Entrevista a Alfredo Rodríguez sobre Hierofanías, por Esther Peñas


“Los poemas han de ser manifestaciones de lo sagrado en nuestro mundo”

Alfredo Rodríguez, poeta
Esther Peñas. / Madrid- 21/02/2017
En su último poemario, Hierofanías (Chamán ediciones), Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969) muestra su verso más despoblado, la rama más desnuda, la flor (acaso de naranjo) irreductible, en un acercamiento entregado al mundo de la enseñanza hinduista en el que se rinde “a la evidencia cósmica”.

 Hierofanías. Con este título, ¿no se asustará en demasía el lector?

No tiene por qué. Hoy no hay excusa para no conocer el significado de una palabra. Si no sabes algo Google te lo ‘chiva’ todo al instante. El término creo que es un neologismo acuñado por Mircea Eliade. Yo lo descubrí, fíjese, en un hermoso poema de José María Álvarez titulado “Hierofanía o Ceremonia de la sirena”. Y si yo lo he descubierto lo puede descubrir cualquiera. Una sirena, un unicornio o una virgen cristiana, en fin, cualquier aparición milagrosa sería una hierofanía; y eso deberían ser siempre los poemas: manifestaciones de lo sagrado en nuestro mundo. De todas formas, un poeta nunca debe escribir pensando en el lector. No puede vivir sometido a esa tiranía. Al final un libro de poemas debería ser un rompecabezas en la mente del lector, el cual ha de ir uniendo en su cabeza poco a poco las piezas a lo largo de sucesivas lecturas y reflexiones.

Este último libro es más desnudo, más directo, más atento a la raíz. ¿A qué se debe esta metamorfosis?

Supongo que todo ha sido un proceso natural —no buscado— de depuración, de decantación, de destilación, con los años. Estos poemas buscan un cierto equilibrio, y buscan también acercarse a la emoción artística. El caso es que empezaron a fluir con una completa espontaneidad, casi como fruto de un rapto de delirio; de hecho el libro fue compuesto en su mayor parte durante tres semanas de febrícula continua provocada por el virus de la gripe A, entre febrero y marzo de 2015. Así que puede decirse que los poemas de este libro son texturas derivadas de esos estados febriles.

“Vivo en ti una ascensión interminable”. El verso ¿se nutre más o mejor de los ascensos de espíritu o de los descensos del ánimo?

Ese inconcreto tú al que se dirige el sujeto lírico en ese verso es la Poesía en sí misma, personificada. En mi caso está claro que el verso se nutre de ese ascenso espiritual. Es la apertura al misterio del poema, es abrirnos a la iluminación, como hacen los practicantes del Zen, para ser capaces de experimentar la trascendencia en el arte, en poesía, o donde fuere.

¿Qué territorio ocupan los mitos (aquí, en su libro, explícitamente los Vedas) en lo poético?

En este libro hay una profunda inmersión en el mundo de los mitos y símbolos universales que apuntan a la verdad, al rostro original como diría Vicente Gallego. Y ahí no hay sólo interés literario, sino también quizá necesidad del alma, gusto de rendirse a la evidencia cósmica. Pero téngase en cuenta que lo que nos falta hoy a todos en nuestra vida, en todos los campos, es el Mito. El mundo mítico. Esto es una de las cosas que ha desaparecido de nuestro mundo, y lo vamos a pagar muy caro, como dice José María Álvarez. En cuanto a los Vedas, claro, son textos mitológicos, pero yo los veo muy reales: son los cuatro textos sanscritos del hinduismo en su estado puro.

“La mujer abrazada suprime el pensamiento por el conocimiento revelado”. ¿De qué depende, aparte de la disposición del propio poeta, que el poema tenga más simiente de lo intelectual, de lo culto, en su más amplio sentido, o se vacía de significado y aspire a reverberar en quien lee, es decir, que se sustente en lo racional o lo irracional?

Ahí se habla de una mujer y esa mujer es la Hembra Misteriosa —de la que hablaba el maestro chino Lao Tse—, una mujer que crea sin cesar, que es la puerta de lo misterioso femenino, que es la madre del Mundo, que es el espíritu y la esencia de todo. Hay en el libro un homenaje al principio femenino del cosmos y de ahí brota toda esa sensualidad mística, esa “boda mística” deseada por el sujeto protagonista, una boda mística que lo es con la Poesía (el maithuna del que habla algún poema). Por otra parte, debo decir que en mi poesía no veo ‘lo intelectual’ por ningún lado. Si acaso estos poemas buscan un poco la conciliación entre lo racional y lo místico. Pero más que todo se apoyan muchas veces en la lucidez del Tao; y eso tiene mucho que ver con la naturaleza del acto poético, porque con cada poema estamos muy cerca del corazón del Tao. Y es que escribir poesía es como mirarse por dentro hasta el fondo.

“Como el candente metal es tu cuerpo”. ¿Con qué metal podríamos comparar su poesía?

Ese verso quiere reflejar el estado ígneo del poeta en el instante de crear. Su cuerpo arde, tiene fuego dentro, le queman los brazos y las piernas, cuando da con el verso perfecto. En cuanto a mi poesía, si me da usted a elegir me gustaría que fuera comparada con el oro, claro. Pero me conformo con el bronce. Eso sí, que sea el bronce de la Ilíada, donde tenía alto valor.

¿Uno puede dejar de aspirar a la Unidad?

Un tema que aparece en el libro es el de la eterna dualidad, esa dualidad que debe ser deshecha en el instante maravilloso de la Unidad armónica. También la fusión del alma con el mundo, con el Todo, aparece una y otra vez entre los versos de Hierofanías. El sujeto lírico de estos poemas anhela la unidad trascendente con el Todo, su fusión sin mediaciones con la vida del universo. El espíritu sólo quiere retornar, en el ciclo evolutivo, hacia la Unidad originaria, hacia la Gran Madre, hacia la magna mater. Nosotros, en cambio, somos parte de un mundo que va con prisa a todas partes, que ha perdido la capacidad de sentir. Meditar en la Unidad es sacudirse toda prisa, es el mero acto de existir sin esfuerzo, por el puro gozo de existir.

La belleza sigue siendo algo irrenunciable para su poesía. ¿De qué modo concibe lo bello?

Sí, no concibo la poesía sin belleza. Punto. No entiendo la poesía de lo banal que tanto “éxito” tiene ahora. En este libro, en concreto, he tenido mucho en cuenta la belleza y el valor del pensamiento primitivo oriental. Pero la belleza en poesía es algo que está más allá de la forma, es una suerte de fusión imperceptible entre forma y contenido. Porque escribir poesía es buscar la verdad, la belleza, la armonía. Y la educación en la belleza es la asignatura pendiente de un sistema tan fuertemente mercantilizado como el de nuestros días.

