque, de una cierta manera, un poeta con quien entabla diálogo, o sea con quien trabaja, con quien se interroga no es con su espacio vital, ni siquiera con la gente que le está rodeando, con la que está hablando, sino jugando un tira y afloja con sus maestros. Y puede ser un maestro inglés, puede ser Eliot, puede ser Homero, o puede ser Mutanabbi. Por eso antes he dicho que yo no he sentido nunca esa diferencia de culturas. Mis maestros lo mismo han sido un poeta que escribía en Egipto en un extraño griego —que no era exactamente demótico sino alejandrino—, o puede ser Shakespeare, o puede ser LAS MIL Y UNA NOCHES, o puede ser Borges. Incluso no he sentido ni siquiera esa raíz de patria en la lengua. Yo escribo, y escribiré siempre, porque es la que domino mejor, en español. Pero no es la lengua que más ame. Como poeta amo más el inglés. Creo que es una lengua mejor para un poeta. Si yo pudiese escribir en inglés con los matices con que puedo escribir en español, yo no escribiría en español.



-Sería una pena ¿no?


No. Quiero decir: hay más recursos para un poeta en inglés.


-¿Es más hermosa la lengua inglesa que el español?


A mí me gusta más. Pero bueno, es una respuesta a lo que me preguntabas del sentido de patria. Sí, hay una patria, pero esa patria está en Hume, o está en Verlaine, o está en una pintura de Velázquez, o de Rembrandt, o en una noche maravillosa en Istanbul.


-Pero ¿podría ser la patria de un escritor más el idioma que hable que la patria geográfica?


Sí, sí, sobre todo el idioma es una patria de mucha mayor entidad, con la que trabaja.


-A mi me gusta mucho una idea suya que he leído no recuerdo dónde, —porque lo leo todo de todos los sitios que encuentro— de usted.


Pues hay cosas mucho mejores que leer…


-De hecho he vuelto a buscarlo hace poco y no lo puedo encontrar. Pero bueno, lo tenía en la cabeza y lo escribí: Es eso que usted dice de que los poetas somos una pequeña patria, somos como una de esas pequeñas patrias arrinconadas en el mundo actual entre grandes potencias. Y que debemos unirnos para defendernos. ¿Qué cree que podemos hacer los poetas para defendernos, para defender la poesía, qué se puede hacer?


No, si no es para defender… Yo creo que la poesía es una cosa muy misteriosa, que nadie sabe porqué algunos seres humanos sienten la necesidad de hacerla, y otros seres humanos, también no menos misteriosamente, se emocionan con eso. Y tampoco es un proceso muy racional. Entonces yo no sé qué se puede hacer, y desde luego nunca he visto que nada que se haga sirva para mucho. Es decir, los poetas siguen produciéndose, supongo que seguirán, mejores, peores. Hay épocas en que la poesía tiene un esplendor enorme, en otras cae, pero luego otra vez sale.
Ahora bien lo que sí creo es que los artistas en general, no sólo los poetas, sí constituyen un mundo un poco aparte —en sus necesidades, o en el mundo que aman— del común de la sociedad. Son otras sus inquietudes, otras las cosas que les perturban, y en ese sentido sí creo que esa vida, —y que antiguamente era la que ellos llamaban la vida bohemia, antes de que los escritores estuviésemos todos tan, digamos, integrados—, esa vida no le gustaba mucho a la sociedad, era una cosa fea, propia de gente poco recomendable. Yo creo que aquella unión, en ese sentido, muy agradable, de los antiguos, que se veían con mucha frecuencia, tenían unas tertulias, había un intercambio de proyectos, de ideas. Ahora realmente no nos vemos nadie, y pasada una cierta edad, ya nunca o casi nunca. Si coincides en un congreso, en una cena, o en algo… Pero incluso viviendo en la misma ciudad casi no se ven. La gente está en sus ocupaciones. Y esto es lamentable.



