Adoradas Criaturas




El verdadero centro de la idiosincrasia cortesana desde el siglo XVI hasta el XVIII fue Venezia. 

Pietro Aretino (1492-1556), residente en Venezia, reflejó sin rodeos y con un estilo no exento de malicia la vida social y sexual de estas mujeres en sus Diálogos de Cortesanas. En la literatura del siglo XVIII primó siempre la erótica con todo lujo de detalles, pero sabemos muy poco acerca de cómo transcurría la vida de estas señoras. 

Verónica Franco (1546-1591), una de las cortesanas más conocidas y al mismo tiempo escritora estimable, reflejó con gran inteligencia y sin ningún tipo de recato en sus cartas y poesías (Terze Rime, Sonetti, Lettere) sus sentimientos como mujer, sus pasiones y su complacencia por el amor.

Las cortesanas habían adquirido cierto nivel social dentro de la corte papal, hasta el punto de llegar a representar una especie de amor mercantilista mundano y liberal. Hasta el siglo XVIII las cortesanas venezianas conservaron su fama en toda Europa. En ningún otro periodo de la Historia, exceptuando quizá la Antigüedad, habían podido gozar las mujeres de una vida tan independiente e incluso de cierta reputación comerciando con su cuerpo como lo hicieron entonces. Su mismo nombre, derivado del masculino cortegiano o miembro de la corte, refleja su elevada posición social. Ganaban tanto como las altas jerarquías eclesiásticas o un capitán de barco experto y el doble que cualquier artesano.

Por lo general se trataba de mujeres bellas que habían adquirido cierta cultura entreteniendo a su sofisticada clientela; en la mayoría de los casos habían leído mucho, cantaban, tenían nociones de música, danzaban, habían adquirido una gran experiencia sexual y a menudo disponían de un buen capital.

Las adoradas criaturas estaban moralmente mal consideradas y al mismo tiempo eran explotadas en el aspecto sexual. El Estado Veneziano promulgaba ordenanzas sobre la forma de vestir, encaminadas a distinguirlas de las damas nobles y las burguesas. Estas ordenanzas tenían la finalidad de evitar confusiones desagradables, pues, dado que las cortesanas venezianas eran conocidas en toda Europa por su hermosura y su lujo, no pocos viajeros llegaban a la ciudad y por equivocación hacían propuestas deshonestas a honestas damas de la nobleza.

En fin, mientras cautivaban a algunos de los más ilustres hombres de Europa haciendo alarde de sus habilidades tanto en sociedad como en la intimidad, estas grandes cortesanas  de Venezia obtuvieron riquezas, poder, educación y libertad sexual en una época en que todo ello estaba vedado a las demás mujeres.


[…] Verdadera y única y el resto me llamasteis,
aludiendo a mi nombre Veronica,
y en vuestro discurso me criticasteis;
pero en mi diccionario yo no sé cómo
única propiamente algo
en mala parte y en criticar se nombre.
Quizás se diría impropiamente,
pero la anfibología no cuadra en qué
vos mostrar queréis expresamente.
Aquella de la cual la fama es gloriosa,
y que en belleza o en valor destaca,
sin igual con mucho virtuosa,
única con gran razón conviene que se llame,
y el arte, a la ironía no sometido,
elegido entre los otros, un tal vocablo le dio.
El único en elogio y en valor viene expuesto
por quien entiende; y quien habla de otro modo
del sentido del hablar se va distante.
Esto no es, señor, error de tono,
el nombrar aquello contra lo que se blasfema
con el título de las cosas más excelentes.

[…]

Y bien si meretriz me llamáis,
o queréis deducir que yo no soy una de ellas,
o que entre tales hay algunas elogiadas.
Cuanto las meretrices tienen de bueno,
cuanto de agradable y de amable,
expresa en mi de vuestro hablar el tono. […]


fragmento de las Rime XVI en terceto dantesco,
que Veronica Franco publica en 1575 como respuesta 
al poeta Maffio Venier, que escribe los versos ofensivos:
"Veronica ver unica puttana".
 

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