¿Un exceso de belleza puede matar?

Rilke decía, al principio de sus Elegías de Duino, aquello de “Todo ángel es terrible”, es decir, su sola presencia aniquilaría al ser humano. La aspiración hacia la belleza absoluta claro que puede matar. Y más en nuestro mundo, donde la inutilidad de la belleza es lo que la hace más bella aún. Además la muerte puede tener un rostro amistoso, como decía Montaigne.

El poema, ¿tiene más de silencio o de música?

Hierofanías es mi libro con más ingredientes del yo profundo, de eso que los hindúes llaman “atman”: La nada, lo infinito, el yo profundo. Meditar es dejar de pensar, es el silencio del pensamiento, es vaciarse de lo conocido —como decía el sabio Zen. La salida del fraude de nuestra vida banal está en la meditación: convertirse en energía pura. El silencio es la matriz de esa meditación, porque el Zen es una alquimia que transmuta los conceptos en silencio. Y la poesía es una invitación al silencio en un mundo ruidoso, como dice Colinas. Pero por otro lado está la música, que es fundamental en poesía; y es que la poesía, no lo olvidemos, es ritmo. Ritmo sin el cual no hay verdadera poesía. Sin ritmo no hay emoción, como decía el poeta Miguel Ángel Velasco. Los poemas han de nacer ya con un determinado ritmo o con una determinada forma de dicción. Y desde luego, un gran poeta es alguien que tiene un gran dominio del ritmo del lenguaje.

Dígame un verso ajeno que le sirva de oración interior.

Ah, eso lo tengo muy claro. Los primeros versos de Sepulcro en Tarquinia de Antonio Colinas. No he podido quitármelos nunca de la cabeza: “Se abrieron las cancelas de la noche / salieron los caballos a la noche, / campo de hielos, de astros, de violines, / la noche sumergió pechos y rosas…”

Esther Peñas
Diario Solidaridad Digital
21 de Febrero de 2017

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Entrevista a Alfredo Rodríguez sobre 'Hierofanías' en Diario de Noticias


-En ‘Alquimia ha de ser’ declarabas tu “fe absoluta en la poesía”, en este caso parece que incluso das un paso más allá, ¿es así?
Sí, allí reivindicaba la poesía como arte y aquí, en ‘Hierofanías’, la reivindico como experiencia casi mística, pues es un libro que aboga por el sentido profundo de la poesía, por el espíritu trascendente de la misma, en estos tiempos que tienden a la desacralización. Pero el mensaje de fondo del libro es el mismo mío de siempre, el de todos mis libros: la celebración del misterio de la creación poética, el deseo de la poesía, y la propia conciencia de la misma.
-También comentabas entonces que eras consciente de que los poemas eran tramos del camino de autoconocimiento que habías emprendido con esta exploración poética, ¿en qué punto del camino te encuentras ahora con 'Hierofanías', teniendo en cuenta, además, que abres el libro con 'Panth'? ¿Qué has descubierto de ti mismo en este viaje?
Sí, claro, la poesía se ha convertido para mí en una vía de conocimiento, en una experiencia casi metafísica, y ‘Panth’ sería el sendero hacia todo eso. Pero además la poesía es vista en este libro como alimento espiritual, como medicina para el espíritu, como una forma de salvación espiritual. Hölderlin decía que el poeta debe seguir su peregrinación hasta dar con el poema sagrado, es decir el que le reclama su ánimo, el verdadero, el que da sentido trascendente a sus versos. En cuanto a mí mismo, he descubierto que no sé nada aún, que esto no ha hecho más que empezar para mí, que sólo he asomado un poco la cabeza a todo este mundo, aunque a la vez voy viendo que la poesía se va agotando en mí. Antes era capaz de escribir tres o cuatro libros de poemas en un año, ahora escribo uno cada tres años y gracias. Este libro me ha vaciado, me ha producido como una honda necesidad de no escribir nunca más. Aunque no creo que la cumpla.

-Ya desde el título de este nuevo poemario, 'Hierofanías', nos manifiestas que la poesía es algo sagrado, ¿en qué sentido?
Como dice Antonio Colinas, lo sagrado no tiene nada que ver con lo religioso ni con lo clerical. Lo sagrado existe en la cultura del hombre desde tiempos remotos, es anterior a las religiones y además las sobrevivirá. Una grandísima parte de la poesía universal no es sino un diálogo con lo sagrado, con lo trascendente. Lo sagrado es lo secreto, lo más íntimo que a veces se presiente, lo real, lo que uno vive aquí y ahora, instante tras instante, algo genuino e irreductible, algo que está en la experiencia interior, que es la más profunda, íntima e inexpresable de las experiencias. Lo que quiero reflejar en este libro es la actitud sagrada del poeta ante ese instante mágico en el que se dispone a crear. Este libro trata de apostar por la sacralidad de la creatividad, y su razón última quizá sea dar fe de la inconsciencia maravillosa y terrible de escribir poesía.
-¿Podemos decir que estamos ante un poemario místico, y aun más, un poemario que sigue los preceptos del budismo o de la mística oriental?
Yo no diría tanto. Es una poesía meditativa, reflexiva, más que mística. Hay una profunda inmersión en el mundo de los mitos y símbolos universales que apuntan a la verdad original. Más que místicos estos poemas yo diría que están escritos con “conciencia mística” y, en todo caso, remiten a una memoria cultural concreta —la de Extremo Oriente—, un mundo al que me acerco seducido por lecturas, para hallar la propia luz. Trato de explicar mi mensaje poético a través del espíritu del zen, cautivado por la belleza y el valor del pensamiento primitivo oriental. ‘Hierofanías’ es un libro en el que Oriente y Occidente se interfecundan. Hay que tener en cuenta que el origen de la cultura universal está en Oriente.

-¿Eso no aleja la poesía de lo terrenal, no te da miedo que sea menos accesible?

Precisamente, mi maestro José María Álvarez me decía un día, después de leer estos poemas, que este libro no lo iba a entender casi nadie. La verdad es que yo no escribo poemas pensando en el lector —no trato de convencer a nadie de nada—, no hago concesiones en ese sentido. Escribir poesía entiendo que ha de ser un acto espontáneo, carente de fin, se hace por sí mismo, por el placer de sí mismo. A la poesía que se escribe de cara a la galería se le ve enseguida la trampa y el cartón.