-Extrayendo cosas suyas que me anoto cuando voy leyendo su obra, tanto su poesía como sus novelas o sus ensayos, que tanto se aprende de ellos, le quería preguntar por un poema suyo, que ahora no recuerdo el título, en que dice, —y que es magnífico para entender lo que supone escribir poesía—: “No puede mezclarse escribir con nada. No es esposa paciente, es una amante celosa, posesiva. Si dejas de mirarla te abandona” Me gustaría que desarrollara  esta idea (porque a mí me ocurre lo mismo)


Sí, el Arte en general es una amante que te lleva de culo… Y además no tolera que, por lo que sea, por las razones que sean, ya sean políticas, ya sean económicas, ya sean incluso de propia vida social y familiar, no tolera que optes o prefieras algo más que ella (es una metáfora, claro está). No lo permite, y te puede abandonar. Sí, eso lo creo. El Arte es dedicación full time.
 

-Y hablando ya de su poesía, es un hecho que a lo largo del tiempo su obra poética ha sido mucho más valorada, más reconocida fuera de España que dentro (incluso por la crítica en países tan dispares como Estados Unidos o Hungría). E incluso tiene usted apasionados lectores —así, como yo— en países lejanos. ¿A qué cree que se ha debido esa universalidad de su obra? ¿Y cómo lo ha vivido?
 

Ah, eso es muy simple. Muy simple, y eso sí tiene una explicación social y política. ¿Cómo te lo voy a explicar? El mundo intelectual europeo y español, y en Estados Unidos también, está ocupado por la izquierda, servida muy gustosamente y de una manera servil por lo que se llama la derecha. La derecha es una criada de la izquierda en este sentido, en el cultural.
Hace muchos años ese mundo era un mundo muy dominado por el comunismo. Luego, cuando ha caído la Unión Soviética, se han reciclado, pero bueno, a lo que voy: los intelectuales, los poetas, los artistas que no se mostraron servidores de unas consignas, y sobre todo los que iban hacia un mundo, hacia unas ideas liberales, muy liberales, tolerantes, muy anarquistas por algún lado, muy insolidarias, muy fuera y muy contra cualquier ideología, muy contra cualquier consigna, éstos eran inmediatamente silenciados y apartados. Y esto es lo que ha pasado no sólo conmigo, ha pasado con mucha gente.
Yo conozco casos. Ha muerto hace unos días Jean-François Revel en Francia. Revel por ejemplo, era un hombre y es un hombre de un prestigio internacional, y su obra incluso es best-seller en Francia, y en Francia en este momento no podía publicar en los periódicos. Tenía una pequeña columna en Le Point. Bueno estaba completamente excluido.
Entonces, en los últimos años de la década de los cincuenta, en los sesenta, en esos años, en España, que todavía se estaba viviendo en el fin del régimen anterior, había una lucha política muy, muy activa, los escritores casi todos éramos compañeros de viaje de la izquierda. No la izquierda que hay hoy, los socialistas, ésos no existieron en la lucha antifranquista. Era el partido comunista y otras asociaciones así.
En ese momento, yo, con mis primeros poemas, que estaban en lo que se llamaba la poesía social, bueno, fueron festejados, promocionados. Quiero decir: en el año sesenta —fíjate que yo era muy joven— ya salí en la portada de Lettres Françaises en París, que era el periódico comunista más importante culturalmente: Once Poetas de la Resistencia española, fue el titular. Con poemas muy flojos, eso sí, porque los poemas eran escritos para mítines. Pero estaba muy promocionado.
El primer libro mío que sale, —poesía social— LIBRO DE LAS NUEVAS HERRAMIENTAS, este libro ya lo saluda una revista que se llamaba Índice, como el mejor libro del año (debió ser el año sesentaytantos). Luego empezó mi distanciamiento de esa izquierda, porque yo cada vez veía lo más alejado de mí ese ideario, y además lo que constataba —y personalmente—, en muchos sitios en donde se había llevado a cabo, era: el hambre, la miseria, la destrucción; y otra cosa, que el régimen policial era peor todavía que en el fascismo. Y cuando yo empecé a apartarme, inmediatamente se me borró de la fotografía, de la manera que en ese régimen lo hacía la KGB. Desaparecí. Y todos mis compañeros de generación (los Martínez Sarrión, etc...), todos estos, me borraron absolutamente de cualquier sitio. Yo he estado casi veinte años tachado hasta de las listas de la Dirección General del Libro. No se me podía invitar a un congreso. Lo que ha pasado es que durante ese tiempo he publicado fuera, ha habido lectores fuera. Pero la nueva generación que ha surgido aquí en España, los Aurora Luque, Carlos Marzal, Vicente Gallego, Mesanza, Díaz de Castro, Felipe Benítez, cuando han surgido todos éstos, son los que a mí me han traído otra vez aquí. De los antiguos, siempre tuve con algunos, por ejemplo con Brines, o con Villena (que es de mi generación), la mejor relación. Son como, digamos, hermanos. Y esta es la historia.



