Nueva poesía en el viejo Reyno / Ocho poetas navarros



     La idea surgió en París, en un restaurant en Place de la Sorbonne. Era Noviembre de 2010. Los comensales, Javier Asiáin y un servidor. Poetas navarros. Hablábamos, cómo no, de literatura, de poesía. Y surgió el tema en la conversación: la necesidad de una antología de poetas navarros. Ya. Era necesario un libro, una antología de la poesía navarra, que fuera dejando claras las cosas de una vez por todas. Un libro que reflejara esa efervescencia poética que bullía y que bulle desde hace años en nuestra tierra, Navarra. Lo que se estaba moviendo, lo que se cocía allí, lo que estábamos viviendo cada día en nuestra piel. No se podía cerrar los ojos por más tiempo a esa realidad, a esa edad de oro, o de plata, o como quiera llamarse (y que me perdonen los incrédulos) en nuestra poesía.
    La oportunidad estaba ahí. Había que tomarla. La tomamos. Asaltar la plaza parisina. La asaltamos con nuestros poemas. Vaya que si la asaltamos... No habría muchas oportunidades más como esa. Era la nuestra.
     El resultado ya está aquí, con nosotros, y es inmejorable. Un libro exquisito, publicado por la editorial Hiperion, una de las más prestigiosas de España en la materia poética. 
Gracias al trabajo, al tesón de Javier, y también de Consuelo Allué -impagables sus textos preliminares hablando de la poesía de estos ocho poetas-. Lo demás ya estaba hecho: la calidad de los poemas de esos poetas era indiscutible. Eso ya lo teníamos. Ahí no nos han regalado nada.
    Daniel Aldaya, Marina Aoiz, Javier Asiáin, Fernando Luis Chivite, Francisco Javier Irazoki, Alfonso Pascal Ros, Maite Pérez Larumbe y uno mismo.
     Lo demás, la poesía del momento.

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Si estos versos al ritmo de los golpes






SI ESTOS VERSOS AL RITMO DE LOS GOLPES
con sus bastones en el suelo son los relatos
transmitidos por bardos,
adormecieron el dolor de este hombre,
porque traen desnuda la hika, la lengua
misteriosa acusada de impiedad,
la sacra lengua de los trovadores
perdida en viejos cálamos,
repujada sobre planchas de oro.
Guía del peregrino son, las venas
abiertas de la tierra,
aquellas que en mí encuentran
su más cumplida réplica.


 

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Que prendiese en Ella, que estos recuerdos





QUE PRENDIESE EN ELLA, QUE ESTOS RECUERDOS
se engarcen bien en Ella, ene jeiná,
de la antigua elegancia de los signos me dote;
que en su esplendor conozca
fiestas y novilunios,
mi hado viajero el genio
esclavo de su sombra, mi señor.
Aunque hubieran contra mi pergeñado
terribles sortilegios y conjuros,
que ninguna emoción me esté vedada,
así le brinde hospedaje mi mente,
y eso es algo que nadie podrá hurtarme
pues no habrá recompensa.


 

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Canto de salvación



                  Tierra de oro, ven a mí, maravilla de las maravillas, que a tus encantos resulte difícil sustraerse. Tierra de nuestros gentiles padres, por nada seas rendida. No admitas en tu lecho mácula alguna, ni dejes a tus hijos en herencia una cruenta derrota. Indemne seas del agua amarga, las cambiantes arenas, los desiertos insondables. Fue durante siglos que hubo calma en tus montañas de frondosos bosques cubiertas. Por la noche, junto al fuego, recordábamos el pasado. Con la fuerza y la vida que emanaban luces y sombras producían un extraño efecto de vida, y fue la lengua de tus hijos lengua fluida y vivaz. Con metal más preciado, oricalco o bronce de las montañas, decoramos tus murallas, la impronta suave y dulce fue de tu alma. Los dioses te protegieron hasta hacerlas inmunes.
          

          Hay en el aire un entramado de intrigas, viles pulsiones e inmundicias te acechan. Los rigores de tu cautiverio no se aplacan. Oh tierra esplendente de oro, tierra llana rodeada de montañas, por solaz y placer ven a mí. Que bajo tu signo se pongan las estaciones por las que fuimos tus hijos transitando a la vida. Salga el agua maldita de tus entrañas, Tierra Naba, parte las espigas, aventa la paja, muele el grano; piedra sobre piedra, no dejen tus pretendientes sus huellas explícitas. Queman en el aire oscuros presagios, violentas imprecaciones, trampas, fosos y trincheras se preparan, laderas escarpadas arden en tus fronteras. Ya la sola mención de tu nombre causa pavor.
          

          Tierra de oro, yo soy el que habla cuando todas las bocas guardan silencio; poeta y visir, tengo los labios llagados, los ojos enrojecidos por el dolor y el llanto. Yo soy el que entra en ti siendo amado. A despecho de rumores, de temores de hombres, maravilla de las maravillas, Tierra Naba, ven a mí. Tú sabes que el momento ha llegado.