-¿Eres tú más que nunca en estos poemas; estos versos trazan de algún modo el autorretrato más perfecto que has presentado hasta la fecha?
Quizá sí, porque mi poesía en este libro es un fluir de conciencia. En estos poemas trato de dejarme llevar por la corriente armónica del Tao, es decir, dejar que las decisiones poéticas surjan espontáneamente por sí mismas, sin elegir, dejar fluir los versos. Se trata de no quedarse sin magia, porque no se puede vivir sin magia, como dice Salvador Pániker. Para el sujeto protagonista de este libro solo cabe abandonarse al Tao; es preciso volver una y otra vez al Tao, reparar los daños causados por la educación convencional, desaprender lo aprendido, recuperar la mirada virgen, aproximarse al origen, reinventar el mundo, seguir el curso fluido de las cosas.

-Javier Asiáin explica en el prólogo que tus versos y poemas se muestran más ligeros y etéreos, ¿de qué peso te has desecho?, ¿en qué medida eso ha afectado a la estructura y la estética de los poemas?
Sí, Javier Asiáin también me decía un día que esta poesía mía es atemporal. Con este libro creo que la cosa gana en intensidad verbal, en aventura, en libertad, porque es una apuesta arriesgada, y en poesía siempre hay que arriesgar. Hay quizá también un proceso de depuración, de decantamiento. Estos poemas buscan un cierto equilibrio, y buscan también acercarse a la emoción artística.

-El poemario está atravesado por una energía especial, ¿cómo la definirías?
Diría que es una energía espontánea. En estos poemas se persigue una cierta espontaneidad taoísta (taoísmo mediterráneo sería una buena definición). En ese sentido el elemento más válido para acercarse a la poesía es la espontaneidad. El esfuerzo que culmina en la espontaneidad creadora. Porque esa espontaneidad surge tras un trabajo previo, y no equivale a ingenuidad. Espontaneidad es que uno escribe sin para ni por qué. Al poeta le guía siempre el instinto, naturalmente después de un trabajo previo. Porque un poeta es ante todo un trabajador del lenguaje y un constructor, un arquitecto de las palabras.

-¿Es esta clase de poesía mística una guía de vida al margen de la escritura, en tu vida diaria?
Mi vida diaria no tiene nada o muy poco que ver con la poesía y menos con la mística, porque trabajo en el sector de la metalurgia. Uno escribe poesía, a cada momento, según la situación que le envuelve, una situación que viene dada en buena medida por las lecturas. Las impresiones que uno va recibiendo a lo largo del tiempo acaban constituyendo una especie de depósito lírico, un sustrato que un buen día fructifica en poemas. Y el lenguaje que habitualmente usa uno en esos poemas proviene de la influencia de sus lecturas. En este libro la experiencia lectora se funde fuertemente con la experiencia vital —la práctica del chi-kung— y con la experiencia creadora, en una unión sin fisuras.

-Últimamente estás participando en eventos de difusión de la poesía, caso del programa 'Anaitaverso', ¿es una necesidad que tenemos en nuestra sociedad? ¿qué nos puede aportar para la vida?
Sí, claro que la poesía es una necesidad social, aunque lamentablemente hoy se halla arrumbada en los planes de estudio. La lectura de poesía es un primer paso para recuperar una formación en sentido pleno, enseñarnos a pensar de nuevo,  y sobre todo reeducarnos la memoria. Todo pasa por memorizar textos y por invitar a la composición de los mismos. El hombre necesita toda la música que se le pueda proporcionar para ser libre, música en sentido amplio, que incluye la palabra poética. Porque la poesía es, sobre todo, ritmo. Sin ritmo no hay emoción, como decía el poeta Miguel Ángel Velasco.
-En Navarra hay bastantes poetas en proporción con su población, ¿cómo valorarías el nivel que existe y qué te parecen los distintos eventos (festival Metáfora, recitales en El Bosquecillo, etc) que se realizan?
Sí, yo siempre lo digo —aunque no me acaban de tomar en serio—, en Navarra estamos asistiendo a una especie de edad dorada de la poesía, pero no somos conscientes. Nunca estuvo tan viva como ahora ni tan dinámica. Hay muchas ganas de hacer cosas y muchísimos poetas, de todas las edades y la calidad es media-alta.
-¿Sigues con tus conversaciones con José María Álvarez? ¿En qué otros proyectos trabajas?
Sí, salieron publicados ya los dos primeros libros de conversaciones en París con él, y hay un tercero aún inédito, titulado ‘Nebelglanz’. Tenemos pensando un cuarto y último que sería en Venecia, su ciudad amada. Hay también terminado una especie de libro de fragmentos de su vida titulado ‘Fragmentarium’, así como una antología de sus poemas venecianos, titulada ‘El vaho de Dios’. También un libro recopilatorio de entrevistas con Antonio Colinas, titulado ‘La plenitud consciente’, que surgió a raíz de una conversación que mantuvimos hace algunos veranos en Ibiza. Y lo más inmediato en aparecer va a ser, en mayo, en esta misma editorial albaceteña Chamán —que ha publicado mis ‘Hierofanías’—, una antología de la obra en verso y prosa de Miguel Ángel Velasco, uno de los mejores poetas que ha dado este país y que murió tan joven hace pocos años.

Por Ana Oliveira Lizarribar
Diario de Noticias
19 de Febrero de 2017

 

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'Hierofanías' en el blog 'En un bosque extranjero' de Santos Domínguez

06 febrero 2017


Hierofanías de Alfredo Rodríguez



Si el poeta conquista la pureza
conquistará el descanso
y después todas las cosas
ya serán solo una con el Tao.
La fuerza de eliminación del cuerpo
y la luz de luces, la Luz del alma,
conservan su dharma cósmico visible,
el Yo que es anterior al nacimiento.
Al poder trascender sus dualidades
entrará en el silencio,
el deseo de integrarse en el Todo.

Es uno de los poemas que Alfredo Rodríguez ha reunido en Hierofanías, que publica Chamán Ediciones. 

Un libro que continúa el camino abierto por Alquimia ha de ser y que representa un cambio decisivo en su trayectoria poética, un “tránsito hacia la luz”, como lo define Javier Asiáin en el prólogo en el que presenta estos “poemas equilibrados con un núcleo de energía dentro”.

Los poemas de Hierofanías son invocaciones a lo sagrado, reflejos de un re-conocimiento de la propia identidad en la poesía renacida a nueva luz de estos versos.