-Cómo surge un poema, cómo trabaja, cómo se produce el hecho de la creación poética en usted. A este respecto suele decir a veces en sus Diarios algo que a mí me llama mucho la atención. Suele decir: “he visto el poema”.


Sí…


-Y hay una anécdota que recuerdo —Vd. igual no la recuerda, porque hay cosas de las que Vd. ya no se acuerda, pero yo sí— que decía que tenía que volver Vd. a Trieste, en Italia, porque allí la última vez que estuvo “vio el poema”, y quería “volver a verlo”, quería recuperar el poema que “vio” allí.


No sé, supongo que cada cual tiene sus métodos, pero a mí el poema, me entra primero casi siempre de una forma muy cinematográfica, es decir, veo como una imagen. Esto puede ser incluso, una imagen sobre un libro o sobre un paisaje o sobre una mujer. Hay algo cinematográfico, y entonces esto empieza a dar vueltas en la cabeza. No lo escribo. Hasta que se hace imposible.


-Insoportable…


Sí. Y entonces lo tengo que escribir. Y a partir de ahí empieza a desarrollarse. Luego hay veces que, en el arreglo de ese poema, desaparece esa primera idea, y queda otra cosa. Y otras veces el poema sale directamente. Pocas. Pero sí, suelo ver como una imagen, de pronto “veo, veo el poema”.


-Le quería preguntar sobre el término “culturalismo”, que es una etiqueta para mí horrible, que se le ha puesto a la poesía que hace Vd., o que hace Luis Antonio de Villena, que hace Guillermo Carnero, que hace o que hacía Pere Gimferrer ¿Por qué ese término, “culturalismo”, está tan denostado? ¿Por qué tiene o ha adquirido un matiz peyorativo en la crítica literaria?


No lo sé. Yo supongo que las etiquetas funcionan muy bien porque les facilitan mucho el trabajo a los críticos, incluso al profesorado. Es como algo que ya se presupone que se sabe. Y entonces, cuando alguien ha hecho poemas en los que se alude a lo que se considera hechos culturales, sean títulos de libros, o sean escritores, o sea un palacio, una fachada..., es culturalismo ¿Por qué? Bueno, nos lo pusieron, igual que luego ha venido lo de la “poesía de la experiencia”, que también es un término mal acuñado de una forma inglesa que no es exactamente eso, o por qué “venecianismo”, porque uno habló de Venecia ya se le colgó esa etiqueta, o los novísimos, y los post-novísimos. Yo creo que todo eso si sirve para explicar algo, pues bien. Pero a los poetas todo eso nos debe importar un bledo. Un poeta debe leer a otro poeta, y si le emociona, ahí no hay ni origen, ni lengua, ni ideas políticas, ni ideas religiosas, ni nada… Hay la emoción que desprende un poema.


-La emoción antes que la reflexión ¿no?


Sí, sí, claro. La reflexión es posterior, e incluso yo no sé si perjudicial. Perjudicial para el poema, que es sobre todo emoción. Stevenson decía “el arte: que encante”.  ¿Cuál es la mayor cualidad?: que encante. Luego puede haber más, pero sin esa emoción no hay nada.


-¿Y cree Vd. que es el poeta, el artista, un ser especial?


Sí, claro. El poeta claro que es especial, y quizá un buen carnicero es especial, o un buen pescador es especial. Hombre, hay unas actividades..., acaso un escribiente de un banco es una actividad más de rutina, pero un cazador es un ser especial. Es decir, son actividades que implican algo muy personal, unas características muy personales.


-Su producción poética prácticamente se reduce a MUSEO DE CERA. La obra se ha ido haciendo a lo largo de los años por su empeño en realizar un libro único y totalizador. Está hecha como en círculos concéntricos ¿no?


