Por tierras astures

Pravia, Asturias, Noviembre 2008

Buenas tardes, señor alcalde, amigos de Voces del Chamamé, buenas tardes a todos. Vengo desde Pamplona hasta este lugar maravilloso, bucólico, tan propicio para hablar de poesía.


Bueno, siempre he pensado que mucho más importante que los premios que uno pueda conseguir, mucho más importante que el dinero –si lo hubiera-, y mucho más importante que la publicación del libro (que es lo que todos lo poetas ansiamos: publicar, y que es el motivo por el cual me animé a participar en este certamen), más importante que todo ello es el hecho, tan emocionante para un poeta, de que unas personas que no te conocen de nada, que viven a cientos de kilómetros de tu casa, y que aman la poesía, hayan conectado con tus versos, de alguna manera les hayan tocado. Sólo eso ya lo justifica todo y a mí personalmente me hace muy feliz y me anima a seguir escribiendo.


Bien, por las referencias y el contexto el libro tiene ese tono que suele llamarse épico, o siendo más exactos, creo que emplea una lírica que usa símbolos épicos. Digamos que uso esas referencias épicas para explicarme, para hablar de mí mismo. Quería llevar diferentes sugerencias de la Historia (soy un apasionado de la Historia antigua) a mis versos, recrear ciertos momentos de la Historia que tenían una intensidad especial para mí, pues me ayudaban a explicarme, a explicar mi yo lírico.
La búsqueda de la emoción en poesía quizá sea el motor del libro, una poesía que esté llena de la intensidad de las emociones, una poesía palpitante; y ello abarcando motivos relevantes de la Historia de Occidente, de nuestra tradición cultural, la Cultura mediterránea, que es la que yo siempre he considerado como más mía. El poemario está pues lleno de guiños literarios, culturales, religiosos, mitológicos. En fin, diríamos que lo que hago es utilizar las máscaras que me proporcionan la existencia ficticia o real de diferentes personajes antiguos, con el fin de adoptar un tono clásico, recurriendo a cierto tipo de lenguaje ceremonial o ritual, enmarcado dentro de ese poso, esa tradición cultural mediterránea. El libro podría ser así un diálogo con determinados momentos concretos de la Historia, de la Épica, de la Mitología, de la Literatura, del Arte, diálogo del que emergería o trataría de emerger mi voz.


Yo cada vez tengo más claro que una obra de verdad, sentida, —no sé si éste es el caso— ha de estar más allá o por encima de lo racional. Creo que el único modo de crear poesía desde lo tuyo más íntimo, tu verdad más íntima, es perderte en ese arte de la creación poética, dejarte llevar y dejarte llevar por el poema.


La voz del protagonista de los poemas de este libro, el héroe que recorre los versos de Regreso a Alba Longa es un proscrito de la Poesía, del Arte, un incomprendido, un hombre maldito que parte en un viaje iniciático huyendo de algo o de alguien, o buscando algo o a alguien, vive una serie de experiencias mediante las cuales irá adquiriendo conocimiento, y finalmente regresa.
Todo es ritual en este libro: la sangre o la violencia que pueda aparecer en los poemas es una sangre y una violencia simbólicas.


¿Y qué es Alba Longa? Bueno, se trata de una ciudad, una ciudad mítica, una ciudad que existió pero de la que nada se sabe, se perdió su rastro, una ciudad que fue el origen, el germen, de toda una civilización como Roma. Alba Longa es un sueño, una Arcadia a la que el sujeto protagonista de los poemas desea llegar para establecer en ese lugar su vida y conseguir alcanzar la Belleza. Alba Longa forma parte del territorio del Mito, aunque podría ser una patria, como dice en el magnífico prólogo que precede a los poemas mi maestro y grandísimo poeta Julio Martínez Mesanza.


En fin, yo diría que este regreso a Alba Longa es, o supone, el regreso continuo y obligado en mi vida a la poesía como vía de salvación y de retorno al paraíso perdido. Cuando leemos o escribimos poesía, regresamos a casa y regresamos a nosotros mismos, a nuestro interior, a nuestra verdad más íntima. Regresamos pues, para reencontrar lo más seguro de nosotros. Es el regreso casi inconsciente del poeta al hombre y del hombre al poeta, el regreso a aquello que le es al poeta elementalmente vital: la poesía y su latido sereno, su suero, su savia y su sangre. Muchas gracias.

Alfredo Rodríguez y Luis Alberto de Cuenca, 
otro gran maestro y buen amigo.


Biblioteca Pública de Pravia, Asturias
20 de Noviembre de 2008

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