Un vuelo hacia lo hondo, hacia la esencia del ser, que eleva la poesía de Alfredo Rodríguez hasta la levedad de lo profundo, hasta un espacio espiritual en el que la palabra poética se convierte en ejercricio ascético, en forma de conocimiento de sí mismo y de su lugar en el mundo.

Poesía sostenida en una mirada visionaria y transformadora que se proyecta en un viaje interior al fondo del poeta, a la esencia pura de la poesía y a su poder de convocatoria de lo sagrado, a la revelación de la luz por medio de la palabra iluminadora:

Su lectura nos ilustra secretos,
la lengua oscura de los alquimistas
que empujaban el carro de la Noche,
la conciencia del mundo.
No teme ni la vejez ni la muerte,
todo lo devora y es puro, sin envejecer.
Porque abandona todos los valores,
hálito y pensamiento, imago mundi,
el fuego serpentino de la tierra.
No desciende y no asciende y permanece inmóvil
y se convierte al Espíritu en lámpara.


Poesía vertical, ascendente, en la que el poeta no sólo toma conciencia de sí mismo, sino que da un paso decisivo en su particular camino de perfección personal y literaria.

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'Hierofanías' de Alfredo Rodríguez en la columna 'La ventana' de Juan Gracia Armendáriz en Diario de Navarra


          Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969) pertenece a una generación de poetas navarros cuyas propuestas estéticas no tienen nada que envidiar a la de sus coetáneos más conspicuos. La suya se ha adscrito a una suerte de "neonovismo", bajo la admonición de su más pertinaz representante, el gran José María Álvarez. La propuesta cosmopolita, viajera y lujosa era el contrapunto a la poesía que seguía atada al "airico de la tierra". Necesitábamos respirar y Alfredo Rodríguez nos lo permitía con sus poemas ilustrados de paisajes exentos de folclorismo. El poeta nos aclara el título de su último poemario, que ahora publica con mimo Chamán Ediciones: "Aquellas manifestaciones expresas de Lo sagrado, en suma, apariciones milagrosas". En el prólogo, Javier Asiáin se pregunta a qué se debe el cambio de registro de su compañero de letras: "No sé muy bien qué le ha pasado a este poeta (...) para ataviarse de súbito con el sayo monástico de los monjes tibetanos..." En efecto, los 42 poemas que componen Hierofanías giran en torno a las antiguas tradiciones sapienciales que, desde Oriente, han propuesto una forma de conocimiento y espiritualidad que hoy nos llegan en forma de bisutería mindfullness: "Más vale un gramo de experiencia que kilos de teoría", afirmaría un maestro zen. El cambio de registro, que no de poética, obedece a la vivencia del autor, quien ya nos advierte de la dificultad que entraña transmitir en palabras lo inefable. El poemario gira hacia los abismos luminosos de José Ángel Valente o Hugo Mújica, poetas que trataron de hacer suya la rica tradición mística oriental y occidental. El autor no reniega del culturalismo. Abundan las referencias a prácticas ascéticas y meditaticas, a los textos sagrados, al sexo tántrico. Exento de chakras y meridianos, los versos tocan el misterio de la epifanía y nos revelan la vivencia última: "Se va afinando hasta la trasparencia / el alma luminosa." Entonces el poema se transforma en una perla brillante para recordarnos que lo milagroso nos rodea.

Juan Gracia Armendáriz
Diario de Navarra, 6 de Febrero de 2017


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'Hierofanías' de Alfredo Rodríguez en Diario de Navarra



Alfredo Rodríguez tiñe sus versos de mística oriental
El poeta pamplonés publica su octavo poemario, 'Hierofanías', que explora el carácter "sagrado" de la creación

      "Un viaje místico hacia las propias entrañas de la poesía". Así define el poeta Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969), su nuevo poemario Hierofanías, concebido como la segunda parte de su libro anterior, Alquimia ha de ser (2014). En esta nueva obra Rodríguez continúa indagando en el "misterio de la creación poética", esta vez totalmente sumergido en una atmósfera "espiritual". 
     Como su propio título indica, Hierofanías se inspira en el sentimiento de lo sagrado, tratando de equiparar la experiencia mística con la vivencia estética de la poesía. En consecuencia considera que este libro es "una meditación lírica, un proceso de interiorización, un despertar el alma".
     Alfredo Rodríguez explica que estos poemas se sitúan en la frontera "entre la poética y la metafísica". Sus versos están impregnados de la mística oriental, con conceptos relativos a la meditación, al budismo y a la expansión de la conciencia. En este caso, su pasión por el mundo antiguo, que es una constante en sus obras, está presente a través de la mitología hindú. 
     La mayor parte de los poemas se gestaron en la primavera de 2015, cuando Rodríguez estaba practicando chi-kung -una terapia medicinal de origen chino, basada en el control de la respiración- y llevaba tiempo "metido de lleno" en lecturas de filosofía oriental. Su fuente de inspiración procede de la prosa de autores como Mircea Eliade, Lao Tse o Swami Sivananada, incluyendo también El Dhammapada (los dichos de Buda). En el prólogo de Hierofanías, el poeta pamplonés Javier Asiáin señala que los versos de Rodríguez "están tamizados por la luz de la mística ancestral, de la tradición de Oriente, empujados de soslayo como al abismo de una realidad mágica".
     Licenciado en Derecho, Alfredo Rodríguez ha publicado otros siete libros de poemas, siendo los más recientes Ritual de combatir desnudo (2010), De oro y de fuego (2012), y Urre Aroa, seis poetas de Tierra Naba (2013). Asimismo es autor de Conversaciones en París con el poeta José María Álvarez, que publicó en dos libros Exiliado en el arte (2013) y La pasión de la libertad (2015).




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La pasión de la libertad en el blog de Hilario Barrero

Correo de España. La frontera de lo perecedero. Álvarez conversa con Rodríguez.