Sí, sí…


-¿Cómo se fue formando? ¿Cómo surgió esta idea en aquel verano, aquel lejano verano de 1960?


Fíjate, esto sí que es algo que lo tuve claro desde el principio. En el año 60, cuando yo empecé a escribir MUSEO tenía claro el tema, y tenía claro lo que quería hacer. No quería hacer una colección de poemas, y luego otro libro, y luego otro. No. Quería construir un espacio que fuera como una arquitectura muy compleja. Que en sí mismo el libro fuese ya un poema, que por caminos misteriosos llevaran de una parte a otra. Y todo eso, lo que sucedió es que he tardado 39 años en decir: bueno ya está, esto es lo que yo, mejor o peor, he logrado de lo que quería hacer. Desde luego si lo hubiera podido hacer mejor lo hubiera hecho. Ahora bien, a lo largo de esos 39 años lo que ha pasado es que desde la primera edición, la segunda, etc., yo seguía escribiendo, entonces a lo mejor hacía una serie de veinte poemas, o de treinta poemas, o de quince… Claro, yo no podía esperar a la siguiente edición para sacar eso, ni obligar —porque eso sí, he tenido muy fieles lectores— obligar tampoco a un lector a comprarse otra vez el “tocho”, porque se incorporaban dieciocho poemas. Entonces lo que he hecho siempre ha sido sacar esos poemas, que a su vez eran también un libro, también pequeño, estructurado, en una sola edición. Y ha salido suelto. Y luego, cuando se ha hecho una nueva edición de MUSEO, ya se han incorporado esos poemas en donde tenían que ir, que tampoco iban como esos libros que se incorporan cronológicamente, no, los poemas van repartidos. Hasta que ya un día, de pronto, vi que el libro ya no era mío, ya se había ido. Entonces corté.


 -Vd. dice que, cuando publica un libro, lo entrega al lector, como que ya no es suyo ¿no?

Ah, claro.
 


-Deja de ser suyo...

Claro. Además es que ¿un libro que es?  Esto
[tomando entre las manos un ejemplar de su último libro, SOBRE LA DELICADEZA DE GUSTO Y PASIÓN] no es nada. Esto es un muerto, un cadáver. Quiero decir: esto ha estado vivo cuando yo he estado escribiendo, y ahora, cuando tú o aquél lo cogen, lo leen, el libro otra vez es cuando vuelve a estar vivo. Pero ya no está vivo. Además, quizá lo que yo quise hacer, a lo mejor el lector encuentra unas significaciones distintas, o le emociona de manera distinta a como yo lo pretendía. En último caso, lo único que es mío es el momento de escribirlo. Una vez publicado se va por el mundo, y si emociona, vale, si no pues...


-La época en la que Vd. emergió como poeta, allá por los años 70’, ¿cree que era más propicia para ser poeta que ahora, había más facilidades para publicar, más número de lectores?


No.


-¿Vd. cree que no? Yo creo que sí, en los 70’ hubo un auténtico boom editorial. Se publicaron muchísimos libros de poesía…


No. Hay cosas en pro, y cosas en contra en una época o en otra. Lo que era más propicio para el poeta, por lo que hoy veo, y por lo que hoy veo incluso en gente joven, gente muy joven, es que sí teníamos una voluntad mayor de estar juntos, y de estarlo en esa vida, llámale la bohemia, las noches enteras de alcohol y de drogas, o de lo que fuera, y leyendo poesía en carne viva. Eran vidas muy caóticas. Esto yo creo que sí es bueno para la poesía, quizá sea malo para la persona, pero para la poesía sí es bueno. Y esto ahora mismo no lo veo. Entonces por ese lado quizá sea menos propicio. Por otra parte, en cuanto a las posibilidades de publicación hoy…


-Son cero.


