...E la bellezza de la baia di Taormina


Hace ya bastantes años, buf... demasiados, tropecé por Azar (como suelen sucedernos en esta vida las cosas que más amamos, que acaso, se diría, vienen hasta nosotros sin buscarlas y parece que estuvieran ahí esperándonos desde siempre) con este poema maravilloso de mi maestro, don JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ. Este poema que lo resume todo. Lo aclara todo. Este poema en el que me sentí pleno, en el que me reconocí. Descansé en su belleza, en las aguas de su Belleza.


...E LA BELLEZZA DE LA BAIA DI TAORMINA

Llegarás a Taormina. Quizá tus pasos
revelen el cansancio.
O quizá es que al apagarse de ese día
lo comparas, y te entristeces,
con el de todo tu mundo.
Llegarás
a Taormina. Son caminos
que ya muchos pisaron
y alguno de ellos, maestro tuyo.
Y verás las ruinas del teatro,
y entre sus columnas muertas
el espejo del mar, la sagrada presencia
del Etna.
Descansa contemplando este paisaje.
La luz del movimiento del crepúsculo.
Aquí, esa grandeza que amas
nació, fue creciendo
como los olivos, el lentisco, las chumberas,
bajo los vientos de la mar,
al par de todo ello, en la claridad.
Aquí unos hombres
aseguraron con su dibujo
del mundo, ser ellos la medida
de todas las cosas. Y a esa medida levantaron
Arte y sabiduría,
leyes y placer.
Todo aquello de cuyas ruinas aún
tú te alimentas, todo aquello
que es la última instancia de tu alma.

Llegarás a Taormina,
y descansarás contemplando esa belleza.
Y ya ni siquiera la amarás.
Porque habrás comprendido.

Museo de Cera

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