                    


                                             
                                                Il ne faut pas toucher aux idoles: la dorure en reste aux mains.  
                                                                                                                             Gustave Flaubert
                                                                                                                                           las torres que desprecio al aire fueron
                                                                                                                                                a su gran pesadumbre se rindieron.
                                                                                                            Rodrigo Caro


He recibido Exiliado en el arte y La pasión de la libertad (Editorial Renacimiento); dos preciosos volúmenes de conversaciones con el poeta José María Álvarez coordinados por otro poeta, Alfredo Rodríguez. Se puede o no estar totalmente de acuerdo con el método conversacional, a veces caótico, a veces reiterativo, a veces apasionado, siempre de veneración hacia el autor de “Desolada grandeza”, pero uno tiene que decir, enseguida, que admira y valora más la inteligencia y preparación que despliega Rodríguez, la hondura de las preguntas, los bellísimos subtítulos que dividen los libros, las cientos de oportunidades que le da al maestro para que se luzca, que muchas de las respuestas indigestas, cargantes, a veces irritantes del poeta de Cartagena.
Para los seguidores del poeta cartagenero estos volúmenes son dos “biblias” para conocer y apreciar la sabiduría y los vastos conocimientos del maestro. Un libro con respuestas como estas: “… Todo artista de verdad –y eso sí creo serlo- se siente fracasado ante lo que sueña, ve su obra como un fracaso en comparación con lo que había querido lograr o alcanzar sin darse cuenta. Aceptar es lo único honorable…”. El maestro piensa no ser de este mundo  y cuando Rodríguez con ese bendito ardor y ceguera de fanático, le comenta: “Otro verso suyo de riesgo, de esos que le hacen a uno levantarse del asiento: “no hay dos coños iguales”…  Álvarez, no le deja terminar y le responde: “No hay dos iguales, sin duda; incluso el mismo varía con el tiempo. Y no me refiero solo al aspecto digamos exterior. La textura, la temperatura, el aroma, la suavidad del pelo, me refiero a coños de verdad, no esa patraña plastificada de hoy, con la depilación que yo odio: incluso diría la sensación de su acogimiento”. Preciosa  respuesta de un poeta que no es de este mundo. Tanto Álvarez como su buen amigo Vargas Llosa piensan lo mismo en un tema que ambos (ahora parece que el segundo es el ganador) parecen dominar: que sin erotismo no  hay literatura. No todos van a ser “Antonios Colinas” que ensalzan y alaban a Álvarez en un artículo que aparece en el primer volumen y termina así: “Es el fulgor –habla de Museo de cera- del ayer salvado, el poema que arriesga y que enriquece al que lo lee”. El poeta tiene sus detractores, algunos de armas tomar. Y se pasan. Hay un enemigo trastornado que se dedica a boicotear y a insultar las intervenciones del poeta. Una cosa es dialogar y razonar uno sus preferencias y otra es la violencia y la intimidación. “Yo creo que su odio hacia mí –dice refiriéndose a uno de sus enemigos- tiene algo de enfermedad”. A España, la ve mal. Rajoy es tan malo como Zapatero Y hablando de odios y de enfermedades, Álvarez, como era de esperar, lo deja claro: “Creo que ser español es una desgracia”.
Uno que, a pesar de todo, se ha leído los dos volúmenes, que tiene la primera edición de Museo de cera (el libro preferido de poetas jóvenes que imitan y veneran), uno que conoció al maestro, por medio de un amigo, cuando los dos vivían en Cartagena, que admira sus gustos musicales (sobre todo su pasión por los cuartetos o el “Winterreise” de Schubert y la ópera), que le agradece haberle dado a conocer a Cavafis, uno que ha entrado a las páginas de estos gruesos y generosos volúmenes con la navaja afilada, que ha subrayado respuestas contradictorias, a veces  irritantes, debe decir dos cosas: 
A) Que el volumen lo ha ayudado a conocer mejor al poeta y que ha vuelto a su poesía gracias a las generosas muestras que salpican los dos volúmenes, lo que uno agradece a Alfredo Rodríguez. Y al Maestro.
B) Si el tiempo no borra la obra de Álvarez (torres más altas han caído) estos dos volúmenes serán (y  ya lo son para algunos) fundamentales y de obligada consulta para futuros investigadores. Una labor minuciosa y bien hecha de un entusiasta, apasionado, fogoso discípulo --él mismo un excelente poeta--, que uno celebra y recomienda a tirios y troyanos, sobre todo a los que son de este mundo, porque en el fondo es una obra de amor y conocimiento hacia el Maestro. 
Hilario Barrero
Blog por hache o por be
24 de Septiembre de 2015 

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La pasión de la libertad en el blog de Álvaro Valverde