No, yo creo que hoy son más. Lo que pasa es que es un error cómo están planteadas. Hoy cualquier Comunidad, y una serie de editoriales, oficiales, con dinero público, publican libros, o hay ayudas a la edición que antes no existían. Lo que pasa es que esto, de la manera que se hace, yo creo que es un error. Yo lo he visto en muchas Comunidades. No me refiero sólo al tema de que unas, por motivos lingüísticos, se cierren en unas áreas, u otras, por motivos políticos, se limiten en otras. No. Sea el sistema que sea, me da igual Murcia que la Comunidad andaluza, Extremadura, el problema estriba en que esa ayuda a los poetas no les sirve para nada, porque tú les publicas un libro y ese libro no se distribuye, ese libro duerme el sueño de los justos en un depósito, se pudre y se muere. Le has dado quince ejemplares al poeta, y va usted listo. Yo siempre he pensado, y lo he dicho muchas veces, que sería más eficaz, con ese dinero, en vez de publicarle un libro allí, coeditar con una editorial de ámbito como mínimo nacional, como mínimo, y luego ver la posibilidad de que ese libro pudiera llegar a los hispanistas de otros países. Eso sería ayudar a ese poeta joven, pero lo que se está haciendo yo creo que no sirve.
Pero sí, hay más publicaciones, hay muchas más publicaciones. Cuando nosotros estábamos escribiendo en aquellos años, colecciones… estaba el Adonáis, y poco más. No estaba ni Hiperion, ni estaba Visor, ni estaba ninguna. Se hacía un anuario, que era una antología de ese año, y se publicaba en algunas revistas.
No, yo creo que hay más posibilidades ahora. Pero lo que habría es que llevar este tema, —y en este Congreso podríais plantearlo—, a las autoridades, en este caso aquí, navarras: es decir, publicar aquí libros que se coeditasen. Un poeta lo que tiene es que publicar en un sitio en que a continuación su libro esté en una colección importante, y que ese libro esté en todas las librerías. Esté en La Coruña, esté en Málaga, esté en Madrid, y se le puede además mandar a un hispanista en París o a un hispanista en Roma. Esto sería fantástico. Lo otro no.



 -Y otra cosa, ¿cree que ahora mismo se está escribiendo en España la mejor poesía del mundo, los versos más lúcidos?

No, no es eso...
 


-¿Cómo ve la poesía que se está haciendo en el resto de Europa?

Vamos a ver, en España —hablo de España, en español, en castellano— no es que se esté haciendo la mejor… Lo que sucede es que aquí pasa lo que no está sucediendo en ningún sitio. Dejo fuera a los países árabes y Rusia (Rusia tiene otra tradición).
Pero hablo de Finlandia, de Alemania, de Francia, que ha tenido una tradición muy buena, Italia, Inglaterra, que siempre ha tenido ininterrumpidamente grandes y varios poetas. Ahora mismo, Alemania es un erial, no hay grandes poetas, sobre todo jóvenes; en Italia, Mario Luzi ha muerto ahora, y tenía 90 años. Muertos Luzi, Montale, etc., de los más jóvenes, —yo hablo de la renovación— no hay mucho, no hay mucho... Francia: tú conoces a alguno, como Lionel Ray por ejemplo, pero tiene setenta años, y en los más jóvenes no hay una renovación muy alta.
Y lo que sí ha pasado aquí, no sé porqué, es que si tú empiezas a ver desde la última generación viva, la de los 50, donde está Ángel González, está Francisco Brines, y vas bajando, novísimos, post-novísimos, la de la experiencia, la de la diferencia, hasta los más jóvenes, gente que está ahora empezando, tú encuentras en todas estas generaciones una calidad media-alta y nombres destacados; y esto, yo, en este momento, no lo veo ni en Inglaterra, en ese sentido.



-Pero, y Vd. que ha viajado ahora últimamente, ha estado hace poco en Rusia y en Japón, ahí ha visto movimiento ¿no?


Sí, sí, claro que lo hay. Lo que pasa es que, por ejemplo en Japón, yo tengo que leer “retraducido” diez veces del japonés, y fiarme del traductor inglés o del traductor francés. Pero sí hay, en Japón sí, sí hay poesía. Y en el mundo que llaman árabe, hay una poesía muy vigorosa: Irán por ejemplo, he conocido poetas muy buenos, con muchos problemas allí.


-Y ya en España, una cosa que a mí siempre me llama la atención: ¿qué tiene el Sur, que no tiene el Norte, para que salgan allí poetas hasta de debajo de las piedras?, y luego, hay como más ayuda desde las instituciones a los poetas ¿no? Más concursos. Eso a qué cree que se debe.


