El Veneziano Ignorado

 

     Hace casi medio siglo que el nombre de Albinoni es inseparable del Adagio, como lo es el de Vivaldi de Las Cuatro Estaciones. Dos diferencias notables separan, no obstante, a los dos grandes venecianos en relación con su obra emblemática: para empezar, la reputación de Vivaldi se basa ya en un amplio repertorio que supera con mucho el ámbito limitado de sus cuatro conciertos más famosos, mientras que Albinoni debe la suya casi con exclusividad a su famoso Adagio en sol menor, cuya celebridad sigue ocultando una producción exuberante, apenas explorada por los intérpretes; pero sobre todo, a diferencia de Vivaldi, Albinoni debe su gloria a una de las falsificaciones más sorprendentes de la historia de la música, pues su pretendido Adagio ... ¡no salió nunca de su pluma! La mayoría de los innumerables oyentes de esta pieza, ofrecida hasta el exceso en programas de concierto y en catálogos discográficos, ignora, en efecto, que su verdadero autor no es otro que Remo Giazotto, el primer biógrafo de Albinoni, que publicó la obra en 1958 bajo el nombre del compositor. Aunque Giazotto ha reivindicado siempre para la composición una filiación que la relaciona con Albinoni al afirmar que la elaboró a partir del fragmento auténtico de una parte de bajo, su intento de legitimación ha sido vano: el fragmento en cuestión no ha sido identificado nunca, y todos los especialistas están de acuerdo en reconocer en la obra editada por Giazotto un estilo perfectamente ajeno al de Albinoni.

      Sin embargo, por una de esas paradojas tan comunes en la historia de la música, la impostura ha servido de maravilla a la causa de este gran músico sumido en el olvido permitiéndole, en definitiva, ser objeto del foco de la atención gracias al éxito del auténtico falso pastiche. Pero todavía queda mucho por hacer para que Albinoni encuentre el lugar que le corresponde en la historia de la música: entre la sombra imponente de su gran contemporáneo, Vivaldi, y la abrumadora de su falso adagio, el veneciano ignorado aguarda aún el momento de su verdadera rehabilitación.
 
por Fredéric Delaméa

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