Con José María Álvarez

J. Mª. Álvarez y A. Rodríguez en Madrid, 2015
He seguido a debida distancia la obra poética de José María Álvarez (Cartagena, 1942), uno de los novísimos más genuinos, un auténtico veneciano. Mucho en mis años de formación, que coinciden con la publicación de sus primeros libros de poesía, reunidos luego en Museo de Cera (y cuando ven la luz sus exitosas traducciones de Kavafis en la misma editorial de su inicios: Hiperión), y menos a partir de entonces, décadas en las que ha seguido dando a la imprenta (siempre en Renacimiento, tras pasar por Pre-Textos) nuevas entregas, ya ajenas a aquel ciclo, la última de las cuales, Como la luz de la Luna en un Martini, mereció una de las pocas reseñas que aparecieron con mi firma en ABC Cultural. 
Confieso que a su prosa no me había acercado hasta ahora y ha sido gracias a La Pasión de la Libertad, segundo volumen de sus conversaciones con el poeta navarro Alfredo Rodríguez en París, la ciudad donde vive. El primero se titulaba Exiliado en el Arte. De los numerosos tomos de sus diarios, complementarios a la fuerza de estas prolijas conversaciones, acaso el más importante sea Los Decorados del Olvido, que tampoco conozco. (Me sorprende, eso sí, que la mayor parte de su extensa obra esté a golpe de clic y formato pdf en cualquiera de las dos páginas, poesía y prosa, que he señalado más arriba, por lo que no descarto, a pesar de mis preferencias por el papel y mi aversión por la lectura sobre pantalla, dar buena cuenta de lo escrito por Álvarez sobre su vida; un poeta, un escritor, al que algunos ya aplican el tópico de que su mejor libro es, precisamente, su propia existencia.)
En un gesto, por vulgar, muy poco alvareciano, llevé el volumen conmigo de piscina en piscina a lo largo de varias jornadas del pasado, tórrido mes de julio. Tras la entretenida lectura, destacaré lo que esa interminable charla tiene de apasionada declaración de opiniones de un hombre que ha llevado el ejercicio de la libertad personal (de ahí el título) más lejos, a buen seguro, que la mayoría; un gesto, sí, que tal vez le haya pasado factura, de ahí que se considere preterido en el dudoso escalafón de las Letras Hispánicas. La mayor parte de las veces, preciso, uno no coincide con esas ideas, no tanto las literarias (donde la confluencia es mayor) como las de orden moral, contradicciones mediante. Las políticas, por ejemplo, donde no acaba uno de ver esa imagen de old whigs (viejo liberal) que, a su entender, le define, sino más bien la rancias concepciones de alguien que pasaría por reaccionario o, como diría aquél, por anarquista de derechas. Un declarado partidario de la norteamericana Confederación sureña, cuya bandera preside uno de sus escritorios. Un ser de gustos aristocrático (sin necesidad de título nobiliario, en el sentido de grupo o clase de elegidos), poco proclive, en suma, a la Democracia (él gusta de las mayúsculas). Un tic, supongo, de lo más borgeano: por lo que aquélla tiene de abuso de la Estadística. Alguien, en fin, que piensa que el triunfo de la Revolución Francesa, y su mal entendida idea de la Igualdad, está en el origen de buena parte de los males de la mediocre sociedad moderna. Con Franco y su época es también bastante complaciente (aunque al parecer luchara en su contra, del lado de su odiado Comunismo, única oposición ordenada al Régimen) y en cuanto a España, afirma tajante: "ser español es una desgracia". Exiliado a su manera, aunque con casa (Villa Gracia) en su Cartagena natal (una ciudad que admite detestar) y el Mar Menor (cuyos atardeceres sigue echando de menos), está convencido de que el verdadero poeta es un "apátrida".
En Villa Gracia, 2007
De su adorado Montaigne tomó el término "ondoyante" para referirse a la vida. Sí, la suya ha sido sinuosa, aunque siempre centrada en un eje: su absoluta dedicación al Arte y la Literatura, a la Poesía, "razón de mi vida".
En esencia mediterráneo (y clásico: Grecia y Roma), el ondulante itinerario de Álvarez, un hombre que ha vivido durante años en hoteles y que se declara a favor del otium, transita sobre todo por algunas ciudades: Venezia e Istambul (como él las escribe), Alejandría, París, Budapest, Nueva Orleans... Y por países (que son, a su vez, culturas): Japón, sobre todo, y Egipto, Túnez...
La curiosidad, siempre presente, como motor. Y la conciencia de la dignidad y de la derrota, dos sentimientos complementarios que tienen que ver con la grandeza perdida y con la lucidez.
El suicidio es uno de sus temas fundamentales. Como el amor y el erotismo, pongo por caso. Las mujeres (que no el Feminismo, una de sus bestias negras, como todo lo politically correct) están en el origen de no pocas de sus composiciones. Y ya que las menciono, bien está citar a algunos de sus autores de cabecera, a los que alude una y otra vez en sus conversaciones con Rodríguez: Sthendal, Borges, Hume, García Gómez, Brines, Kavafis, Cervantes, Onetti, Vargas Llosa, Montaigne, Gil de Biedma, Tucídides, Hölderlin, Rilke...
Si aterrizamos en lo más cercano, me han llamado la atención sus ataques a García Montero (al que califica de "especialmente repugnante") o a Martínez Sarrión (dos novísimo que fueron "uña y carne"). También que destaque nombres de poetas españoles actuales por el mero hecho de que son amigos suyos. Ya se ve que lo cosmopolita no siempre te libra del hispánico mal del amiguismo. Menciona Ardentísima, Fiesta Internacional de la Poesía que, organizado por él, se celebró en distintos lugares entre 1996 y 2006.
Tampoco sabía que fuera padre (de dos hijos) y lo menciono por las alusiones a sus matrimonios. También a su madre (persona central en su vocación y en su vida) y a su padre (del que habla con cierta displicencia: nunca llegaron a entenderse). Y a su abuela materna, otra persona primordial.
Sus estrechos vínculos con el hispanismo explican (al menos a mí y siquiera en parte) cómo ha podido mantenerse y viajar a lo largo de los años; hasta ahora, para uno, pobre poeta provinciano, un verdadero misterio.
En lo negativo, ideas personales al margen, señalaría el desorden de la charla, que salta de un asunto a otro sin ton ni son, por más que luego, en numerosas ocasiones, se vuelva sobre tal o cual tema ya tratado. Ese ir y volver resulta bastante molesto y podría haberse corregido con facilidad. Puede que la intención de los autores haya sido precisamente ésa: la de dar verosimilitud a la conversación.
Eso y la actitud, disculpable, de Alfredo Rodríguez, que no puede negar cuánto y cuánto admira la persona y la obra de José María Álvarez, su maestro y mentor, acaso un poeta ineludible, sí, en el panorama lírico español de entresiglos. 

Del Blog del poeta Álvaro Valverde
20 de Septiembre de 2015

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La pasión de la libertad en el blog La mirada ausente

domingo, 12 de julio de 2015

CONFIDENCIAS EN VOZ ALTA





   Alfredo Rodríguez (Pamplona, Navarra, 1969) es un ejemplo de joven poeta que viene demostrando una devoción digna del mayor encomio hacia quien considera su maestro: el vate de Cartagena, Murcia, José María Álvarez (1942), adscrito a la generación del 70 o de los novísimos, así bautizados por el antólogo catalán José María Castellet en su obra Nueve novísimos poetas españoles. El poeta navarro ha dedicado muchos años de su vida al cultivo de la amistad con el autor de Museo de cera, cuya obra conoce como pocos y a cuyo estudio ha dedicado sus mayores esfuerzos con un entusiasmo, un apasionamiento y una lealtad inquebrantables. Se publica ahora, en ediciones Ulises, del grupo de la editorial sevillana Renacimiento, el segundo volumen de sus conversaciones en París con el poeta novísimo, titulado La pasión de la libertad (Sevilla, 2015); obra que puede considerarse como continuación de aquel primer volumen de sus conversaciones que publicara también Renacimiento, Exiliado en el arte (Sevilla, 2013).
   El volumen en cuestión indaga de manera profunda en los motivos últimos de la vida y la obra de José María Álvarez, en su personalidad y en su pensamiento; y lo hace de forma tan amena como integral. Alfredo Rodríguez se mueve en este territorio como pez en el agua, con inteligencia y destreza, con sutileza y sabiduría, sin caer nunca en la erudición que pudiera resultar farragosa, al igual que el maestro en sus respuestas. El entrevistador no se detiene ante cuestiones que podemos llamar "sensibles" o que rayan en la intimidad del poeta, aunque en contadas ocasiones es el entrevistado quien pone las limitaciones ante el acoso al que se ve sometido por el entusiasmo, la pasión y un cierto exceso de "confianza" por parte del entrevistador al que, por otra parte, parece verse obligado este último. Resulta meridianamente diáfano que sin esa especial aproximación que existe entre maestro y discípulo, sin esa atmósfera de confianza que se establece entre ambos no hubiera sido posible el nivel de sinceridad y hondura que apreciamos en las respuestas del poeta novísimo entrevistado.