Hombre, yo no sé las ayudas que hay por ejemplo aquí, o las que puede haber en Asturias, no lo sé, tal vez ninguna, pero no sé. Sí sé que en Andalucía hay bastantes. Será porque siempre que los políticos consideran que les sirve, dan más.


-Pero, los políticos no quieren saber nada de los poetas,¿no?


No, pero sí rentabilizan esa exhibición “cultural”. Igual que si hay un festival de cine, van y cortan la cinta. Esas cosas les gustan mucho.
Ahora bien, por qué hay más poetas en el Sur, no lo sé.



-Más y mejores…


De todas formas si tú piensas en los años sesenta, incluso setenta, resulta que el núcleo más poderoso de la poesía española no estaba en el Sur. Por las circunstancias “x”, en Barcelona se reunieron grupos de gente, vivían, se conocían, y resulta que la mayoría de ellos eran muy buenos. Y allí estaba Carlos Barral, y Jaime Gil de Biedma, y Ferraté… Luego, eso ha desaparecido en Barcelona. Unos se han muerto, Goytisolo, el pobre, también.
Y ahora, desde hace un tiempo, por qué por ejemplo Valencia, resulta que en Valencia, en torno a una ciudad, pues está Brines, está Marzal, está Antonio Porpetta, el que fue premio Ciudad de Valencia, y Cesar Simón, que ha muerto, y Gallego, y más. De pronto, plash, en una ciudad. Son cosas muy inexplicables.
En el Sur lo que parece que siempre ha habido es una tradición, la Generación del 27, luego el Grupo Cántico, luego se dio una tradición también artesanal de hacer libros, desde Caffarena y sus pequeñas plaquettes a editoriales. Pero no creo que haya una diferencia Norte-Sur. Si se han dado ésos, quién te dice que mañana en Oviedo no se reúnen de pronto, por las circunstancias que sean, en torno a Ángel González o a otro, un montón de poetas. O aquí en Pamplona.



-Bueno, y ya para terminar —(tenemos la hora casi de comer).


Sí…


-El poeta Salvador Espriu, ese gran poeta, decía que “la poesía (una frase que me gusta a mí mucho) es una ayuda para vivir rectamente y tal vez para bien morir”. Vd. eso lo suscribe ¿no?


Sí, sí, también, sí. Él fue un lector de Montaigne toda su vida, igual que yo, eso podía haberlo dicho Montaigne, bueno de hecho dice algo parecidísimo. A Espriu, lo trate mucho y lo quise mucho, y fue para mí no sólo un maestro, un maestro en cómo se encara la literatura, en honradez, en dignidad personal, en resistencia a cualquier presión, sino que además fue un amigo. He aprendido mucho de él, como he aprendido de otros muchos. Mucho. Sí, sí, de Espriu sí. Ahora, fíjate, Espriu, que es quizá el poeta más importante de Cataluña, —para mí desde luego que lo es—, y que tanto hizo por esa lengua, como de verdad se hace, que es escribiendo, y ahora Espriu está…


-Olvidado...


Olvidado y medio silenciado.
En fin, no sé si les hemos aburrido mucho.
Yo creo que antes de acabar, si alguien quiere hacer…



-Ah! sí, alguna pregunta…


¡Claro!, alguna pregunta…


-[una voz del público] ¿No piensa usted que la poesía puede ser que esté muy mitificada?


No, al contrario. Yo creo que siempre se la mitificará menos de lo que se merece. Y es más, jugando un poco con esa palabra, lo que nos falta hoy a todos, en todos los campos, es el Mito. El mundo mítico. Esto es una de las cosas que ha desaparecido de nuestro mundo, y lo vamos a pagar muy caro.
Bueno, pues si no hay más preguntas…


[Aplausos]

Presentación y Entrevista al Poeta José María Álvarez 
en el I Congreso de Poesía Navarra. 
Pamplona, Sábado 3 de Junio de 2006. Archivo General de Navarra.

Orlando Merino, Alfredo Rodríguez, Mamen Cózar, José María Álvarez y Carmen Marí.
Pamplona, Junio 2006

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