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Pasan dos horas como pasan dos años






PASAN DOS HORAS,
COMO PASAN DOS AÑOS y tú en aquella
casa esperando obtener su cuerpo, y bebiendo vodka
y fumando opio para experimentar con él, como sabes que antes
lo hicieron y con dilatada experiencia gautier, de nerval, balzac,
quién más se me ocurre ahora, baudelaire, delacroix,
wilde, de quincey, y hasta el bueno de graham greene

así debían por tanto
rendírsele honores

a esta experiencia visionaria tuya y sólo tuya,
acercarse a lo divino, despojar de sus oropeles
la última resistencia

y es así como pasan dos horas
y tú sin ganártela,
sin llevártela a la cama, dios, y esos tipos
que no paran de hacer ruido, de reír,
de hacer ruido, de llamadas de teléfono, de hacer ruido,
de gente entrando y saliendo, de hacer ruido
y parece que pasaran
dos años

cuando

...las esclavas llenan las copas, y soy yo quien ha de apurar el cáliz
de este destino fatal
que
me
acompaña,
destacado en todos los terrenos sin ser el primero en ninguno,
así soy yo
la hubiera tomado allí mismo, sí allí mismo y con mis propias manos
así,
así,
con estas manos que ahora escriben
con insolente determinación
ah, estas nuevas sirenas ya no son sabias,
atalajes fastuosos, tocados de plumas
piafan el caballo
pues
era de vital importancia no olvidar ningún detalle
una ayuda escrita por si fallaba la memoria en el momento decisivo
y ya
han pasado
dos horas
y una jerigonza incomprensible sale aún de sus labios
...soy el joven cazador amante de venus,
esta es mi particular versión de los hechos

el reposo de los amantes,
suaves y dúctiles,
el descanso a mis peregrinaciones,
sumido en penumbra acentúan la oscuridad interior
hasta perder mi doncellez.




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Ni juzgó oportunos los secretos entre amigos





NI JUZGÓ OPORTUNOS LOS SECRETOS ENTRE AMIGOS,
creyendo que el hombre que obra con rectitud
puede lanzar el pensamiento en voz alta.

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Un dios que de noche me ha visitado





UN DIOS QUE DE NOCHE ME HA VISITADO
en forma de serpiente,
anfitrión invisible,
ganándome la voluntad me ha dicho:
en ningún sitio estoy lejos de ti.


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Nos han de quitar todo




NOS HAN DE QUITAR TODO,
no nos han de dejar llevarnos nada.
Hasta el torreón y las huertas serán tomados.
A sagrada ordalía
por el fuego, seremos sometidos,
por veredicto divino.
El deseo
de aislarse, de apartarse
habrá permeado en nosotros.
Buscaban
un nombre extranjero en la Tierra Naba

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Acaso no eres tú, hermana mía,





¿ACASO NO ERES TÚ, HERMANA MÍA,
mi salud y mi vida
y yo aquél que sólo ve sombras, nunca
mística o armonía de los números?

¿Aún permanece tu juventud?,
—dime, ene arrebá.
Nunca satisfacer tus deseos supone
rémora para mí.
Si no puedo estar contigo esta noche
me sentiré como un muerto.
¿Acaso no eres tú, hermana mía,  
la que acompaña el alma
al final de la vida,
luz que penetra en mí, libre y tornasolada,
cuyas carnes son de oro?

Vive otra vez conmigo, ene arrebá,
déjame arrancar en la madrugada
del olvido esta muerte corporal.

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Leí de vos aquello que decía





LEÍ DE VOS AQUELLO QUE DECÍA
ya no recuerdo quién,
que el último fin de la vida
era el placer.

Así que llamé a mi esclava, le dije
dame de beber, y llenó mi mejor copa
con el más dulce vino
de dátiles, de aquél que hacíamos
traer del Sur, del antiguo país
del oro.

Luego yacimos juntos con la noche,
hasta que pronto entré como narcotizado
en un sueño profundo.





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A las puertas de Sefarad, el perro





A LAS PUERTAS DE SEFARAD, EL PERRO
que bebe sangre maldita que mana
del cuello de la Bestia.

Encrespadas laderas y colinas
divisa, a las puertas de Sefarad.

De la tierra bañada por su sangre
nació la vid del sol
en su bello amanecer y su ocaso.


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Qué buen ciego aquél que con su ceguera




QUÉ BUEN CIEGO AQUÉL QUE CON SU CEGUERA
infinitos horizontes divisa,
y el amor fragante de una mujer
lo sabe recibir
puro en su mirada, sin sed ni sangre.

Y así ensombrece sus últimos días
por suntuosas estancias
el caballero, con coraje ciego
a desprender del cuerpo
nunca invocar el miedo
con la pluma o las armas.

Y el trajín anhela de la vida de campaña,
su lección aprendida, batalla temerosa.
O bien una vida larga y oscura,
o bien sino una breve
de perdurable gloria.


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