     Nos encontramos, pues, ante un volumen que ronda las 300 páginas y que resulta imprescindible para conocer las motivaciones últimas de la poesía de una personalidad lírica tan sugerente y atractiva como es la de José María Álvarez, para adentrarse en las lecturas sobre las que se asienta el acervo ideológico del maestro, saber de sus ciudades amadas, de las otras literaturas que le sirven de sustento, de sus opiniones políticas y sobre la situación de nuestro país, de la deriva hacia la que camina la humanidad, etc. El corte entre los capítulos que disponen el contenido de este volumen, responde más a necesidades estructurales que reales en el discurrir de la obra.
   Algo o mucho de heterodoxo se muestra en el poeta que responde a las preguntas incisivas de su entrevistador, algo o mucho de inconformismo, de decadentismo, de sentido aristocrático del arte, de dandismo, de rebeldía, de personalidad no acomodaticia, de distanciamiento crítico, de denuncia y puede que hasta de construcción de la propia leyenda de escritor, de personaje público; pues, a pesar de la sinceridad, el rigor y la valentía que se observa tanto en las preguntas como en las respuestas, el lector que afina no puede dejar de advertir cierta pose artística en ambos intervinientes, seguramente inevitable puesto que resulta difícil sobreponerse a la atmósfera creada entre ambos. En conclusión: una obra interesante y necesaria, cuya amenidad, versatilidad y viveza nos facilita el camino hacia la lectura íntegra del volumen.


                                                                             
 José Antonio Sáez Fernández
blog La mirada ausente 
12 de julio de 2015

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La pasión de la libertad en la Revista Encuentros de Lecturas

ENCUENTROS DE LECTURAS

 Equipaje de vacaciones


Alfredo Rodríguez.
La pasión de la libertad.
Nuevas conversaciones en París con José María Álvarez. 
Ediciones Ulises. Sevilla, 2015.
 
Vivir solo para celebrar la belleza se titula el capítulo central de los siete en los que Alfredo Rodríguez ha organizado La pasión de la libertad, el nuevo libro en el que se reúnen sus conversaciones con José María Álvarez. 
Tras Exiliado en el arte, que publicó Renacimiento hace dos años, esta segunda entrega, que aparece en Ediciones Ulises, profundiza en los temas, los libros, las concepciones estéticas y las actitudes éticas del autor de Museo de cera, que se podrían sintetizar en el título de ese capítulo. 
Vuelve a brillar en estas páginas la inteligencia polémica de José María Álvarez y la capacidad de Alfredo Rodríguez para indagar en lo más hondo de la vida y la obra de su maestro reconocido con un conocimiento de su poesía que hace de este volumen un libro indispensable para acercarse a un mundo literario tan peculiar como imprescindible.
La complicidad entre los dos interlocutores hace que esta obra vaya más allá de la mera reunión de conversaciones para convertirse en un análisis riguroso de los motivos y las claves literarias sobre las que se levantan los libros y los poemas de José María Álvarez.


Santos Domínguez
Revista Encuentros de Lecturas
30 de Junio de 2015

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La pasión de la libertad en Diario Solidaridad Digital


“La poesía actual escamotea la belleza ofreciendo en su lugar una palabra puramente comunicativa”

Alfredo Rodríguez, poeta

Esther Peñas / Madrid- 12/06/2015

'La pasión de la libertad’ (Ediciones Ulises) es el título de la segunda entrega de las conversaciones entre los poetas José María Álvarez (Cartagena, 1942) y Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969), esta vez surgidas en la ciudad invocada por Rick Blaine al final de ‘Casablanca’, París. Unos diálogos por momentos intensos, por instantes lúdicos, por renglones apasionados y esquivos. En cualquier caso, una nueva ocasión de adentrarse en la vida y obra de un poeta raro, que pespunta versos al margen de los cánones oficiales y oficiosos, de la mano de otro poeta extraño, arabesco y gemado. 

*

 1.     Siempre has considerado a José María tu mentor. ¿Qué tiene en común tu poesía con la de Álvarez?

Sí, bueno, me gusta más la palabra ‘maestro’. Creo que recoge mejor la esencia de todo lo que ha supuesto para mí la obra y la persona de José María Álvarez. Siempre digo que no creo haber sido poeta hasta después de haberle leído y, sobre todo, de haberle conocido en persona. En cuanto a nuestras poéticas —que hoy día yo creo que no tienen ya nada que ver o muy poco— siempre ha sido un orgullo que me consideraran un imitador suyo en mis primeros libros; porque he dejado siempre que lo mejor de su obra actúe sobre mí, pero he continuado mi camino. Su poesía, inevitablemente, ha contribuido a hacer de mi vida y de mi obra lo que mi vida y mi obra son hoy. Y su obra, claro está, tendrá siempre y en todo momento un sitio de privilegio entre los libros de mi biblioteca.

2.     ¿Por qué era necesario un segundo libro de conversaciones con el poeta?

Bueno, como suelo decir siempre, Álvarez no se acaba nunca… Podría hacer diez libros de conversaciones con él y no terminaría. Su obra, su vida… es inabarcable. Da para eso y mucho más. La verdad es que era necesario profundizar más, dar un paso más. De hecho estamos ultimando un tercer libro que cerraría la trilogía de París, con el título de ‘Nebleglanz’. Pero es que hace unos días, en Madrid, hasta hablábamos de un cuarto libro de conversaciones que tendría lugar en Venecia, ‘su Venezia’ con z.

3.     ‘Pasión de la libertad’. ¿Tiene más, Álvarez, de apasionado o de libre?

Álvarez es la persona más libre que yo haya conocido nunca. Nada le ata a nada que no sea la poesía —esa amante celosa, posesiva, como él dice—. La absoluta libertad de su escritura es una exquisita forma de resistencia cultural. Y puede reconocérsele su genio viéndole vivir, porque cada una de sus horas esta cargada de sentido. Vive en un continuo estado de creatividad, conversa con sus amigos o sus visitantes de una manera que ya se ha olvidado en nuestros días. En fin, cada uno de los momentos pasados en su compañía son una revelación.

4.     ¿Qué te llevas de este libro, qué has aprendido con él?

Bueno, a mí personalmente y como lector, las conversaciones con Álvarez me ‘alimentan’, una vez más, por largo tiempo. Su estilo intelectual, y eso puede verse en este libro, es fruto de un exquisito trato con la Literatura y el Arte. Te lo diré con una frase que aparece en el libro: “Carecer de ambiciones sociales y tener una profunda ambición cultural, ambición de saber”: esa es la mejor fórmula para vivir, según José María Álvarez.

5.     ¿Qué gana la charla cuando el interlocutor también es poeta?

Eso es fundamental. Eso me atrevería a decir que representa un hito, algo único, un proyecto que no tiene parangón en nuestra tradición literaria: una serie de libros de conversaciones entre dos poetas amigos, un maestro y un discípulo, y llevadas a cabo durante varios años. Es algo en lo que he insistido mucho: yo no soy un intelectual, ni un crítico literario, ni un periodista, ni siquiera lo que se suele llamar un estudioso de la obra del poeta. Soy un simple lector y un poeta, que busca aprender, saber más, alguien al que le queda aún mucho por leer, mucho por comprender. En este libro no se busca nunca el lucimiento del entrevistador. El poeta-entrevistador está en la sombra, pero no permanece neutro, indiferente, sino que toma partido, se moja, arriesga. Además queda siempre claro que es un poeta, un poeta que ama la obra del poeta-maestro, que tiene dudas, le han ido surgiendo a lo largo de los años muchas preguntas, muchas dudas sobre diferentes temas relacionados siempre con la vida o la obra de su maestro. Estos libros de conversaciones con Álvarez son o suponen una recopilación y puesta en escena de todas esas preguntas y dudas. Todo encaminado siempre a la mayor comprensión de su obra. Y el poeta-maestro es alguien cada vez más viejo, cada vez más sabio, alguien que cada vez está más allá de todo.

6.     ¿Qué tiene la figura poética de José María que lo distingue del resto de poetas contemporáneos?

José María Álvarez es, sin duda, uno de los más valiosos poetas de nuestro tiempo. Su poesía posee todo lo que distingue a la gran poesía: una lengua poética que es solo suya y que lo distingue con claridad en el seno de la poesía española contemporánea; un mundo lírico propio, es decir, un lenguaje poético singular; y una conciencia de la tradición (o más bien, del conjunto de las tradiciones), conciencia sin la cual no cabe la gran poesía. Y sobre todo, la suprema libertad del decir. Su poesía, su obra en general, abre caminos que otros jamás se atrevieron.

7.     Y, en cuanto a la faceta personal, ¿qué destacarías?

Posee una cultura impresionante, yo creo que es uno de los pocos poetas cultos de verdad que quedan en la poesía española actual. Y además una cultura estupendamente bien digerida, verdadera cultura, vivida, intensa. Álvarez pertenece a esa raza de poetas que han vivido siempre sus vidas enteramente dedicadas a la Literatura. Todo en él se vuelve literario. Y eso es magnífico. Su fabulosa apertura a la experiencia literaria y a las artes. Luego está su absoluto escepticismo, su estoicismo, su hedonismo, a veces hasta su nihilismo… Pero sobre todo, él no habla de nada que no conozca a la perfección, y sus palabras y sus ideas son tan apropiadas y ordenadas que no parecen llegar de improviso, sino después de un largo estudio. En fin, un hombre que ha mantenido siempre la fe en la palabra de la poesía. Y un buen amigo…, un maestro y un amigo.

8.     Que el autor desgrane su obra, ¿no la cercena, de algún modo, no la limita?

Bueno, él casi nunca habla de sus poemas. No le gusta explicarlos. Dice que la poesía no se explica, que simplemente ocurre, sucede, art happens que decía el pintor Whistler. Que todo debe quedar ahí, en el propio ‘mundo del poema’ —una especie de mundo paralelo, con vida propia—, en esa nebulosa incierta, en ese misterio inexplicable del poema. A pesar de que yo a veces insisto en mis preguntas, me pongo pesado con este o aquel otro poema y extraigo un leve resquicio, un hilo del que luego voy tirando.

9.     ¿Con qué poema te quedarías en este instante de José María?

Bueno, hay muchos. Su obra poética es inmensa, una auténtica suma poética de calidad. Hay un poema que a mí me gusta mucho recitar en privado y así lo he hecho más de una vez al final de reuniones y cenas con amigos, porque es un poema que yo entiendo que es un resumen perfecto de todo el mundo alvareziano, de lo que yo llamo ‘los territorios de Álvarez’, y en el que siempre encuentro algo nuevo en cada lectura y eso es algo que solo sucede con la buena poesía. Se titula ‘E la belleza de la baia di Taormina’, apareció en su libro El escudo de Aquiles, y dice así:

Llegarás a Taormina. Quizá tus pasos
revelen el cansancio.
O quizá es que al apagarse de ese día
lo comparas, y te entristeces,
con el de todo tu mundo.
Llegarás
a Taormina. Son caminos
que ya muchos pisaron
y alguno de ellos, maestro tuyo.
Y verás las ruinas del teatro,
y entre sus columnas muertas
el espejo del mar, la sagrada presencia
del Etna.
Descansa contemplando este paisaje.
La luz del movimiento del crepúsculo.
Aquí, esa grandeza que amas
nació, fue creciendo
como los olivos, el lentisco, las chumberas,
bajo los vientos de la mar,
al par de todo ello, en la claridad.
Aquí unos hombres
aseguraron con su dibujo
del mundo, ser ellos la medida
de todas las cosas. Y a esa medida levantaron
Arte y sabiduría,
leyes y placer.
Todo aquello de cuyas ruinas aún
tú te alimentas, todo aquello
que es la última instancia de tu alma.

Llegarás a Taormina,
y descansarás contemplando esa belleza.
Y ya ni siquiera la amarás.
Porque habrás comprendido.

10.  Una de las obsesiones de José María es el concepto de belleza. ¿Qué es para él la belleza, qué peso específico ocupa en su hacer poético?

Bueno, el concepto de Belleza en Álvarez es omnipotente, y eso es muy de agradecer en la lectura de toda su obra; hoy que se escamotea tanto la belleza, la palabra bella en poesía, ofreciendo en su lugar una palabra puramente comunicativa, estimando que así será mejor entendida, que resultará más al alcance de todo el mundo. Todo en un lenguaje de hoy, instrumental y banal. Álvarez lleva unas cuantas decenas de años ya escribiendo poesía, tratando de apresar ese trozo de vida —el poema como un pedazo de carne viva ensangrentada, como él diría—, de nombrar la belleza del mundo, de dejar traslucir toda esa hermosura, de donar siempre su vida a esta idea pura y sincera del Arte, sin concesiones al oportunismo, a la conveniencia ni al mercado; y consagrado únicamente a la búsqueda de la Belleza y a la celebración de esa Belleza.
  

Entrevista al poeta Alfredo Rodríguez
por Esther Peñas, Diario Solidaridad Digital
12 de Junio de 2015




 La pasión de la libertad, Ediciones Ulises 2015

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